Domingo, 19 de Enero 2020
Jalisco | Las indígenas wixárika (huicholes) que viven en el poblado de Bancos de San Hipólito no tienen otro ingreso

Mujeres defienden sus tierras elaborando pan

Hace poco más de dos años, una uruguaya les enseñó a hacer pan

Por: EL INFORMADOR

GUADALAJARA, JALISCO.-  Según sus cálculos, tendrá unos 50 o tal vez 59 años. “Pos no me acuerdo, no tengo mi registro, ni mi credencial… nada”, dice doña Juliana Carrillo entre dientes, entre risillas, con la mirada baja y asomada detrás del paliacate rosa que le cubre la cabeza y que utiliza para ocultar su timidez y su aspecto de más de 60 años.

No tiene memoria de cuándo nació en Bancos de San Hipólito (El Mezquital, Durango), pero desde que tiene memoria su comunidad defiende su territorio,  que la Secretaría de la Reforma Agraria (SRA) mutiló de San Andrés Cohamiata (Mezquitic, Jalisco) en 1968.

Además del maíz de cinco colores (amarillo, blanco, negro, pinto y rosa), la calabaza y el frijol que cultivan en sus coamiles (parcelas) para el autoconsumo, los más de 450 indígenas wixárika (huicholes) que viven en el poblado también conocido como Bancos de Calitique no tienen otros ingresos.

Con este panorama, hace poco más de dos años, un grupo de mujeres imaginó que podían hacer pan dulce. Con cinco kilos de harina, una uruguaya les enseñó el camino. Amasaron y amasaron hasta que aprendieron. Con los tres kilos sobrantes comenzaron el proyecto de la panadería Parewiya (en español es similar al trabajo comunitario), a través de la cual aportan “aunque sea poquito” para que las autoridades agrarias autónomas peleen jurídicamente el reconocimiento de la posesión de 10 mil 720 hectáreas que en 1981 la Secretaría de la Reforma Agraria (SRA) anexó al ejido de San Lucas de Jalpa (El Mezquital, Durango) “con el cual nunca han guardado un estado comunal”, puesto que las culturas son opuestas (EL INFORMADOR 19-05-09).

Cuando la luna enseña su rostro, doña Juliana espera sentada dentro de su negocio, iluminada por la luz color miel que emana de una vela y envuelta en el perfume algodonoso de  las  conchas, los puerquitos y otras variedades recién horneadas. Justo enfrente, con una inversión mayor a tres kilos de harina -430 mil pesos-, está un Centro Comunitario de Aprendizaje con unas 10  computadoras que inauguró el ex presidente Vicente Fox al final de su gestión y que nadie ha podido estrenar porque la luz todavía no llega a Bancos de San Hipólito.

- ¿Cómo se animó a tener la panadería? “A mí me dijeron que nos animáramos a hacer pan p’ ayudar con la tierra, es por lo que estamos peleando y los de la comunidad nos piden dinero y aunque sea algo les damos, porque antes no podíamos trabajar para dar dinero a la gente”, cuenta la mujer con un hilo de voz tan tenue como la luz de la vela.

- ¿Cómo le enseñaron a hacer pan? “Pongo harina, agua, levadura, azúcar y luego a amasar, y a nosotros no nos dieron dinero, pura harina, así empezamos a trabajar. Éramos muchas mujeres pero ya salieron muchas, quién sabe, no les gustó porque no estamos ganando… bueno sí, ora sí nos queda poquito”.

- ¿Para qué le alcanza con los centavos que gana? “Aunque sea un jamón, aunque sea…”, cuenta Juliana convencida de que esto es un lujo.

-¿Qué hacía antes
? “Me iba a sembrar, maíz y calabaza y frijol”. 

Juliana Carrillo arma frases cortas, traviesas, pintadas de la fonética de su lengua materna (wixárika), porque el español lo aprendió de pura oída. Viste tradicionalmente como todas las mujeres de Bancos, con falda, blusa y pañuelo en la cabeza de colores contrastantes, aunque ella no usa joyas de chaquira. 

Cuando se le pregunta de los invasores mestizos que viven en los alrededores, la expresión le cambia, arruga la frente y le sale un quejido profundo con movimientos de brazos: “Uiii, si viera, nos molestan todo el tiempo. Dejan sueltas las vacas para que se coman nuestro zacate y destruyan nuestro maíz. No nos queda nada”. 

Alguna gente recuerda el racismo que hace unos años llegó a su punto máximo, cuando los de San Lucas se iba en caballo a agarrar “indios” con un lazo. Esto no lo olvidan. Por esta situación conflictiva, la SRA tiene catalogado este conflicto agrario como uno de los “focos rojos” del país e incluso la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y los relatores de Pueblos Indígenas y de la Vivienda Digna de las Organización de las Naciones Unidas se han pronunciado para que el estado mexicano reconozca a los huicholes el territorio ancestral del que poseen títulos virreinales que datan de 1720.

Para Maurilio Ramírez, comisariado autónomo de bienes comunales (aunque la ley no les permite esta figura ya que pertenecen a San Lucas, los indígenas decidieron nombrar a sus propias autoridades desde hace ocho años), las mujeres son parte de la fortaleza de “esta lucha social, porque ponen toda la voluntad para ayudarnos. Para nosotros son muy respetadas”, dice en la sierra que geográficamente parece un “banco” tradicional de la cultura huichola (de ahí el nombre del poblado, asentado en lo que sería el “asiento” del banco).

La panadería funciona con dos equipos. Cada ronda dura dos meses. La siguiente está encabezada por Guadalupe, un poco más joven que doña Juliana. Primero tarda en platicar porque “la verdad es que no sé hablar muy bien…”, pero al final se anima porque esto de la panadería sí le costó trabajo y le ha cambiado la vida. 
 
“Era muy trabajoso porque íbamos casa por casa. Ahora ya no es tan pesado. Gritábamos que si no querían pan, que si no nos compran pan, casa por casa y ya como a las 11 de la noche terminábamos… Pero fíjate que ahora ya me da vergüenza gritar por ahí, porque ya tengo el puesto de sentarme aquí nomás, ey, entonces por eso”, relata la indígena, orgullosa porque ya venden hasta 120 panes diarios a 2.50 pesos, que les alcanza para aportar a la comunidad y les sobra otro tantito para su hogar. “Con los centavos ya podemos para comprar jabón, sí, y para ayudar a los compañeros en sus viajes, que necesitan apoyo”.

El único problema es que “no sé muy bien escribir, ni sé hablar muy bien español, malamente, y pues a veces no nos sale bien el dinero por falta de eso; Juliana también está viejita y la otra también: a todas nos gustaría leer”, confiesa reflexiva.

La panadería sigue amasando el camino. La lucha agraria, también. El fin de semana pasado, las autoridades wixaritari de cuatro comunidades de Jalisco y Durango tuvieron la sexta asamblea regional hacia la construcción del proyecto autónomo wixárika de desarrollo, en la cual se pronunciaron para que la SRA resuelva este “foco rojo”.

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