Lunes, 27 de Enero 2020
Deportes | A propósito por Jaime García Elías

* Digno campeón

A propósito por Jaime García Elías

Por: EL INFORMADOR

Si el Pachuca era el gran favorito porque había sido el mejor equipo durante la temporada regular, los Pumas, porque manejaron con más destreza los inevitables imponderables del futbol, fueron mejores en la Final... Hoy, por tanto, son los dignos campeones del Torneo de Clausura.

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Los imponderables del encuentro decisivo fueron, primero, las pifias de los porteros: la de Bernal, al tragarse el tiro libre que Giménez le lanzó desde 30 metros; a la postre, la de Calero, en el segundo tiempo extra, al hacer el “puente trágico” e incluso desviar hacia su propio marco el riflazo con que Pablo Barrera —el “talismán” de los Pumas— finalizó una penetración en diagonal hacia el marco hidalguense...

El lance decisivo, sin embargo, fue la expulsión de Mustafá. Su barrida a destiempo sobre Bravo, en el último minuto del tiempo normal, le ganó la tarjeta roja. Ese hecho condenó a su equipo a apostar a ganar el partido —y el título, por consiguiente— a una sola carta: la instancia suprema de las series de penalties. Para llegar a ella, dependía absolutamente de mantener empatado el marcador global durante los tiempos extra.

Ese lance, impecablemente sancionado por Paul Delgadillo (quien, además de capacidad, demostró pantalones: no cualquiera se atreve a dejar con un hombre menos al equipo de casa en una Final), aniquiló la ventaja teórica que representaba la condición de local para los “Tuzos”. Por más que sea cierto que el “jugador número 12” pesa, nunca lo hará al grado de cubrir la ausencia de uno de los once sobre la cancha.

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La Final, en esas condiciones, tuvo todos los ingredientes que pueden exigirse para el platillo fuerte de un campeonato...

Tuvo futbol. Tuvo goles. Tuvo figuras, entre las que sobresalió Dante López por su protagonismo en la victoria de los “Pumas” en el juego de ida y en la ventaja sorpresiva que tomaron en el de vuelta. Tuvo muchos momentos de intensidad: la manera como se festejaron los goles, por ejemplo: como si cada uno hubiera sido, en su momento, el gol del campeonato... Tuvo dramatismo, porque la diosa Fortuna coqueteó durante todo el duelo decisivo con los dos equipos. Tuvo un buen arbitraje —correcto, sobrio, puntual—, para cancelar absolutamente cualquier posibilidad de que los malpensados hicieran de las suyas.

Como de ordinario, pues, ganó el mejor... y ganó el futbol.

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