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Miércoles, 16 de Octubre 2019
Deportes | A propósito por Jaime García Elías

* ¡Sustote...!

A propósito por Jaime García Elías

Por: EL INFORMADOR

Lástima que las “menciones honoríficas”, en el futbol y en todos los órdenes de la vida, no pasen a la historia. Lástima que, dentro de una semana, en la historia se escriba, en el recuadro destinado para perpetuar el nombre del campeón, un solo nombre...

Lástima, porque tanto el Puebla, el sábado ante los “Pumas”, como los Indios de Ciudad Juárez, ayer ante el Pachuca, hicieron méritos de sobra para algo más que el reconocimiento imperecedero de los memoriosos como premio de consolación.

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Contra las previsiones de los expertos y de la generalidad de los observadores, ni “camoteros” ni juarenses se limitaron a hacer el papel de “extras”... Ambos, en sus duelos contra los equipos que conquistaron la calidad de finalistas, disputaron, palmo a palmo, el protagonismo ante los grandes favoritos. Les pisaron la sombra. Les robaron cámara. Les dieron pelea hasta el último minuto. Les exigieron un esfuerzo supremo para reivindicar a la lógica, a punta de sangre, sudor y lágrimas, en detrimento de la sorpresa.

Ambos, Puebla e Indios, dos equipos que en circunstancias normales, en uno de los campeonatos “tradicionales”, sin fase de clasificación y sin “liguilla”, difícilmente habrían llegado tan lejos, demostraron que el sistema de competencia, al margen de las muy respetables objeciones de los eternos “contreras”, funciona.

Funciona estupendamente.

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La única mancha en el partido de ayer habría que imputársela al silbante...

Armando Archundia penalizó con sanción técnica y tarjeta amarilla una mano de Calero, afuera del área, a los 20 minutos del segundo tiempo. Un silbante más preocupado por la aplicación del reglamento, al pie de la letra, que por la presión del público, habría sacado tarjeta roja...

Es posible —jamás podrá probarse...— que por la mente del silbante pasó, por una fracción de segundo —¡una eternidad, en esas circunstancias!— lo que significaría expulsar al portero, dejar al local con un hombre menos durante 25 minutos, y condenarlo, en caso de llegar a la Final, como de hecho llegó, a disputarla sin uno de sus baluartes.

Eso queda en la conciencia del silbante. En la del crítico —descartados, por supuesto, la venalidad y el dolo del árbitro— queda la sensación de que el señor Archundia vivió uno de esos momentos supremos en que la vida pone a prueba a los hombres, para que demuestren de qué están hechos..., y le temblaron las piernas.

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