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Sábado, 19 de Enero 2019
Jalisco | Varios comerciantes se quejan de no poder vender libremente sus artículos

La importancia de traer un gafete el Día del Grito

Varios comerciantes se quejan de no poder vender libremente sus artículos

Por: EL INFORMADOR

Varias vialidades del Centro de Guadalajara fueron cerradas a la circulación. EL INFORMADOR A. Hernández.  /

Varias vialidades del Centro de Guadalajara fueron cerradas a la circulación. EL INFORMADOR A. Hernández. /

GUADALAJARA, JALISCO (15/SEP/2014).- Mientras una hilera de diablitos, carros de comida y vendedores traspone el ingreso de proveedores ubicados en Independencia y Pino Suárez, José Manuel jala su carrito con lentitud de quelonio, en dirección contraria a la de la mórbida y acalorada procesión.

José Manuel es un joven de 18 años que llegó a Guadalajara desde Toluca para vender banderas, trompetas, sombreros y todas esas cosas que se venden en las Fiestas Patrias.

Pero como no tiene un gafete que lo acredite como comerciante autorizado, los inspectores no lo dejan pasar a Plaza de la Liberación, nuestra plaza mayor, decana de las plazas del universo tapatío que además de ser política, museística y subversiva, también es sumamente comercial y patriotera.

Al salir de la fila de ingreso, José Manuel experimenta, por así decirlo, el mito de Sísifo a la mexicana. Sísifo fue condenado por los dioses a cargar con una pesada roca hasta la cima de un monte. Una vez que llegaba, la roca se le escapaba de las manos y rodaba hasta el fondo del valle. Sísifo tenía que empezar de nuevo, una y otra vez, como José Manuel.

Pero el toluqueño no empuja una piedra, sino un carrito tricolor.

En su camino, José Manuel se topa con la crueldad burocrática, la indiferencia policiaca y la falta de solidaridad tapatía.

Al cruzar Liceo, en la única banqueta que las vallas negras dejaron libre, el carrito se atora entre un bote de basura y un escalón de los portales que están frente a la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres. José Manuel pide ayuda a un policía estatal que está parado frente a la estatua de Clemente Aguirre:  

 --Oye, carnal, ¿me das chance de pasar por aquí? Es que no quepo y tengo que llegar a Plaza...

 --Qué pasó, igualado, cómo que carnal. Se dice oficial. Y se habla de usted.

Luego de 10 minutos de estar atorado, José Manuel logra pasar. En el lento trajinar tiemblan los bigotes postizos, las trompetas, los tambores, las banderas, los aretes, las pequeñas guitarras.

En 16 de Septiembre e Independencia habla con un policía municipal. Le dice que pagó y le enseña el permiso.

 --Busca a uno de reglamentos. Yo no tengo órdenes de nada. Aquí me estás estorbando. Retírate, retírate, me estás estorbando --le responde el policía.

Anahí Dionisio se une a la desesperación de José Manuel. Ella forma parte del grupo de comerciantes que arribó desde hace una semana a Guadalajara con el objetivo de vender objetos alusivos al Día del Grito. Anahí explica que les ha ido mal. Cuenta que hoy estuvieron parados desde las siete de la mañana y a la una de la tarde siguen pastoreando su mercancía.

Desesperado y sin respuestas, José Manuel regresa al punto en el que comenzó su cruzada. Se acerca a una de las vallas negras y habla con un inspector. El inspector le dice que tiene que hablar con Carlos, el mero mero, mejor conocido como el "Diego Verdaguer".

José Manuel no es el dueño del carrito que jala.  Su sueldo diario por trabajar de ocho de la mañana a nueve de la noche es de 100 pesos. Dice que si no lo dejan trabajar no sabe qué hará.

A Miguel Ángel, uno de sus compañeros, un inspector le dijo que podía acomodarse en Pedro Moreno o en Morelos, pero lejos de las vallas.

Anahí se resigna y se sienta afuera de la Librería del Congreso del Estado. Allí se pregunta por qué la mitad de sus compañeros, que no tenían un gafete, sí lograron pasar el filtro. "La Cheli se pone ahí por donde estoy yo y a ella sí la dejaron entrar".

Anahí cuenta que antes del 20 de agosto tramitaron los permisos. Querían tenerlos el 28 para trabajar más días. Pero las autoridades se los dieron el 4 de septiembre. Acalorada y con hambre recuerda el Estado de México. Piensa en la tranquilidad de su casa y en el clima: ni mucho calor, ni mucho frío.

Pero de pronto la interrumpe una joven. Le dice que el "Babas", el Manuel y el Rafael ya están acomodados. "Pero no hay gente. Muchos piensan que va a llover". Miguel Ángel regresa, toma el carrito y les dice que se acomoden por fuera. Necesitan sacar dinero, aunque sea para recuperar la inversión y echarse un taco.

EL INFORMADOR / GONZALO JÁUREGUI

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