Jueves, 13 de Mayo 2021
Jalisco | El secretario general de Gobierno asegura que todavía no hay una partida

El Estado evalúa declaratoria de emergencia en Tonalá

El secretario general de Gobierno asegura que todavía no hay una partida, pero que se apoyará a los afectados

Por: EL INFORMADOR

Una familia limpia su casa y pertenencias tras las afectaciones por aguas negras que sufrieron la noche del sábado pasado. A. CAMACHO.  /

Una familia limpia su casa y pertenencias tras las afectaciones por aguas negras que sufrieron la noche del sábado pasado. A. CAMACHO. /

TONALÁ, JALISCO (12/JUL/2011).- La tromba que se registró el pasado sábado y que dejó afectaciones considerables en el municipio de Tonalá, no amerita una declaratoria de emergencia, afirmó el secretario general de Gobierno, Fernando Antonio Guzmán Pérez Peláez, quien señala que aún se contabilizan los daños que el fenómeno natural dejó en el municipio.

“Se está haciendo la valoración para esto de la afectación de menaje, aquí dependiendo de lo que se encuentre en las siguientes horas. Se dará el apoyo correspondiente, no estamos en una situación de emergencia”, indicó que por ello aún no hay una partida que se destine al municipio de Tonalá.

El funcionario estatal detalla que hasta el momento se tiene contabilizada una vivienda inundada con un registro de metro y medio de altura, y 150 casas donde el agua alcanzó los 25 centímetros.

Contrario a ello, el presidente municipal de Tonalá, Juan Antonio Mateos Nuño, quien el pasado domingo entregó la documentación al Gobierno del Estado para que se apoye con recursos del Fondo Estatal de Desastres Naturales (Foeden) a los damnificados, pidió al Ejecutivo Estatal no hacer distinción entre los municipios, esto al conocer lo declarado por Fernando Guzmán.

Al mismo tiempo, le hizo la invitación al secretario general de Gobierno, para que de la misma manera que asistió a Tlajomulco de Zúñiga, también vaya a Tonalá y que conozca las condiciones en las que se encuentran miles de familias.

“Lo vamos a invitar a que venga y conozca personalmente, se dé cuenta de la magnitud del daño que se generó. Son siete las colonias afectadas en muchos casos se perdieron cosas, en dos de ellas pérdida total, es el fenómeno que más fuerte le ha sucedido en los últimos 20, 25 años”.

El munícipe indicó que son alrededor de 10 millones de pesos el cálculo que se tiene de los datos que los habitantes de las colonias afectadas.

Evalúan desagüe


Guillermo Nuño Flores, primer comandante de la Unidad Municipal de Protección Civil, aceptó que, aunque es otra área del municipio quien se encarga de levantar estadísticas de daños, la petición de auxilio en la red de drenaje es reiterativa, por lo que han solicitado el apoyo al área operativa del Sistema Intermunicipal de Agua Potable y Alcantarillado ( SIAPA), para que acuda a prestar sus servicios.

“Se solicitó el equipo vactor para que vengan a desazolvar todo el drenaje, y en el área se hace una evaluación en los sumideros y drenajes de las fincas para ver si no se hicieron socavones por la parte de abajo, ya que el agua no podía salir”.

Refirió que La Hortaliza colonia es sólo una de las que registraron estragos a raíz de esa tormenta, pues otras zonas como la 20 de Noviembre y Educadores Jaliscienses tuvieron daños de mayor consideración.

Conteo

Datos preliminares


-Alrededor de 80 fincas que resintieron los estragos de la tromba tienen daños graves en su estructura, lo que las hace inhabitables.

-De acuerdo con el Ayuntamiento, tres albergues fueron habilitados: uno en la cabecera municipal, otro en la colonia Santa Paula y el último en las proximidades del Camino a El Rosario.

-Las colonias con mayores afectaciones son: Loma Dorada, 20 de Noviembre, Loma Bonita, Educadores, El Rosario, Basilio Badillo y Normalista.

Aguas de drenaje en las calles son constantes en La Hortaliza

Vecinos quieren renovación de colectores


Para los residentes de La Hortaliza, una de las colonias que resultaron con afectaciones de consideración a raíz de la lluvia que cayó el sábado por la noche en Tonalá, las inundaciones en cada temporal de lluvias son constantes, pero más lo es la “costumbre” anual de lidiar con aguas de residuo que emanan de sus drenajes, pues el colector que atraviesa ese lugar, aseguran, hace mucho tiempo que fue rebasado en capacidad.

La suciedad de sus hogares, y de los que se hallan a sus alrededores, aparecen cada que una lluvia pertinaz hace acto de presencia. “Ya nos acostumbramos”, lamentan, aunque también atinan a mencionar que las dimensiones del ducto subterráneo ya se les habían puesto sobre aviso a las autoridades, quienes desoyeron la sugerencia ciudadana.

