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Martes, 12 de Noviembre 2019
Deportes | De la mano de un español y con una semana de preparación, las atletas consiguen plata

La gesta heróica de las basquetbolistas mexicanas

De la mano de un español y con una semana de preparación, las atletas consiguen plata

Por: EFE

Desde 1975, la selección mexicana no llegaba al podio. MEXSPORT  /

Desde 1975, la selección mexicana no llegaba al podio. MEXSPORT /

GUADALAJARA, JALISCO (26/OCT/2010).- Han tenido que pasar más de 35 años para que el baloncesto femenino mexicano regresara al podio panamericano tras la plata lograda en Ciudad de México 1975, y el español Ray Santana es el principal valedor del histórico logro -en realidad, un milagro- alcanzado por la tricolor.

México cayó el martes por la noche frente a Puerto Rico en la final, pero para entonces sus jugadoras, lideradas por la pívot Erika "La Cucha" Gómez, ya se habían ganado el corazón del país.

Lo hicieron pasito a pasito. Primero al superar a las boricuas en la fase preliminar; después le tocó el turno a Argentina y, posteriormente, a Colombia en semifinales. La fe fue creciendo con ellas, pero la gasolina en sus piernas no resultó suficiente en el último momento.

"El alma de las chicas y la afición nos han llevado hasta aquí", manifestó Santana al término de la final. Ese "hasta aquí" lo remarcó ostensiblemente el entrenador. Existe un porqué.

Lo que esconde esa plata va mucho más allá del esfuerzo y el sacrificio. Corresponde al apartado de la magia y las gestas que, muy puntualmente, sólo el deporte logra ofrecer.

"Cuando llegamos aquí lo único que nos pedían es que diéramos una buena imagen, que peleáramos y tratáramos de hacer un buen basket", rememoró el tinerfeño, de 43 años. "En ningún momento pensamos que podríamos lograr esto", añadió.

La gesta de México posee un mérito enorme porque muchas de las jugadoras del equipo, tras disputar el Preolímpico, tuvieron que abandonar la concentración para regresar a sus respectivos trabajos.

"Nadie las pagaba por venir a los Panamericanos", declaró Santana, cuyo equipo está formado por mujeres que no gozan de una liga competitiva en su propio país. "Son un ejemplo a seguir -apuntó-. Han hecho su trabajo sin pedir nada a nadie".

La plantilla se reunió finalmente a una semana para comenzar la competición, mientras que, por ejemplo, la selección de Puerto Rico preparó el torneo durante cinco meses.

"No les podemos pedir que vengan, compitan día tras día y ganen una final. Falta apoyo", comentó el técnico, fiel a lo largo del torneo a su -sudada- camisa rosa y pantalón blanco, a juego con sus gafas de pasta.

Quién sabe qué se hubiera logrado con mayores recursos y una mejor organización, máxime cuando semanas atrás México corría el riesgo de no competir en el baloncesto panamericano por una serie de problemas federativos.

El milagro "Santana" tiene miga. El técnico, que actualmente alterna su cargo como director técnico del Club Baloncesto Vinaroz con su labor de scouting (análisis) para el Fútbol Club Barcelona -trabajo que ha desempeñado los últimos 12 años-, aceptó la llamada de México en mayo de 2010.

Su experiencia en equipos como el Isla de Tenerife y Universidad de La Laguna convenció a los directivos, sobre todo a raíz de los comentarios positivos de algunas de sus jugadoras clave.

"Él ha conseguido que las jugadoras creyeran en sí mismas y que tuvieran una mentalidad ganadora", dijo Horacio Cisneros, gerente de prensa del torneo.

La mezcla de experiencia y juventud llevó a México a soñar con las cosas más altas tras su triunfo en la primera jornada frente a Puerto Rico.

Al final, que la rotación fuera de máximo siete jugadoras, pasó factura. Selene García, Margarita Silva -una jugadora que estuvo a punto de firmar por Los Angeles Sparks, de la NBA femenina- y la propia Gómez, de 35 años (33 puntos y 16 rebotes en la final), llegaron exhaustas.

"Todas las jugadoras se merecen el apoyo y el reconocimiento. Se lo han trabajado y son quienes han sudado la camiseta. Son quienes representan a los 120 millones de personas que viven aquí", dijo Santana con rotundidad antes de alejarse para recoger un metal con el que nadie contaba al inicio de los Panamericanos.

Caminaba hacia el podio, pero aún resonaba la intención con la que puso énfasis a aquel "hasta aquí... hasta aquí".

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