La decisión de la Presidenta de México, Claudia Sheinbaum, de no asistir a la ceremonia inaugural de la Copa del Mundo ha desatado un intenso debate político sobre la estabilidad de la narrativa oficial. De acuerdo con el periodista Raymundo Riva Palacio en su reciente columna titulada "La silla vacía", la ausencia de la Mandataria federal responde directamente a una estrategia defensiva ante el temor de una manifestación de rechazo en el Estadio Azteca.A pesar de que el gobierno ha buscado proyectar la inasistencia como un acto de congruencia, Riva Palacio sostiene que los motivos de fondo revelan una debilidad estructural frente al actual ánimo social que vive el país.En primera instancia, la jefa del Ejecutivo optó por no ocupar su lugar en el palco de honor y, en su lugar, obsequió su boleto a una niña indígena que practica este deporte. Para el columnista, esta acción funciona perfectamente a nivel de imagen institucional al alinearse con las banderas de la austeridad republicana y la inclusión social.Sin embargo, el periodista advierte que la razón principal detrás de esta decisión no es el protocolo ni la ideología:"Para las imágenes es perfecto. El símbolo es de rechazo al cuestionado negocio del futbol, austeridad republicana e inclusión (...) Pero para la memoria de este sexenio, la realidad, menos romántica, será su miedo al abucheo".Riva Palacio subraya que, históricamente, los mandatarios mexicanos han enfrentado la reprobación popular en eventos de gran magnitud, recordando los casos de Gustavo Díaz Ordaz en los Juegos Olímpicos de 1968 y Miguel de la Madrid en el Mundial de 1986. La diferencia radica en que Sheinbaum optó por el repliegue.La ausencia presidencial no solo tiene implicaciones domésticas, sino también repercusiones internacionales. Aunque los organismos deportivos como la FIFA o el Comité Olímpico Internacional no imponen una obligación jurídica, la presencia del jefe de Estado es una norma diplomática consolidada para recibir a los dignatarios extranjeros. México jugará el partido inicial contra Sudáfrica, y se esperaba el acompañamiento de su presidente, Cyril Ramaphosa.El análisis del periodista resalta el contraste con dinámicas democráticas globales y el peso que implica dejar el asiento principal sin ocupar:"Sheinbaum hará historia. Nunca antes un jefe de Estado había dejado su silla vacía en la inauguración de una Copa del Mundo (...) El sonido es democrático cuando el humor social cambia, y el Estadio Azteca pudiera convertirse en tribunal".La columna enfatiza que el escenario del Mundial rompe con el esquema de control mediático al que está habituado el régimen actual, a diferencia de las conferencias de prensa matutinas. En un entorno polarizado, con protestas sociales activas en la capital del país (incluyendo movilizaciones de maestros y colectivos de madres buscadoras), el Estadio Azteca representa una variable imposible de manipular mediante "acarreados" o preguntas preestablecidas.Finalmente, Riva Palacio concluye que evadir el evento masivo expone la vulnerabilidad de la actual administración ante un México dividido:"La decisión de no asistir y soportar el sonido de la multitud fue defensivo, pero expresó, inevitablemente, fragilidad".Con información de Raymundo Riva Palacio*** Mantente al día con las noticias, únete a nuestro canal de WhatsApp ***OA