Logo de aviso informador Logo de circulo informador Logo de gente bien
Viernes, 25 de Mayo 2018
En la Zona Metropolitana de Guadalajara, apenas una tercera parte de los aspirantes a entrar a la UdeG logran su cometido. EL INFORMADOR / J. López
Jalisco

El examen de admisión, un momento difícil para los jóvenes

Miles de aspirantes realizarán pruebas para entrar a la UdeG este sábado, para algunos, la situación supone una de muchas dificultades para lograr ingresar a una carrera universitaria

Javier Armendáriz Gómez

Alejandro tiene 22 años y es aspirante a la Lic. en Diseño para la Comunicación Gráfica. En entrevista para EL INFORMADOR, cuenta que eligió esa carrera porque desde niño se le dio realizar dibujos. A pesar de sus habilidades, Alejandro no ha sido capaz de ingresar a la carrera de su elección. La de este sábado será la tercera ocasión que haga el intento.

El próximo sábado 19 de mayo, decenas de miles de jóvenes aplicarán la Prueba de Aptitud Académica (PAA) en uno de los diferentes centros universitarios de la Universidad de Guadalajara con el objetivo de hacerse de uno de los lugares que la principal Casa de Estudios de Jalisco oferta semestre tras semestre para poder cursar una carrera universitaria. Se trata de una fecha que atraerá a la ciudad a aspirantes, no solo de Jalisco, sino de todo el país que buscan continuar con sus estudios con el objetivo de volverse profesionistas. Para muchos de ellos es una fecha que acarrea un considerable nivel de nerviosismo, al ser conscientes de que su desempeño en el examen es un factor decisivo en el rumbo que han de tomar sus vidas académicas y profesionales. Más allá de la inquietud natural ante cualquier examen, para algunos de estos chicos esto conlleva también la carga extra de haber aplicado con anterioridad y no haber visto sus nombres aparecer en las listas de admitidos.

Alejandro opina que su promedio de preparatoria fue decisivo en el resultado desfavorecedor que obtuvo en las pruebas anteriores. Los criterios para definir quién es aceptado en la Universidad de Guadalajara se dividen en dos factores: el promedio del bachillerato y el resultado del examen de admisión. A pesar de prepararse, en algunas ocasiones durante meses, para dar un buen resultado, muchos aspirantes se encuentran con la dura realidad de que son matemáticamente incapaces de ingresar a la carrera de su interés debido al desempeño que demostraron durante la preparatoria.

“[Los estudiantes] se dan cuenta de que su nivel académico realmente no refleja todos los años que han estado estudiando. Eso es un fuerte golpe psicológico”

“Hay gente que lo toma muy mal […], pero nosotros no podemos engañarlos”, comenta Francisco Delgadillo, quien es director y coordinador académico en CONEA, un instituto enfocado a preparar jóvenes para su prueba de admisión, sobre las situaciones en que se ha visto obligado a comunicar esta mala noticia a sus estudiantes.

Los factores que complican el ingreso de tantos jóvenes a la carrera son “un poco de todo. Tenemos lo que es la parte socioeconómica, familiar, educativa.” Sin embargo, Delgadillo hace hincapié en las deficiencias de la educación básica que los jóvenes reciben. “No es por echarle la culpa a las a las preparatorias y a las secundarias, pero sabemos que hay maestros que van a platicarles sus vidas en vez de enseñarles. Maestros que los califican [a los alumnos] con simples trabajitos que no son evaluados, sino que con llevarlos ya pasaron”.

Estas situaciones provocan que, una vez que llega el momento de realizar la prueba, los alumnos “se dan cuenta de que su nivel académico realmente no refleja todos los años que han estado estudiando. Eso es un fuerte golpe psicológico”.