“En aquel entonces, hace 30 años, pusieron el drenaje pero el tubo estaba bien chico; les dijimos que eso no iba a servir, pero ellos nos aseguraron que sí, y en los últimos años “eso” empieza a salir cada que llueve, es de diario”, relata doña Abelina Becerra, quien pide a las actuales instancias que se hagan cargo de resarcir ese obstáculo, que aunado a la molestia, genera ambientes de insalubridad evidentes.

Y aunque las calles de La Hortaliza ya despiden olores fétidos, al interior de ciertos domicilios dicho aroma es aún mayor. El día de la tormenta, varios de los colonos damnificados se decidieron por colocar objetos pesados encima de su drenaje para evitar que brotaran las aguas negras, y esto, lejos de servir como paliativo, “tronó” el ducto de esas fincas.

Crónica


Nos quedamos sólo con lo que traemos puesto


Después del sábado, el cielo negro se ve desde una óptica distinta en Tonalá; los antes anhelados nubarrones que atraen el agua, hoy generan miradas de respeto, incluso de temor, a los habitantes de colonias enclavadas en el corazón de la Cuna Alfarera.

El fantasma del 9 de julio marcó a cientos de vidas, como la fecha en que todo por cuanto se trabajó, quedó disperso en el enterregado barrio que, año con año, padece un no tan querido temporal.

A las ocho de esa noche, decenas de habitantes de la calle Privada Cilantro, en la colonia La Hortaliza, iniciaban con el ya acostumbrado ritual anti lluvias desde que el aire se impregnó con un característico aroma a humedad.

A diferencia de otras zonas de la metrópoli, los accesos a todos y cada uno de los domicilios en el sitio se hallan acorazados con altas pilas de ladrillo, símiles de una barrera infranqueable que todo el año adorna imponente los portales, y que aquella noche demostraron su inutilidad ante los designios de la naturaleza.

Un colector deficiente, aunado a una evidente falta de cultura ciudadana en disposición de basura, y agravado por una copiosa tromba que encontró en Tonalá su asentamiento perfecto, rápidamente pusieron a prueba el ingenio mexicano y aquellas fortalezas improvisadas quedaron bajo el agua. Ante esa burla, los vecinos no hicieron más que ver cómo sus pertenencias rápidamente flotaban entre agua pluvial y otra tanta de desechos orgánicos.

“Perdimos todo, al 100% (…) lo que traemos puesto es lo único que tenemos, y eso porque había ropa que estaba colgada, si no ni eso nos queda. Ahí están las puras bases (de las camas)”, lamenta Mario Peralta, residente del número 232 de aquella privada, que —de acuerdo con su discurso— fue visitada por las autoridades hasta ayer por la tarde.

El sonido de un trascabo como fondo a la conversación con la prensa no inhibe el de su boca cuando hace pública su molestia, y sentencia: “A la autoridad, lo único que le puedo decir es que nos pongan un poquito de atención, que no nos dejen abandonados porque cuando se trata de los votos, y eso, nos traen a todos prometiéndonos cosas”.

Casas adelante, una dama de la tercera edad escoltada por su familia mira con desdén a quienes se encuentran ayudando en el retiro de lodo. El desconocido con grabadora en mano tampoco es visita grata, pero el semblante en el rostro de todos quienes la acompañan cambia de inmediato en cuanto este se identifica. Claramente, la presencia de “encorbatados” del Gobierno no es bien vista, no después de que los televisores que deberían informarla sobre la situación que atraviesa, acabaran en un charco de desechos.

Su nombre: Abelina Becerra. Su edad: 68 años (30 de los cuales ha residido en aquel sitio), y su experiencia en inundaciones, señala: la mejor. No obstante, los desastres que dejó a su paso aquel aguacero fueron algo que nunca había atestiguado. “La calle estaba hasta la chin… de agua; las casas hasta el tope. Todo se llevó: muebles, zapatos, sillas, comedores, las teles. Todo, todo…”.

Su plática aumenta en intensidad a cada palabra, y aunque el aroma a drenaje llena aquel terreno, su consternación no es porque el alcantarillado “fluya como fuente” por cada llovizna que cae en La Hortaliza, sino por la nula, asegura, atención de una autoridad claramente rebasada en reportes ciudadanos ante la contingencia que se desató en todo el Norte del municipio. “Nunca acudieron, el domingo nos la pasamos sacando todo el pin... lodo de mi casa. Todo echado a perder. Ese lodo huele a drenaje. Hoy les fuimos a pedir ayuda (al Ayuntamiento) y dicen que sí nos iban a ayudar”.

Y aunque prácticamente la totalidad de sus pertenencias yacen en el líquido pestilente que aún fluye por esas calles, ni su ánimo, ni la picardía de sus frases decae. Ahora sólo resta iniciar de cero, robustecer la fortaleza impermeable para su domicilio y “echarle ganas” porque de su casa, asegura, no se va. Su deber, acentúa, es cuidarla de un nuevo atentado de la naturaleza como el que afectó su patrimonio aquella noche.

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