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Miércoles, 26 de Junio 2019

"En medio del fuego uno se siente insignificante"

En el incendio registrado el 12 de abril en La Venta del Astillero, Juan Enrique vio llamas que medían “casi 80 metros de alto”
 

Por: El Informador

"En medio del fuego uno se siente insignificante"

Durante la presente temporada de estiaje, los incendios forestales no han dado tregua a los bomberos y brigadistas de nuestra Entidad. Y si bien es evidente que el agua es el principal elemento para hacerles frente, pocos saben que un combatiente forestal encara al fuego principalmente con herramientas manuales y a muy pocos metros del siniestro.  

Dependiendo del lugar donde se registre la conflagración, los brigadistas forestales caminan varios kilómetros entre brechas y veredas hasta encontrarse con el fuego. Allí es donde pondrán en práctica sus habilidades para apagarlo con palas, hachas y rastrillos.

Juan Enrique Ortiz es uno de esos brigadistas. Lo ha sido desde 1997.

Juan Enrique Ortiz es un brigadista de tercera generación. EL INFORMADOR / R. Bobadilla

“Quique”, como le dicen sus compañeros de brigada, nació en el poblado de La Primavera, en Zapopan. Por eso conoce el bosque “de arriba a abajo”, lo que lo ayuda a saber por dónde moverse cuando debe combatir algún incendio. Su abuelo y su padre también fueron combatientes forestales, así que el amor a su trabajo viene de herencia.

De hecho, muchos de los habitantes del poblado La Primavera son combatientes forestales; algunos de ellos voluntarios y otros más laborando en algunas dependencias.

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- ¿Qué es lo que más le gusta de ser un combatiente forestal?  

- Mi trabajo es muy emocionante. Disfruto cada vez que voy en camino a combatir un incendio. Me llena de adrenalina ir al bosque y enfrentarme con las llamas. Algo que es muy importante es el apoyo de los compañeros, porque todo se trata de comunicación y trabajo en equipo; uno no podría hacerlo sin el otro. Hay que cuidarse las espaldas en todo momento. A mí me llena de orgullo mi trabajo porque es muy riesgoso, porque no cualquiera le entra. Esta labor es muy importante para todos porque hay que proteger los bosques y los bosques son vida para todos. Hasta ahora mi mayor satisfacción es que ninguna persona ha resultado lesionada o que no ha habido algún accidente fatal, porque las pérdidas duelen.

- ¿Cómo es su jornada de trabajo?

- Desde que inicia la temporada de estiaje sé que ya no voy a parar hasta que termina. A pesar de que se supone que tenemos un horario, prácticamente estamos disponibles las 24 horas. Si hay alguna emergencia y necesitan que vayamos a atenderla, lo hacemos. Algunas veces los combates pueden durar horas, otras veces días. Lo más que yo he durado en un combate son cinco días sin bajar a descansar ni ver a mi familia. Fue en el incendio de La Primavera en 2005. Cayó la noche, luego el día, luego la noche y así se pasaron los días. Así nos la pasamos toda la temporada y luego viene la época de reforestación, que es algo contrario a los incendios; allí nos dedicamos a reparar los daños. Hay que dejar que se hidrate bien la tierra para que haya mucha humedad y sea efectiva la plantación, porque se trata de plantar con conciencia.

En medio del fuego uno se siente insignificante porque el monstruo que hay que contener es muy grande, pero con la ayuda de los compañeros se va haciendo pequeño, porque cuando el incendio va creciendo, también va creciendo el apoyo, se va sintiendo uno más fuerte

 - En estos 22 años, ¿cuáles considera que han sido los incendios más críticos para La Primavera?

- Ha habido varios, pero en el 2005 fue uno de los más pesados y más críticos, cuando en toda la ciudad cayó ceniza y que, siento yo, ha sido el que más consumió parte de La Primavera. Otro fue en el 2012 y ahora los que ocurrieron este 2019.    

 - ¿En cuáles incendios de esta temporada de estiaje participó y cuáles fueron los más peligrosos?

