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Miércoles, 17 de Julio 2019

En seis años, el triple de homicidios de mujeres en la calle


En 2013 se registraron 14 víctimas en la metrópoli; en 2018 fueron 46; revela el estudio “Mujeres víctimas de homicidio en el Área Metropolitana de Guadalajara: contextos y mecanismos”

Por: El Informador

El pasado 25 de abril, Vanesa Gaytán fue asesinada por su ex pareja justo afuera de Casa Jalisco. El agresor fue abatido, pero logró herirla de muerte. ESPECIAL

El pasado 25 de abril, Vanesa Gaytán fue asesinada por su ex pareja justo afuera de Casa Jalisco. El agresor fue abatido, pero logró herirla de muerte. ESPECIAL

El año pasado, los homicidios de mujeres en la vía pública, como el de Vanesa Gaytán (ocurrido en abril de este año) afuera de Casa Jalisco, crecieron tres veces en comparación con 2013.

Hace seis años se registraron 14 víctimas en la metrópoli; en 2018 fueron 46.

Ese es uno de los resultados del estudio “Mujeres víctimas de homicidio en el Área Metropolitana de Guadalajara: contextos y mecanismos”, presentado por Guillermo González, investigador de la Universidad de Guadalajara, y Antonio Reyna, doctorante por la misma institución.

El documento reveló que los homicidios de mujeres en la ciudad crecieron 61%, pues mientras en 2013 hubo 54  (principalmente en Guadalajara y Zapopan), en 2018 se documentaron  87 (con más frecuencia en Guadalajara y Tlaquepaque).

Sin posibilidad de confirmar

Los académicos de la UdeG afirman que no se hizo el análisis con base en los feminicidios que se han registrado en la Entidad, y en su lugar se utilizó el término “homicidios de mujeres”, porque el estudio se construyó a partir de los asesinatos registrados en notas periodísticas. Es decir, que no se tiene la confirmación de la Fiscalía o el Ministerio Público de que en realidad se trató de un feminicidio.

“No hay más violencia; sí hay más denuncias”

Mariela Martínez Lomelí, directora general en Delitos Violentos contra las Mujeres por Razones de Género y Trata de la Fiscalía estatal, indicó que el aumento de denuncias de agresiones registradas no se debe a que haya más violencia en la Entidad, sino a que “las mujeres se atreven a denunciar porque, quienes ya han venido, nos recomiendan entre quienes saben que también sufren de violencia”.

CLAVES

El país de tres feminicidios diarios

Incidencia. Entre diciembre de 2018 y hasta mayo de 2019, en México se han cometido 490 feminicidios en todo el país, una cifra que se traduce en un promedio de prácticamente tres casos diarios.

Rebote. El peor mes del sexenio de Andrés Manuel López Obrador fue el primero: diciembre. Registró 101 víctimas (siete cada 48 horas). Desde ahí, los registros oficiales del Gobierno federal se mantienen entre 73 y 88 casos cada mes.

Jalisco. Nuestro Estado registra 21 feminicidios en lo que va del sexenio de Enrique Alfaro. Equivale a un caso cada ocho días. En todo el año 2018 la Fiscalía estatal registró 32 víctimas.

Forense. Por su parte, el Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses ha practicado 97 autopsias a mujeres.

Expertos concluyen que la Alerta de Violencia de Género parece no dar resultados en Jalisco. EFE/Archivo

El hogar, principal sitio en donde las mujeres son asesinadas en ZMG

Adentro de una finca de la colonia El Vergel, en Tlaquepaque, una familia fue hallada muerta. Sucedió el 23 de mayo de 2018. Las víctimas: una mujer y sus dos hijos, de ocho y cuatro años. El padre, según las primeras pesquisas, fue quien los mató y, acto seguido, se suicidó.

De los 87 homicidios de mujeres registrados en la metrópoli durante 2018, 47.1% ocurrió adentro de la vivienda de la víctima; prácticamente la mitad de los casos.

Según el estudio “Mujeres víctimas de homicidio en el Área Metropolitana de Guadalajara: contextos y mecanismos”, presentado por el investigador de la Universidad de Guadalajara (UdeG), Guillermo González, y el doctorante por la misma casa de estudios, Antonio Reyna Sevilla, 48% de las agresiones, además, tuvo su origen en un contexto familiar.

Por otra parte, se destacó que las armas de fuego fueron la principal causa del asesinato: ocho de cada 10 víctimas perecieron tras ser heridas de bala. Una de las conclusiones más importantes es que existe una “alta probabilidad” de que el agresor pertenezca a un círculo cercano: pareja, familia o trabajo.

