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Miércoles, 16 de Octubre 2019
Jalisco | Más de 50 años de experiencia como tragahumo

Servir a la gente, pasión que mueve a la familia López Sahagún

El mayor Trinidad López Rivas habla de cómo llegó a su puesto tras 53 años como bombero

Por: EL INFORMADOR

Pese a los obstáculos en su profesión, el mayor Trinidad (centro) posa con sus dos hijos bomberos Felipe (izquierda) y Héctor (derecha) ESPECIAL /

Pese a los obstáculos en su profesión, el mayor Trinidad (centro) posa con sus dos hijos bomberos Felipe (izquierda) y Héctor (derecha) ESPECIAL /

GUADALAJARA, JALISCO (06/SEP/2014).- Ser bombero es en esencia servir al extraño y recibir como recompensa el preservar vidas que devuelven miradas anónimas de gratitud. Son pocas las personas así, y es menos probable hallar una familia de bomberos como la del mayor de Jalisco, Trinidad López Rivas, quien, pese a que trató de evitar que sus vástagos se internaran en esta riesgosa vocación, falló y ahora tiene dos hijos que tratan de seguir sus pasos.

Fue la curiosidad de Trinidad la que provocó que se dedicara a este oficio desde el 1 de junio de 1961. En aquel entonces en Jalisco sólo había bomberos en Guadalajara, por lo que llegó desde Ocotlán para experimentar el oficio por cuatro meses.

Sin embargo, las experiencias terminaron por atraparlo: “Cada día vas viendo la importancia de atender una emergencia. (…) el fondo del asunto es que se va sintiendo un interés mayor por servir”.

Y para servir como lo hacen deben poner en riesgo sus vidas. El mayor recuerda cuando sofocaron un incendio en el 71 en una juguetería del Centro: “Su servidor y cinco bomberos más logramos escapar de la muerte gracias a que alguien nos habló, que nos saliéramos. Estaba en el sótano con los otros compañeros. Salimos, crucé la calle y le pedí a mi jefe regresar para combatir el fuego en el sótano”. Su jefe le ordenó esperar, sin embargo, el inmueble se desplomó.

También atendió un incendio en una tienda departamental el 19 de noviembre de 1981. En ese hecho lograron salvar a más de cien personas gracias a que ordenó la evacuación cuando detectó una falla en el quinto piso.

“Sacamos a toda la gente, no se quedó una sola persona, y el edificio se desplomó en los próximos 40, 50 minutos. Esa fue una gran satisfacción que pudimos salvarnos y salvar muchas vidas”.

Esa vida entre llamas llegó hasta su hogar, no porque se quemara, sino porque las noticias y comentarios llamaron la atención de sus hijos, tres de los cuales se interesaron en la profesión de su padre.

“Seguramente les nació ser bombero. Yo puedo decir que prácticamente les prohibí que fueran bomberos, yo no los invité, al contrario, siempre los encaminé hacia el estudio, porque en el trabajo de bombero hay grandes satisfacciones pero también momentos amargos, yo no quería eso para mis hijos”.

Admiración convertida en satisfacción

Héctor López Sahagún es uno de los dos hijos del mayor que permanecen en el oficio de tres que se dedicaron a la misma labor, esto por la admiración y respeto hacia su padre, aseguró. Héctor fue uno de los desobedientes ya que Trinidad no lo persuadió de abandonar su idea.

“Le dije que me gustaría ser bombero y me dijo que era muy riesgoso, que por ejemplo en los rescates en la barranca me podría picar un alacrán, lo tengo muy presente porque yo tenía unos ocho, nueve años. Él de alguna forma no quería que nos dedicáramos a esto”, mencionó Héctor.

Desde que ingresó a Bomberos Guadalajara, el 10 de agosto de 1985, ha sumado satisfacciones al ayudar a las personas que lo necesitan: “Siempre sabes que llegas y alivias un poquito el dolor de una persona o evitas que tenga un daño mayor”.

El servicio que lo marcó por su dificultad fue un incendio en el Condominio Guadalajara: “Se quemó en los últimos niveles. No recuerdo exactamente la fecha, pero fue a finales de los ochenta. Me ayudó a decidir que me dedicara a esto”.

Imitaron el trabajo de su padre

Felipe López ingresó al cuerpo de bomberos el 16 de febrero de 2004 pese a que su padre no quería, tampoco consideró las repercusiones que esa decisión podría tráele: “Ver el ejemplo de mi padre. Desde niño lo veía salir de la casa a los servicios, cosa que me daba tristeza, que a veces acababa de llegar a la casa a descansar a las once, doce de la noche, se bañaba y se iba a acostar cuando le volvían a hablar y volvía a salir, yo no lo entendía”.

Lo comprendió tras las explosiones del 22 de abril de 1994, cuando se decidió finalmente por servir al prójimo, a pesar de haber visto cómo sus compañeros sacrificaban sus vidas. Para Felipe es una profesión riesgosa y que requiere de la comprensión de la familia.

“Al momento de entrar a Bomberos entendí lo que uno gana: el salvar una vida, el ayudar a los demás, la gente no sabe que es Felipe, que es Juan, que es Trino, que es Pedro, la gente ve que son los bomberos. Ese es el mayor agradecimiento, la mayor satisfacción, el saber que un día pudimos ayudar a salvar la vida de una persona”.

La recompensa compensa un poco los muchos sacrificios, aseguró Felipe, sacrificios que se comparten con la pareja, con las hijas y con su madre: “Se requiere de una atención especial para ellas y para sus hijos porque las dejamos mucho tiempo sin el padre, sin el hijo o sin el hermano. (…) La gente dice que mi padre tiene 53 años de servicio, muchas veces le agradece por dedicarle 53 años de su vida a la ciudadanía”.

A pesar de esto, Felipe considera que esos 53 de ausencia paternal fueron compensados por su madre: “Si somos nosotros lo que somos fue por el ejemplo de mi madre”.

FRASE

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Cada día vas viendo la importancia de atender una emergencia. (…) el fondo del asunto es que se va sintiendo un interés mayor por servir "

Mayor Trinidad López Rivas,
director general de la Unidad Estatal de Protección Civil y Bomberos.

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