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Viernes, 17 de Agosto 2018

Reviven la muerte de Jesús en San Martín de las Flores

El camino al cerro comenzó a las 17:50 horas; alrededor de 800 metros son los que se caminan entre la vendimia de San Martín y de subida al cerro otros 200

Por: Sergio Blanco

Muchos de los espectadores, sobre todo menores de edad, no paraban de llorar ante el martirio. EL INFORMADOR/F. Atilano

Muchos de los espectadores, sobre todo menores de edad, no paraban de llorar ante el martirio. EL INFORMADOR/F. Atilano

Muchos de los espectadores, sobre todo menores de edad, no paraban de llorar ante el martirio. EL INFORMADOR/F. Atilano

Muchos de los espectadores, sobre todo menores de edad, no paraban de llorar ante el martirio. EL INFORMADOR/F. Atilano

Muchos de los espectadores, sobre todo menores de edad, no paraban de llorar ante el martirio. EL INFORMADOR/F. Atilano

Muchos de los espectadores, sobre todo menores de edad, no paraban de llorar ante el martirio. EL INFORMADOR/F. Atilano

Muchos de los espectadores, sobre todo menores de edad, no paraban de llorar ante el martirio. EL INFORMADOR/F. Atilano

Muchos de los espectadores, sobre todo menores de edad, no paraban de llorar ante el martirio. EL INFORMADOR/F. Atilano

Muchos de los espectadores, sobre todo menores de edad, no paraban de llorar ante el martirio. EL INFORMADOR/F. Atilano

Muchos de los espectadores, sobre todo menores de edad, no paraban de llorar ante el martirio. EL INFORMADOR/F. Atilano

En cada traslado los legionarios aprovechaban para pasearlo a jalones, empujones, rastras y varazos. EL INFORMADOR / S. Blanco

En cada traslado los legionarios aprovechaban para pasearlo a jalones, empujones, rastras y varazos. EL INFORMADOR / S. Blanco

Con miles de personas dispuestas en sus lugares, comenzó la Judea en San Martín de las Flores con la recreación del primer acto a las tres de la tarde,  donde Jesús se despide de María. Entre sollozos, fue alejado de su madre para llevarlo ante el sacerdote Anás, no sin que antes lo patearan los legionarios, que en todo momento lo querían ver muerto.

Ante Anás, sus detractores comenzaron a tacharlo de hechicero, amigo de Belcebú, y a pegarle con varas que tomaron más de un intento para destruirse en el lomo de Jesús.

Como cuenta la Biblia, nadie se quería hacer responsable de la ejecución del Mesías, por lo que Anás ordenó llevarlo ante Caifas, quien también respondió que a él no le correspondía sentenciarlo a muerte por lo que lo mandó con Pilato.

En cada traslado los legionarios aprovechaban para pasearlo a jalones, empujones, rastras y varazos por todo el escenario de ida y vuelta, donde el sol era un protagonista más.

Ante Pilato, los sacerdotes comenzaron a darle la queja: que se ostentaba como hijo de Dios, que tenía 200 mil seguidores y que quería levantarse como rey de los judíos. “¿No lo niegas entonces?”, le preguntó. “Tú lo has dicho”, respondió solemne. Pero Pilato lo mandó con Herodes, quien lo envió de regreso.

Con Jesús de vuelta, Pilato propuso el trueque por el “facineroso ladrón homicida de Barrabás”. El siguiente acto fue Burla de los solados a Jesús. “Es lo más triste”, dijo uno de los presentes. Le desgarraron las ropas para comenzar a darle de latigazos.

Como unos 15 legionarios se formaron y repitieron la rutina: patada, derribo al suelo, ofensas (“¡Dile a tu Dios si no puede liberarte, jajajajajaja!”), y latigazo embebido en miel coloreada o varazo. Y cuando terminaba el turno de cada uno se volvían a formar.

Tal fue la tunda que muchos de los espectadores, sobre todo menores de edad, no paraban de llorar.

Tras los golpes, Pilato ya dijo que lo crucificaran, pero que se lavaba las manos puesto que él no quería culpa. “¡Ese pecado nos lo echamos!”, gritaron los legionarios.

El camino al cerro comenzó a las 17:50 horas.

Alrededor de 800 metros son los que se caminan entre la vendimia de San Martín; y de subida al cerro, otros 200. El calor ya hacía mella entre los soldados.

Media hora después, llegaron a las estructuras sobre las que montaban las cruces. Ahí se despidió María, una vez que elevaron a Jesús en su cruz donde preparaba sus líneas antes de concluir el viernes santo. “Padre, ¿por qué me has abandonado?”.

 

SA

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