Hay jóvenes que expresan opiniones similares a Delgadillo, al considerar que la manera en que atravesaron por la educación básica no fue la óptima por varias razones. Entre ellas, el encontrarse con un modelo educativo que ofrece diferentes formas de transmitir el aprendizaje. Tal es el caso de Samuel, quien con 25 años realizará el examen por segunda ocasión este sábado. Al recordar sus años escolares, reconoce que “era un estudiante mediocre, podría decirse. Pero el sistema educativo como que no embonó con mi personalidad. Soy muy kinestésico. Teoría y todo eso de estar encerrado no”.

Es por esta naturaleza físicamente activa que Samuel desea ingresar a Ingeniería Agroindustrial. Espera que estudiar algo relacionado con el campo le dé la oportunidad de llegar a desenvolverse en un ambiente en el que pueda sentirse más en su elemento: al aire libre, lejos de estar sentado en una silla durante horas, encerrado entre cuatro paredes.

“Algo que siempre me ha llamado la atención son las actividades al aire libre”, comenta. Samuel piensa que su rechazo por las actividades sedentarias fue la raíz de sus problemas académicos durante su educación. El verse obligado a pasar horas sentado, escuchando conceptos teóricos que se le dificultaba aprehender trajo como consecuencia que decidiera no continuar con su educación al terminar la preparatoria.

“Originalmente yo no pensaba entrar a la universidad para nada”, señala.

La experiencia de Alejandro es similar. Él se considera bueno aprendiendo, aunque aclara que para adquirir conocimiento es necesario que “me lo presenten de una manera que sea interesante, que sea de una forma dinámica”.

En el caso en particular de Alejandro, hay una dificultad extra. Un accidente en motocicleta que sufrió en el pasado le ocasionó pérdida de memoria a corto plazo. Describe este episodio como “uno de los momentos más difíciles de mi vida”. Considera que este infortunio sigue haciéndose presente en una cierta dificultad para retener información, y que este es otro obstáculo que podría dificultar su desempeño en el examen.

Aun para aquellos afortunados cuya forma de aprendizaje es compatible con la manera en que tradicionalmente se imparte la educación en México y que no tienen dificultades de otro tipo, la situación está lejos de ser sencilla. En el calendario de admisión 2018 A, un total de 34 mil 778 aspirantes realizaron la PAA para ingresar a una carrera en alguno de los centros universitarios de la UdeG en el estado o en el sistema de Universidad Virtual. De estos, apenas 15 mil 281 fueron admitidos. Esto implica que menos de la mitad de aquellos que aspiran a continuar sus estudios logran hacerlo en la Universidad de Guadalajara, apenas el 43.94 %. Si el conteo se limita a aquellos centros universitarios localizados en la Zona Metropolitana de Guadalajara, el panorama es aún menos alentador, con una cobertura de apenas 38.02 por ciento.

Que la educación universitaria en Jalisco resulta insuficiente no es un tema nuevo. Al menos dos candidatos en las actuales campañas a la gubernatura del estado han propuesto la instauración de otra universidad de carácter público en la entidad: Miguel Castro Reynoso, abanderado del PRI y Carlos Lomelí, militante de Morena. El primero plantea la instauración de una “segunda universidad pública en Jalisco”, lo cual es uno de los pilares de su campaña. Esta propuesta es compartida por Lomelí, con la diferencia de que este buscaría que dicha universidad funcione con los recursos de su partido.

Por su parte, Enrique Alfaro, candidato de Movimiento Ciudadano, propone integrar las universidades privadas del estado en una red conjunta con la UdeG, de manera que mejore la capacidad de atender la demanda educativa en el estado.

La poca capacidad de ofrecer educación pública a los jóvenes jaliscienses es un tema de peso en las actuales campañas electorales y esto refleja la gravedad del problema. Mientras en el ámbito político se plantean estas diferentes formas de abordar la situación, estudiantes como Frida, de 18 años, se preparan para competir por un sitio en la UdeG una vez más. Aspirante a estudiar Letras Hispánicas, esta será la segunda ocasión que presente el examen de admisión. Al hablar sobre su resultado del examen anterior, en el cual no fue admitida, su voz se tiñe con un toque de enojo.

