Viernes, 17 de Enero 2020
Jalisco | Necesaria ciudad solidaria

LA CIUDAD Y LOS DÍAS

Por Juan Palomar Verea

Por: EL INFORMADOR

Acostumbrados desde siempre a vivir en un entorno netamente urbano, es usual que la mayoría de sus habitantes tomen a la ciudad como un hecho consumado. Una serie de variables y de datos, una acumulación de construcciones e infraestructuras, una suma de instalaciones y señales, hitos o anuncios, que conforman una realidad dada, automáticamente puesta a disposición, para mejor o peor fortuna, de sus usuarios.

Esta lectura de la ciudad tiende a distanciar, a enajenar, al habitante del medio en que se desenvuelve. Así, se experimenta pasivamente, o con mínimas muestras de receptividad, lo que en el ámbito citadino acontece. La escala de la ciudad, la dificultad de su comprensión por cada individuo, colaboran a este fenómeno.

Nuestro país pasó por una larga historia de autoritarismo e imposiciones en todos los órdenes. Las grandes determinaciones urbanas eran tomadas unilateralmente por las cúpulas del poder. El destino, la conformación, el rumbo de las urbes eran decididos de acuerdo, generalmente, a intereses políticos o inmobiliarios. Esta larga tradición de ausencia de participación ciudadana plena en las decisiones contribuyó aún más a que los hechos urbanos simplemente "sucedieran" sin mayor conexión con la gente.

Hubo, ciertamente, resquicios, excepciones, matices. En Guadalajara destaca el caso del Consejo de Colaboración Municipal que supo funcionar, durante décadas, sumando las voluntades de los habitantes de las zonas en donde desplegó una amplia actividad en el desarrollo de infraestructuras y diversas obras. En 1993 fue expedida la Ley de Desarrollo Urbano del Estado de Jalisco –recientemente sustituida por el Código Urbano- que incluyó de manera orgánica y puntual las consultas ciudadanas; también se instituyó un organismo clave: la Procuraduría de Desarrollo Urbano.

Gradualmente los habitantes han ido tomando conciencia de la importancia primordial de involucrarse en las decisiones que a todos los ciudadanos conciernen. El contexto político ha evolucionado y es ahora mucho más fluido el acceso a la información por quien así lo requiera; el debate y la interpelación, el disentimiento y la oposición a ciertas medidas son ahora moneda de curso. Con todos sus asegunes, con todo el camino que falta por recorrer, es posible ahora avanzar cada vez más en la democratización de la vida urbana.

Existe, sin embargo, un elemento clave para la construcción de la ciudad deseable y posible: la solidaridad de los habitantes con su ciudad. Un principio básico que acepta el principio esencial de la aceptación del bien común sobre el interés particular. Una solidaridad informada, crítica, atenta. Que se base en el discernimiento, en el conocimiento real de las problemáticas –a menudo complejas- sobre las que es preciso actuar, optar, tomar decisiones. Sin esa solidaridad, que parte de la conciencia de que la ciudad es producto de múltiples visiones, de muy diversas historias, factores, circunstancias, el ánimo de la ciudad deriva hacia el conformismo o hacia la fácil descalificación: ambas cosas conducen a una parálisis que mucho perjudica la necesaria búsqueda de una mejor ciudad.


jpalomar@informador.com.mx

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