- Este año fue uno de los más críticos porque hubo mucho viento y eso nos pone en riesgo cuando estamos combatiendo. De los más fuertes en los que me tocó participar fue en La Venta del Astillero, el del 12 de abril, que llegó hasta el Cerro Alto. El de Pinar de la Venta, que estuvo ahí a un costado de La Venta del Astillero, el que casi llegó a las casas. En Los Asadores, del lado de Tlajomulco en El Palomar, donde estuvo muy crítico y hasta llegó la Sedena a apoyar. Fueron los cuatro más fuertes, pero algo que me marca mucho es donde hay casas; uno se preocupa más porque hay que proteger las casas y la vida de las personas.

Algo que me sorprendió mucho de este año, que nunca había visto en mi vida, fueron llamas con una altura de casi 80 metros en el incendio en La Venta del Astillero. Fue muy impresionante ver eso.

- ¿Qué es lo que piensa cada vez que sale a combatir un incendio forestal?

- Cuando nos avisan que vamos a un incendio a combatir se siente una adrenalina muy fuerte, pero uno se tiene que mentalizar hacia dónde va. Tiene que estar uno alerta. Si hay casas cerca, saber que vamos con mucho cuidado porque puede haber tanques de gas. Uno siempre va con cuidado, pero siempre pensando en la seguridad de todos, incluyendo al compañero que siempre va a un lado. Uno tiene que ir bien concentrado. Cuando uno va en camino ya va pensando por dónde se va a meter y hacia dónde se puede contener el fuego. Uno va viendo también en el camino las características del humo, hacia dónde va, si es muy oscuro es que el fuego va corriendo rápido, o si es muy claro quiere decir que se está quemando vegetación con mucha agua.  

- ¿Qué siente cuando está combatiendo el fuego? ¿Hay algo que le preocupe en esos momentos?

- Uno tiene que estar concentrado en lo que está haciendo. Algunas veces se pierde la noción del tiempo y no podemos bajar a comer hasta que terminamos de combatir. En medio del fuego uno se siente insignificante porque el monstruo que hay que contener es muy grande, pero con la ayuda de los compañeros se va haciendo pequeño, porque cuando el incendio va creciendo, también va creciendo el apoyo, se va sintiendo uno más fuerte. Por eso no me preocupo tanto por mí, me preocupo por las personas cuando hay casas cerca y corren riesgo, porque desconocen el riesgo y no se cuidan, no quieren dejar sus propiedades. Uno ahí sabe cómo moverse, pero ellos no.  

- ¿Y su familia? ¿Tiene temor de saber si volverá a casa a verlos?

- Mi familia entiende cuáles son las jornadas de mi trabajo, además saben que me gusta y les gusta verme feliz. Mi esposa es la que más se preocupa por mí, muchas veces no se duerme hasta que llego, pero ella es la que más me apoya, también está al pendiente del radio cuando yo me quedo dormido, me ayuda a preparar mi mochila cuando voy a salir. Cuando estoy mucho tiempo afuera, en combate, también los extraño pero a veces hay que sacrificar algo de tiempo, más en esta temporada, y cuando se puede estar con ellos hay que disfrutarlos al máximo. Las dos cosas me dan mucha satisfacción. Cada que salgo de mi casa a algún combate, sé que podría pasar que no regrese. No me da miedo, pero sé que podría pasar. Y si algo me pasa, me va a pasar haciendo lo que me gusta, esa es la verdad.

Superan récord de 2018

Hasta el 14 de mayo, el Área Natural Protegida (ANP) del Bosque La Primavera sumaba 47 incendios. El número representa 10 episodios más que todos los ocurridos durante la temporada de estiaje de 2018, de acuerdo con el Organismo Público Descentralizado (OPD) del bosque. Sin embargo, la superficie afectada representa apenas la mitad de la que se dañó el año anterior. Hasta esa fecha, en 2019 sumaban mil 412 hectáreas quemadas, contra tres mil 056 del año pasado. 

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