“Se me cayó el mundo, la verdad, porque yo me esforcé mucho en la prepa para tener un buen promedio. Dije ‘tres años de echarle ganas a las tareas y al promedio para que en un ratito en el examen valiera madre’”, recuerda. Para ella, este trago amargo no es una experiencia nueva, dado que también fue rechazada en la primera ocasión que trató de ingresar a la preparatoria.

“No quedar por primera vez en la prepa me marcó mucho”, dice y rememora haber sufrido un ataque de nervios cuando estaba haciendo el examen para entrar a la preparatoria por primera vez. Este episodio fue lo que la motivó a estudiar más duro, con el objetivo de que la situación no se repitiera cuando llegara el momento de ingresar a la universidad.

Frida, quien expresa interés en la industria editorial, así como en la traducción, actualmente divide su tiempo entre tomar cursos de preparación para el examen, hacer ejercicio y trabajar como "hostess" en un bar. Indica que tener un horario lleno de actividades evita que piense demasiado en el asunto. “Estoy muy ocupada y no tengo tiempo de preocuparme o frustrarme”.

Muchos jóvenes que no se encuentran estudiando el nivel superior desempeñan alguna actividad laboral. Samuel ha ejercido en una variedad de oficios en los años posteriores a que terminó la preparatoria, entre los que se cuentan reparaciones y venta de equipo eléctrico, seguridad privada y almacenista. Es el mismo caso de Alejandro, quien desde que concluyó con su educación básica ha estado trabajando, primero en un call center y luego haciendo reparación de computadoras. Tanto Samuel como Alejandro equilibran sus horarios laborales con cursos de preparación que esperan que les ayuden a mejorar su desempeño en la prueba. Equilibrar estas actividades puede llegar a ser complicado. “A veces no duermo bien. Trabajo y luego me voy al curso y pues eso sí me cuesta mucho trabajo porque tengo sueño. A veces me cuesta trabajo poner atención”, dice Samuel.

La Universidad de Guadalajara no es la única opción para estudiar una carrera universitaria en la ciudad. Hay una oferta amplia de instituciones privadas que también ofrecen la posibilidad de prepararse profesionalmente en ellas. Muchos de los jóvenes que no obtienen un resultado favorecedor en la UdeG encuentran un lugar en estas instituciones donde continuar sus estudios; sin embargo, también están aquellos para quienes esto no es una opción. Samuel dice no ganar lo suficiente en su empleo para costearse una carrera en una institución privada, y se niega a poner tal carga económica sobre sus padres. La situación de Alejandro es muy similar, él sí consideró la posibilidad de ingresar a una de estas universidades pero encontró que “económicamente no es factible”.

Por diferentes razones, el realizar la prueba por segunda o tercera ocasión es sinónimo de presión. Samuel considera que sus intentos por entrar a la universidad son parte de una carrera contra el tiempo, detonada principalmente por su edad. “Me hubiera gustado haber hecho esto cuando tenía unos 22, 23 años […] cuanto termine voy a tener 30 o más”. Alejandro, por su parte, dice que la presión proviene más que nada de familiares, quienes le han urgido para que comience una carrera. Mientras tanto, Frida lo toma más que nada como un reto personal.

Los jóvenes que semestre tras semestre aplican a la prueba, ya sea por primera o cuarta vez, lo hacen esperando que el acceso a una carrera les ofrezca mejores oportunidades, no solo en el aspecto laboral en el futuro, sino también social. Mucho ven la universidad como un mundo en el cual esperan sumergirse de lleno, en el que esperan “salir más, socializar, conocer más gente, hacer un 'networking'”, como expresa Samuel. Frida comenta que, una vez dentro, le gustaría involucrarse en actividades extracurriculares y “me la viviría en la universidad y estaría feliz”.

JA