Viernes, 10 de Octubre 2025
Deportes | En el Cerro del Cuatro el futbol es un conducto de desarrollo social positivo

''Cascaritas'' por un mejor futuro

En el Cerro del Cuatro el futbol es un conducto de desarrollo social positivo, pero no hay campo ni áreas verdes

Por: EL INFORMADOR

Los menores residentes de Loma Linda disfrutan al máximo su “tesoro” que habilitaron como campo para practicar su deporte favorito.  /

Los menores residentes de Loma Linda disfrutan al máximo su “tesoro” que habilitaron como campo para practicar su deporte favorito. /

GUADALAJARA, JALISCO (31/ENE/2012).- En el Cerro del Cuatro no importa si las calles suben o los balones bajan. Si hay que driblear los carros o saltar entre charcos de aguas negras. Que ruede la pelota y con ella las ilusiones de una niñez rodeada de un ambiente difícil para un desarrollo positivo.

En lo alto del Cerro del Cuatro está Loma Linda, uno de los barrios con mayor densidad por metro cuadrado de la Zona Metropolitana de Guadalajara, se calcula que en cada casa de dos habitaciones viven ocho personas promedio y la mitad de ellos son menores de 12 años. Los hogares son pequeños, muchos conservan aún sus techos de lámina que asoman a ocho angostas calles con acceso para autos que desembocan a medio centenar de laberintos peatonales de topografía irregular.

Loma Linda hace honor a su nombre al menos por el panorama. Tiene una de las vistas más hermosas de la ciudad y sería el lugar ideal para vivir, si no se toma en cuenta que prácticamente no hay seguridad. Un hombre mayor desempleado desde hace 10 años ve pasar la vida vendiendo pepinos y jícamas en una esquina. No conoce el color de las nuevas patrullas, ni del municipio de Guadalajara ni del de Tlaquepaque que colinda con el barrio. “Tengo 20 años viviendo aquí y nunca he visto una patrulla entrar al corazón del barrio”.

La zona cuenta con alumbrado, agua y recolección de basura pero no hay áreas verdes, parques, escuelas, iglesias y mucho menos centros culturales. Tampoco hay banquetas y la mayoría de las calles son empedradas lo que no impide a los niños hacer rodar el balón.

Entre las calles de Agua Blanca, Agua Fría y Agua Dulce está un pastizal seco con un gran letrero que indica “Lote propiedad de Pensiones del Estado”; es un barrancón con una meseta de 20 por 10 metros promedio, semiplano, si no se consideran los hoyos y piedras, espacio suficiente para que decenas de niños lo tomen como campo de concentración para descubrir que hay algo más que los gritos en casa, drogadictos de casi todas las esquinas, desempleados que todos conocen, problemas económicos y violencia cotidiana.

El lote fue enmallado, pero los niños de la colonia siempre encontraron la forma de entrar a ese “paraíso” de piedras, vidrio y basura que fueron limpiando hasta dejar un espacio en el que pudiera rodar el balón sin poncharse y caerse sin sufrir graves cortaduras. Finalmente, los propietarios dejaron una discreta puerta a la que acceden gustosos todas las tardes quienes no tienen castigo y quienes temporalmente se convierten en entrenadores del barrio.

Luis López fue uno de los últimos técnicos, bajo su mando salieron niños que hoy están en la mira de las fuerzas básicas del Atlas. “Aquí no hay mucho futuro y si el futbol les hace olvidar un poco de las dificultades en que viven tratamos de apoyarlos”, expresa el obrero quien hace algunos meses se quedó sin trabajo y por lo que tuvo que cancelar la participación del equipo en ligas cercanas, que comenzó con un costo por partido semanal de 50 pesos y al cambiar los menores de categoría subió a 130.

Luis López es otros de los cientos que en el Cerro del Cuatro venden algo en su casa para sostenerse económicamente, en su caso, raspados de frutas que alterna con trabajos temporales y el entrenamiento irregular en el campo de Pensiones.

