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Lunes, 17 de Diciembre 2018
Deportes | Sus números en el América fueron de pesadilla:

* Pesadilla

En la jornada 9, al caer ante San Luis, los otrora orgullosos cremas se derrumbaron

Por: EL INFORMADOR

 ¿Es Rubén Omar Romano tan ineficiente como entrenador como sugieren los números que coleccionó a partir de su retorno al Cruz Azul --después de la terrible experiencia del secuestro de que fue víctima--, cuando el equipo se le fue de las manos, y posteriormente cuando dirigió al Atlas y al América?...

¿Cómo fue que “desaprendió” lo que sabía hacer muy bien, después de las campañas con el Celaya y con el Morelia, a los que llevó a varias “liguillas”?...

*

Sus números en el América fueron de pesadilla:

* Entre las jornadas 4 y 8, acumuló 478 minutos sin gol.

* En la jornada 9, al caer ante San Luis, los otrora orgullosos cremas se derrumbaron, vergonzosamente, hasta el sótano de la clasificación general: algo que no había sucedido en casi cuatro décadas.

* La derrota del domingo ante el Necaxa, fue la sexta consecutiva en calidad de locales: algo que no sucedía desde los tiempos en que el equipo --el más modesto de los tres que entonces había en la capital, sin punto de comparación con Atlante y Necaxa, con todo y que éstos, entonces (los años de hegemonía del Zacatepec, y en menor medida de León y Toluca... y los previos a la era del Guadalajara “Campeonísimo”) tampoco eran nada del otro mundo-- era propiedad de don Isaac Bessudo, de cuyas manos, en los albores del auge de la televisión, pasó a las de don Emilio Azcárraga Vidaurreta.

* Los números de la agonizante campaña, quedan como un récord negativo: aunque en la Copa Libertadores --“candil de la calle...”-- consiguió tres victorias, una de las cuales memorable (ante el poderoso River Plate, a la sazón líder del campeonato en Argentina), en el Torneo de Clausura logró un solo punto de 30 posibles.

*

Hay que ser justos, empero: Romano no fue el padre de semejante desastre. Él no diseñó el plantel ni dirigió la preparación de la campaña. Él llegó como “bombero”, cuando el equipo comenzó a incendiarse entre las manos del “Ruso” Brailowsky.

Rubén, si decide ir por la revancha, probablemente encuentre, más tarde o más temprano, un ambiente propicio para demostrar que “Un hombre grande se restablece fácilmente de un fracaso; en cambio, un hombre pequeño jamás se restablece de un triunfo”.

En cuanto al América, nadie lo duda: como el Ave Fénix, se levantará de sus cenizas.

 

 

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