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Sábado, 14 de Diciembre 2019
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Los abandonados

Por: Gabriela Aguilar

Los abandonados

Los abandonados

La semana pasada se escuchó el grito en las calles, la forma más contundente de confirmar que algo malo ocurrió cerca. Era el voceador de un “periódico” alarmista con los detalles del hallazgo de un cuerpo desmembrado. El gritón decía: “carnicería humana en la cuadra, lo encontraron en pedazos”. Nadie se inmutó, hasta cierto punto es “normal” que eso ocurra en calles de la colonia Lázaro Cárdenas, en Tonalá. Algunos incluso justificaron el hecho violento, pensaron que los criminales ya se habían tardado.

Hace unos meses me enteré de la muerte de una madre de familia de tan solo 36 años de edad, falleció a consecuencia de una sobredosis, en esa misma colonia tonalteca en donde intentó criar seis hijos de distintos padres, los tres mayores, Beto, “La Güera” y Yolis, iniciaron a los 13 años de edad vendiendo droga, desde marihuana hasta tíner. Hoy tienen 21, 19 y 18 años, y una de las jóvenes recién se convirtió en madre. Nada ha cambiado, siguen consumiendo y vendiendo estupefacientes porque están atrapados en una red de narcomenudeo que les exige cierta cantidad para que a su vez, ellos obtengan una ganancias, la cual utilizan en el consumo propio. Y así el círculo vicioso. La muerte de su mamá fue un motivo más para evadir el dolor de la ausencia y estar cerca de los narcóticos. Finalmente, se criaron como pudieron y sin ningún límite. Si alcanzan a dormir, se levantan con un solo objetivo en la mente: drogas. De los otros menores uno se lo llevó su papa, el otro sus abuelos y del otro nada se supo.

En las mismas calles fragmentadas como el misterioso cuerpo encontrado, caminan las niñas estrenando su adolescencia con hombres solos que les pagan de 50 a 100 pesos por abusar sexualmente de ellas. Ni siquiera eso llega a ser prostitución como lo definen los vecinos. Ahí, todos saben, observan y callan. Cómplices y testigos mudos de la violencia que se incuba sistemáticamente, de forma espontánea y cruel.

El miércoles pasado la Comisión Nacional de los Derechos Humanos dio a conocer los resultados del estudio “Niñas, niños y adolescentes víctimas del crimen organizado en México”, realizado por investigadores de la UNAM entre 2007 y 2017; en él se revela que se triplicaron los homicidios dolosos de menores y 30 mil perdieron a sus padres por la violencia. Más de cuatro millones de niñas y niños están fuera del sistema educativo y más de 600 mil en riesgo de dejarlo. Sí, por la inclusión a bandas delictivas, por la facilidad para dejar la escuela y convertirse en delincuentes.

Esos menores son un mundo a escala reducida, un microcosmos del que nadie se hace cargo, al que la tristeza y resignación acompañan sin saber del mezquino entorno político que a diario se teje.

Existen en el discurso, cada que se nombra al dañado tejido social. Infaltable, como la autodestrucción natural de esos menores abandonados por todos.
 

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