“Las características en común de estos homicidios deberían ser consideradas en aquellas estrategias diseñadas para afrontar esta problemática. En aquellos contextos o colonias en las que ya hay un antecedente de mujeres que han sido víctimas de homicidio o violencia, llámese intrafamiliar, de pareja u otra, uno podría esperar que allí se registre una mayor incidencia de homicidio. La idea sería intervenir y modificar, brindar protección a las mujeres que ya tienen este antecedentes”, dijo Reyna Sevilla.

Por su parte, Guillermo González dijo que el estudio revela que hay políticas, como la Alerta de Violencia de Género contra las Mujeres (AVG), que parecieran no tener resultados porque los riesgos que tiene una mujer de ser víctima de homicidio cada vez son más altos.

“Creo que tenemos un problema en cuanto a que las políticas públicas en el caso de los homicidios se siguen entendiendo como políticas de la Policía y la seguridad pública, y no se entiende que tiene que haber un enfoque intersectorial para atenderlos”, concluyó.

La lucha en contra de su agresor… y la burocracia

Tras quebrar una ventana con sus manos, María José gritó y alertó a todo el edificio. Un esguince en el cuello, la palma llena de sangre y con un agujero en donde le encajaron un desarmador, moretones y rasguños fueron el resultado de un intento de violación.

Su agresor tocó a su puerta y le pidió un vaso de agua. Sucedió en abril, y tras la pelea, el victimario intentó huir, pero los vecinos de la colonia Ciudad del Sol lo atraparon, le tomaron fotos y lo llevaron a la Fiscalía estatal.

A ella se la llevó una ambulancia, y después de las primeras atenciones puso una denuncia, pero a Majo, como la llaman, le dijeron que ésta tendría que ser por allanamiento de morada, acoso sexual, lesiones y amenazas, y no por intento de homicidio.

¿La razón? Ninguna herida atentó contra su vida, a pesar de que el desarmador iba directo a su cabeza. Tampoco podría denunciar intento de violación: “(El agresor) no tocó mi vagina”.

Demoró cerca de 12 horas. Cuando salió del edificio estaba exhausta y adolorida. Ella es parte de los 23 casos de violencia al día que la Fiscalía contabilizó entre enero y mayo de este año: tres mil 512 en total. En 2018 fueron nueve mil 815: 20 cada 24 horas.

Majo cree que “la violencia genera más violencia”. Ama la vida y, por eso, confió en que las autoridades harían lo suyo. Pero le fallaron. Esperaron a la segunda audiencia para “detenerlo” y no llegó. Su atacante se fugó.

“Me da coraje saber que se tenía todo para encerrarlo y se le dejó ir, cuando estoy segura de que no soy la primera. Yo me supe defender, pero ¿y una niña? ¿Alguien con miedo? ¿Todas las que habrá si no lo encierran?”, reclamó.

En 2018, prácticamente la mitad de los homicidios sucedió en el interior de la vivienda. EL INFORMADOR/Archivo

El terror de subirse a un camión

La primera memoria de acoso sexual para Montse está en sus 18 años. Sucedió a bordo de un camión, en la ruta que toma a diario desde que era niña.

En aquella ocasión la unidad iba casi vacía. Solo estaban dos personas adelante. Luego abordaron dos más.

Cuando ella iba a bajar por la parte de atrás, lo vio. Era un hombre de unos 40 años, delgado, moreno y, según recuerda, notablemente sucio. Tenía pintura en su pantalón, en las manos y otros manchones que habían salpicado su camiseta blanca. Se tocaba a sí mismo, incluso con mayor énfasis después de que ella lo vio.

Una niña de unos seis años, y su mamá, estaban al lado. “Para que la niña no lo viera yo solo movía mis brazos”.

Montse no dijo nada. El shock no la dejó. “Tenía miedo, asco, enojo… Sentí tantas cosas que me quedé callada. Me bajé del autobús y aún sentía su mirada. Lo único que hice fue sacarle el dedo por la ventana. Él sólo sonrió”.

Rato después, cuando se fue a sus clases de inglés, sólo pensaba en lo que le acababa de ocurrir y en su receso no aguantó. Le contó todo a un amigo y comenzó a llorar. “Nunca me sentí tan mal. Estuve un tiempo así, sobre todo imaginando que la niña podría haber sido mi hermana, quien entonces tenía unos 10 años. No quería dejarla sola ni un momento, no quería que saliera y si teníamos que usar el camión nunca nos íbamos hasta atrás. A veces pienso que más pude haber hecho ese día”.

Siete años han pasado desde entonces, y para Montse, como a muchísimas mujeres más en la metrópoli, el terror de subirse a un camión crece día con día.

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