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Miércoles, 19 de Diciembre 2018

Los cimientos del éxito

Con motivo al Día Internacional de la Mujer entrevistamos a Rocío Fernández Villagrán, quien se tuvo que enfrentar a todo para cumplir sus objetivos en un mundo de hombres

Por: Patricia Gallardo Name

00:03:06 EL INFORMADOR

Lo descubrió desde que tenía 14 años, edad a la que hizo su primer proyecto mientras dibujaba en su cuaderno de matemáticas en secundaria. A partir de ese momento, Rocío Fernández Villagrán tuvo que enfrentarse a la época, a costumbres familiares e incluso a la negativa de su mamá, con tal de lograr su sueño: convertirse en arquitecto y, además, ser la primera mujer titulada de la Escuela Mexicana de Arquitectura en la Universidad La Salle.

"Cuando mi papá murió yo tenía 14 años y estaba muy apegada a él. Era ingeniero civil, minero petrolero, geólogo, o sea que sabía de todo. Por esas fechas él estaba comprando un terreno en Cuernavaca con sus amigos y empecé a dibujar en una libreta y me puse a hacer la casita. Ese fue el primer proyecto que yo dibujé".

Desde ese momento se convenció de qué era lo que quería hacer, pero en aquella época y, estando en el seno de una familia tradicional, no se atrevía a decirle a nadie sus planes:

"Me gustaba, pero no me atrevía a decir nada porque en mi familia no había nadie que estudiara la preparatoria. Terminaban la secundaria y las mandaban a Covington, Kentucky a un colegio de monjas. Cuando por fin me atreví a decirle a mi mamá se enojó muchísimo conmigo. Total, me metí a la prepa y seguí con mis amigas".

Rocío Fernández Villagrán, arquitecta. EL INFORMADOR / P. Gallardo

Entró a la escuela sin perder de vista su objetivo de convertirse en arquitecta. Escogió enfocarse en el área de Físico Matemáticas pues era lo que lo que la acercaba más a lo que quería.

Antes de terminar la prepa, su mamá ya tenía planes para ella, mismos que no encajaban con los suyos: "Mi mamá regresó de Londres y tenía ya una escuela pagada para mí. Recuerdo que me decía: está tan bonita la escuela, imagínate, te van a enseñar Dressage (disciplina de adiestramiento en equitación) y tuve que decidir entre la universidad o irme a Londres y decidí la escuela. Ella se enojó y me dijo que no me iba a pagar".

Ante ese escenario, la primera opción que tenía era la UNAM pues sabía que ahí podría estudiar de manera gratuita. Sin embargo, terminó por ingresar a La Salle, en donde obtuvo una beca completa desde el segundo semestre de la carrera. En su generación se graduaron 3 mujeres aunque, en ese momento, ella fue la única que se recibió, pues además, se encontró con la oportunidad única de convertirse en la Secretaria Académica de la Universidad y, por tanto, miembro del Consejo Académico.

Rocío cuenta que jamás ha dejado de trabajar y para ella eso es motivo de orgullo. Desde los 18 años tuvo sus primeras experiencias profesionales: diseñó casas, hospitales, y canchas de tenis en Maravatío, Michoacán. En su currículum puede presumir que trabajó en el despacho del arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, que tiene entre sus obras más representativas el Estadio Azteca, la Basílica de Guadalupe y el Palacio Legislativo de San Lázaro. Y en 1979, fundó en Guadalajara junto con su esposo, el también arquitecto Juan Carlos Name Sierra, el despacho "Name Arquitectos".

"Lo primero que hicimos fueron casas habitación, comenzamos con cuatro casas y seguimos hasta la fecha"

Por si fuera poco, lleva 20 años dando clases. Primero en el ITESO y ahora en el TEC, enseñando a los alumnos de octavo semestre el taller integrador de proyectos.

A pesar de estos logros en materia profesional, ella no tiene duda que su mejor proyecto es su familia.

"Me casé, me vine a Guadalajara y tengo a mis tres orgullosos hijos. Los veo y son el resultado de trabajo. Tienes una casa, una responsabilidad con hijos, marido y comida. Como mujer muchas obligaciones recaen sobre ti y tienes que aprender a manejarlo y tomarte tu tiempo, aprovechar tu momento, aunque eso no es razón para impedirte trabajar, desarrollar tu capacidad y crecer de manera profesional".

Para ella, el ser ama de casa es un trabajo que debería tener un sueldo y es un término que se ha desvirtuado: "Muchos no se dan cuenta, pero si la señora no está bien, la casa no funciona. El escuchar a los hijos es muy importante, que sepan que pueden tenerle la confianza y apoyarse en ti. El ser ama de casa es maravilloso y hace falta reconocerlo. Siento que está subvaluado".

Rocío ha logrado combinar de manera exitosa su carrera y su papel como ama de casa, a pesar de trabajar en el despacho con su esposo y con dos de sus tres hijos. Sabe que en la oficina debe cumplir con un papel diferente al que tiene en su casa, pero siempre atenta a los detalles.

"Yo procuro salir de la oficina a la 1:30 para ir a asegurarme que la comida esté lista cuando lleguen a la casa, pero antes dejo aquí la lista de pendientes y superviso lo que se está haciendo y en la casa es diferente, hay veces en que aunque estemos todo el día, sentados en la misma oficina, Juan Carlos (su esposo) no se entera de lo que hago pues cada quién está metido en sus proyectos".

Sobre lo que quiere para el futuro, tiene muy claro qué espera: "A futuro veo que Juan Carlos y yo nos vamos a ir saliendo poco a poco para ir soltando más a Rocío y a Santiago (sus hijos), me da mucho gusto porque han hecho muy buena mancuerna. Se necesitan los dos, se complementan. Siento que más adelante, el despacho va a seguir con la trayectoria que gracias a Dios tenemos. Con las investigaciones de arquitectura, que es algo muy complicado pero que aquí hacemos".

Al terminar la entrevista, le preguntamos cuál es era mejor proyecto en materia profesional, y dijo que siempre será "el siguiente": lo que más le gusta de su trabajo es que cada trabajo le permite hacer feliz a una familia y conocerlos.

Y en lo personal, el cual es lo más importante para ella: "Mis hijos. Los tres y que se lleven bien entre ellos, eso es... ya me puedo morir tranquila, son hombres y mujer de bien. Son mi mejor proyecto y solo me tomaron 9 meses".

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