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Sábado, 19 de Octubre 2019
Jalisco | Por: Juan Palomar Verea

Razones para la levedad

LA CIUDAD Y LOS DÍAS 12 DE JUNIO 2009

Por: EL INFORMADOR

La ciudad es con frecuencia espesa, áspera al trato, amarga y atravesada. Pero otras veces no. En ocasiones el barullo de la confusión, el rumor de la desavenencia, la dificultad y la estrechez forman una nata que parece nublar el tránsito de Guadalajara hacia un mejor destino. Afortunadamente una ya larga historia, vuelta ciudad tangible e inmediata, está allí para poner las cosas en perspectiva y proporción.

Quien se detiene en el estudio del devenir de la urbe conoce las invariables complicaciones y predicamentos que Guadalajara ha tenido que atravesar para llegar a ser lo que es: la casa grande de más de cuatro millones de habitantes.

Una casa con frecuencia insuficiente, dura, injusta para muchos. Pero una casa que nos sigue albergando, a pesar de los pesares y en donde la vida fluye, las ocupaciones y los trabajos transcurren, cierta normalidad tranquilizante prevalece, cosas se hacen. Algunas mejoran.

Es conocido el hecho de que para los primeros habitantes de la ciudad fue gravosa y dilatada la construcción del "xacal grande", o sea de la catedral. Refieren las crónicas la escasa disposición para la ayuda correspondiente por parte de la población. La catedral se construyó. Los esfuerzos y trabajos para la introducción del agua fueron también complicados. Se contó con el agua. (Y en los próximos años, con la mejor solución que entre todos encontremos, se seguirá contando con ella.) Urbanizar y dotar de servicios a la siempre creciente mancha citadina, enmedio de un explosivo crecimiento, y con escasez de recursos, ha sido una tarea muy compleja. Se ha venido avanzando en ello.

Tener una visión de la cuenta larga de la historia puede contribuir a la serenidad, al equilibrio, incluso a la levedad. Una levedad no exenta de reflexión o de preocupación activa, pero que permite no emborucarse con las disputas del día, con las descalificaciones mal informadas, o con el fácil desánimo. Una levedad que Calvino recomendaba, y que pareciera estar cercana del sentido de la realidad al que tanto contribuye el sentido –al fin- del humor. No hay que confundirse: el destino de la ciudad es algo grave y serio. Pero es un destino que puede abordarse también, con mayor lucidez, con ayuda de esa útil levedad.

La sangre de chinche es mal ingrediente para la construcción de cualquier cosa. No tiene que ver con el entusiasta discurrir cotidiano de tantos barrios que, a pesar de los pesares, siguen siendo entornos propicios a la vida comunitaria. Ni con las tantas colonias que poco a poco, y gracias al esfuerzo de su gente, se han ido volviendo barrios –en el sentido de constituir contextos humanos y físicos integrados y razonables.

Levemente, por muchísimas partes de la ciudad, los árboles crecen, los servicios funcionan, los habitantes mejoran sus casas, la gente se ocupa de sus asuntos, se interesa en los temas públicos y en el futbol, come tortas ahogadas en las esquinas, halla tiempo y humor para la convivencia y el ocio.

La discusión de lo que debiera ser el futuro de la ciudad pasa –debiera pasar- por la consideración y la ponderación de lo que por muchos años se ha logrado, por lo que ahora se está consolidando, por lo que, con lucidez, buen ánimo, compromiso, se podrá lograr.

jpalomar@informador.com.mx

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