Jueves, 23 de Enero 2020
Jalisco | El silencio es el principal código que utilizan los comerciantes del mercado popularmente nombrado San Juan de Dios

Incontrolable, venta de productos “pirata” en el Mercado Libertad

Píldoras abortivas o estimulantes que requieren receta médica, discos compactos de música, entre otros, se venden con la tolerancia del Ayuntamiento tapatío

Por: EL INFORMADOR

GUADALAJARA, JALISCO.- “¿De dónde llega la mercancía?, ¿cuántos locales forman parte de este negocio?, ¿quién es el propietario de estos comercios?”, son las preguntas que algunos de los 30 mil usuarios que diariamente visitan el Mercado Libertad  quisieran responderse, pero no pueden hacerlo.

Y es que el silencio es el principal código que utilizan los comerciantes del mercado popularmente nombrado San Juan de Dios, como un escudo a los posibles intentos de allanar, por lo menos de manera hablada, la forma de operación y el transitar diario de uno de los espacios más significativos de la ciudad de Guadalajara.

No es para menos, al ser éste una de las consignas pendientes en la agenda gubernamental, por lo menos durante  las últimas administraciones,  para ser rehabilitado.

La libertad de mercado tiene un sentido tácito que supera  los intentos del Poder Judicial en el ámbito federal, por regular la venta de productos que en el mejor de los casos, forman parte del mosaico de mercancía “pirata” que es traficada de manera ordinaria en cualquier tianguis del país; en el peor de ellos, es la concatenación de todo un engranaje de actividades ilícitas que aterrizan en las manos de un consumidor, quizás un niño, por unos cuantos pesos.

Desde píldoras abortivas o estimulantes que requieren receta médica para ser vendidos, hasta códigos para “hackear” claves de teléfonos celulares; también videos que son ofrecidos por tan sólo 30 pesos  y que muestran imágenes de brutalidad cometida por violaciones reales, peleas callejeras entre niños, o pornografía obtenida de lentes ocultas en hoteles de “Cancún, Ciudad de México, Tijuana, o de la propia Calzada Independencia”; todo esto y más... se trafica en San Juan de Dios.

“Que te importa carnal”, es la respuesta más cordial con que puede tropezarse cualquier curioso en las entrañas de un mercado, que paradójicamente, se erigió como una de las expresiones más osadas de la arquitectura de la década de los años cincuenta.

Aunque en esa zona existe desde 1888 un Mercado Libertad, fue hasta el 30 de diciembre de 1958, tras 27 años de edificación, cuando por obra del arquitecto Alejandro Zohn se inauguró el moderno inmueble, reconocido además por ser uno de los más grandes del país, con un área casi en su totalidad techada,  de cuatro mil 500 metros cuadrados.  Desde su origen, se concibió que San Juan de Dios ofreciera a sus visitantes vienes de consumo propio y representativo de la región.

De este modo, el primer nivel tiene una sección donde se encuentran toda clase de comestibles y dulces típicos, así como la zona de artesanías. En el segundo,  hay fondas  y pequeños restaurantes, con variados platillos típicos. Una excepción de reciente creación es el tercer nivel, en donde se venden artículos de importación como ropa, productos electrónicos, música, películas, equipos de cómputo, latas para graffiti, calzado y piratería en general.

Y aunque el mercado condensa una cantidad total de dos mil 600 locales que trabajan 49 distintos giros comerciales –de acuerdo con información oficial–,  los propietarios, aseguran algunos trabajadores que rompieron la regla y hablaron del tema, “son contados”.

Mucho dinero en pocas manos


Es creíble si se acude a San Juan de Dios cualquier día por la mañana, antes de las 10:00 horas, “el regente acomoda a los trabajadores en los puestos”, afirma un empleado vendedor de tenis en el tercer nivel,  y quien refiere que tan sólo “el señor López” cuenta con más de 20 locales, todos de este giro de productos. Su bodega, afirma, ocupa una gran área en el último piso del estacionamiento del Mercado Libertad.

“Joaquín” trabaja con alguien que tiene cinco locales de  tenis “Converse”, y estima que el patrón “debe llevarse ya pagándole al trabajador, 10 mil pesos libres al día”.  En estos casos, la procedencia de la mercancía, afirma, es lícita; sin embargo la Dirección de Padrón y Licencias del Ayuntamiento de Guadalajara reconoce que el acaparamiento de comercios por parte de un solo propietario va contra la normativa municipal.

De  los precios de los productos, es el patrón quien los propone, y el vendedor quien dispone. “Nada más es cosa de meterle gol (el excedente que gana el empleado con la mercancía), y la neta al dueño no le importa, con que le des lo que fija por producto es suficiente. Entre los compañeros nos organizamos pa’ ver a cuánto damos cada cosa, y si alguien le baja a su producto se le manifiesta, obvio que si trabajas para alguien que tiene muchos locales, pues no te pueden decir nada”.

Lugar impenetrable

La “piratería” es “otra cosa”. El diálogo con los entrevistados, sencillamente se opaca. No es para menos, si se evoca los dos operativos emprendidos por la Policía Federal Preventiva (PFP); uno, durante la pasada administración municipal en Guadalajara de Emilio González Márquez, en julio de 2005; y el otro, como gobernador del Estado de Jalisco, más reciente, en octubre de 2008. En ambos, las autoridades no allanaron el mercado sin antes enfrentarse con comerciantes organizados y armados con palos, piedras y botellas. También en ambos, la tarea de confiscar mercancía “pirata” se considera por la población como fallida.

“La neta, todos vemos la ‘piratería’, hasta el gobierno, y se hacen de la vista gorda. Ahí se mueve mucho dinero, ¿has visto algún policía meterse al mercado?”.

Es cierto, las autoridades municipales, contrario a la multitud de tianguis de la ciudad, no vigilan el mercado. Éste parece regirse a sí mismo. Si se realizara una tarea de escrutinio a todos los locales  que permanecen cerrados en San Juan de Dios, los entrevistados afirman que éstos en su totalidad albergarían “piratería” o máquinas para fabricarla.

El reforzamiento


Ni siquiera los intentos reforzar estructuralmente el mercado, recuerda un vendedor de guaraches en la planta baja, han permitido a las autoridades acceder al mismo, y realizar una ordenación que requeriría, asevera, “hacer una limpia de todo lo que no sirve”.

Por lo pronto, 30 mil usuarios que visitan diariamente el mercado, provenientes de todo el Estado y el país, también del extranjero, son testigos, varios cómplices, de un patrimonio que hasta el momento se le ha escabullido de las manos a las autoridades.  

En el tercer piso es donde se vende la mayoría de productos “pirata”.

Cuando Emilio González fue alcalde de Guadalajara pretendió regularizar la actividad comercial; sin embargo, los vendedores ganaron y continúan vendiendo productos apócrifos.

Los estrenos de películas, incluso antes de que se proyecten en el cine, es una de las ventas fuertes en el inmueble.

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