Lunes, 06 de Abril 2020

Dan otra oportunidad a "hommies" deportados

Roberto Hernándezaprendió de su experiencia en pandillas, cárceles y centros de rehabilitación para fundar la asociación civil GDL SUR, donde se brinda ayuda para superar problemas de adicciones

Por: El Informador

En 2009, Roberto Hernández fundó la asociación civil Grupo Destino Libertad: Servicio Unidad Recuperación (GDL SUR). EL INFORMADOR/A. Camacho

En 2009, Roberto Hernández fundó la asociación civil Grupo Destino Libertad: Servicio Unidad Recuperación (GDL SUR). EL INFORMADOR/A. Camacho

En la colonia Tetlán, sobre la calle José Ramos, una pared con grafiti da la bienvenida a una “casa de vida” para hommies o pandilleros que llegaron a Jalisco luego de ser deportados por el Gobierno de Estados Unidos (EU) tras delinquir.

Hace 14 años, Roberto, consejero y director de la Asociación Civil Grupo Destino Libertad: Servicio Unidad Recuperación (GDL SUR), era uno de ellos. Llegó al país por robo y compraventa de drogas en Los Ángeles.

Su destino era el Estado de Guanajuato. Sin embargo, llegó a Guadalajara.

Comparte que vivió un par de años en las calles y enfrentó problemas de alcoholismo y drogadicción. Sin embargo, después ingresó a un centro de rehabilitación en donde lo insultaron y lo golpearon.

“Como me daban comida y un lugar donde dormir, yo creía que estaba suave”, cuenta.

Lo que enfrentó en ese lugar no se comparaba con lo que vivió desde los 10 años en las pandillas de Estados Unidos: en el anexo vio a amigos tan heridos que parecían muertos.

Un año y medio salió de allí y se decidió a ayudar a las personas que llegan a México desde la nación vecina, pero que enfrentan problemas con las drogas y no tienen familia que los apoye.

GDL SUR nació en 2010 como una “casa de vida” en la que permanece quien quiere.

“Aquí no los tenemos encerrados. Quien quiera quedarse a recibir la ayuda, que se quede, y quien no, está la puerta abierta”, expresa.

Llegar a ese sitio es abrevar de la cultura chicana, escuchar hip hop y observar autos clásicos. Los habitantes tienen tatuajes y visten playeras largas y pantalones holgados.

No existe ningún cobro para los que llegan. En el lugar se brinda rehabilitación, orientación psicológica y servicios médicos.

Uno de los objetivos es que la xenofobia que hay en la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG) hacia los deportados se reduzca. Por eso es común que Roberto asista a foros sobre migración en universidades.

En la “casa de vida” de la colonia Tetlán no se cobra a los integrantes. EL INFORMADOR/A. Camacho

De las pandillas a los tatuajes

Alexis Carrillo llegó a Guadalajara en marzo de 2009 tras ser deportado desde Estados Unidos.

En prisión le dijo a un compañero todo lo que haría en México.

“Todo lo que le platiqué lo hice. Dije que no regresaría a EU, que tendría mi propia tienda de tatuajes, un auto Lowrider, un Cadillac, una casa y otras cosas”, recuerda.

En la ciudad buscó gente que le consiguiera materiales para tatuar, oficio que aprendió en las calles y que lo ayudó a mantenerse alejado de los problemas que había en la cárcel.

En el Tianguis Cultural, que se instala los sábados en el Parque Agua Azul, encontró su primer trabajo como tatuador.

Ganó clientes y puso una tienda para atenderlos entre semana. Seis meses después su patrón le vendió el puesto y ahora todos los lugares donde tatúan en el tianguis son de él.

En 2011, Alexis conoció a Roberto, quien le contó sobre GDL SUR, en donde colabora.

“Me latió la idea por lo que hace y por la ayuda que les da sin querer nada a cambio”, explica.

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