“Desde niño vivo en este barrio”, expresa el hombre cuarentón quien ya es abuelo: “Muchos de mis amigos están ahora en la cárcel, está difícil la vida y más difícil salir de este medio ambiente, por eso intento motivarlos al futbol”, ya no tiene el equipo en la Liga, pero los convoca de vez en cuando a un partido.

Cuando Luis López, entrenador de Loma Linda dirigía a los niños o los llevaba a la Liga, había que pasar con cada uno de los padres de sus jugadores para reunir al equipo, “si no viene el entrenador los niños no salen, porque el barrio es muy peligroso y sólo así sabemos que están con alguien bajo supervisión”, expresa María García una mujer que tenía a dos de sus hijos, tres sobrinos y un ahijado en el equipo, “aquí no hay mucho futuro para ellos, vivimos aquí porque es lo que podemos pagar, pero sabemos que un descuido de dejarlos solos o con malas compañías serían la perdición para nuestros niños”, la señora cincuentona habla rápido y cierra su puerta con desconfianza para dejar escapar de nuevo los gritos que llaman a todos los menores a reunirse al grito de “ya están los frijoles” convocando a comer cuando en el barrio está casi por atardecer.

El balompié transforma su ambiente

El futbol es un conducto social que apoya el desarrollo de los menores, “cuando hay situaciones ambientales difíciles, no sólo los económicos, una densidad alta de población por ejemplo, se crean espacios de ruda convivencia que provocan un ambiente hostil, el futbol transforma ese ambiente, lo convierte en un conducto de aprendizaje para socializar, el niño sabe que deberá apoyarse, confiar y desarrollarse en equipo, es así como puede ayudar el deporte a salir de un ambiente negativo”, expresa el psicoanalista Luis Carlos Vázquez, quien es especialista en sociedad y deporte.

El deporte los aleja de las actividades delictivas


La fórmula del deporte como bienestar social es fácil de adivinar. Cuantas más horas pasan los menores en la escuela o el campo “prestado” de futbol, menos están en un medio de consumo de drogas, involucrarse en actividades delictivas, tener actividades violentas, o incluso ser explotados laboral o sexualmente.

Sin embargo, esa posibilidad de éxito no tiene un futuro seguro en Loma Linda. El ingreso al terreno es incierto, el entrenador ya no puede pagar inscripción del equipo y la zona no cuenta con espacios para hacer áreas verdes.

Faltan recursos

Antes de anochecer es el mejor momento para jugar. Uno de los niños que destaca en la cascarita es Oliver, tiene 12 años. Quizá por su mala alimentación no se ha desarrollado físicamente porque parece de seis a primera vista, pero se convierte en uno de 18 cuando toca el balón. Le han propuesto ir a hacer pruebas a las fuerzas básicas de equipos profesionales pero en su familia no tienen dinero ni para el camión. Se encoge de hombros cuando se le pregunta qué quiere ser de grande.  Ni siquiera puede que quiere ser futbolista. Por ahora sólo quiere jugar como Cristiano Ronaldo y festejar a su estilo los goles que alcance a meter hasta que se vaya la luz.

En las esquinas ya están las “bolitas” del barrio, vestidos de incertidumbre, con sus pláticas, con sus vicios. No hay mujeres solas en la calle. Sólo niños que corren a sus casas a seguir soñando con el futbol para hacer más ligero el despertar a la pesadilla del día a día en Loma Linda.

FRASES

''
El futbol es como otros deportes, un medio que favorece un progreso social que va de lo particular a lo comunitario ''

Luis Carlos Vázquez,
psicoanalista especialista en sociedad y deporte.

''Si no hubiera este pedacito para jugar quién sabe qué pasaría con los menores, quién sabe cómo o en dónde andarían ahorita ''

Jaime Ponce,
vecino que vive frente al “campito” de futbol.

El dato
Promesas inclumplidas


Jaime Ponce, uno de los habitantes de Loma Linda afirma: “Se le ha pedido a las autoridades en cada campaña política en que nos visitan que nos hagan un espacio para un campo de futbol, y no sólo para eso, para un centro donde se den talleres de autoempleo, que se tengan áreas verdes, pero siempre se queda en eso, en promesas”, afirma Ponce, quien vive frente al terreno que han tomado los niños como su pequeño tesoro.

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