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Jueves, 21 de Junio 2018

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Un pericazo de redes sociales, por favor

Por: Sergio Aguirre

Un pericazo de redes sociales, por favor

Un pericazo de redes sociales, por favor

Ya hablaba hace algunas semanas sobre cómo funcionan los algoritmos o fórmulas determinadoras del contenido de publicidad en las redes sociales y la forma de utilizarlos para intervenir en los procesos electorales por parte —a pesar de las burlas muy preocupantes del lopezobradorismo—, de Rusia en los procesos electorales de EEUU y sus aliados, y la Unión Europea entre otros (https://goo.gl/py1dTs).

Me refería a un texto de Roger McNamee en el Washington Monthly (https://goo.gl/QBMvej), uno de los cofundadores de Facebook, acusando su preocupación sobre la forma de vender mejor la propaganda de acuerdo a las preferencias de cada uno. Algo así como no solo darnos el avión, sino de vendernos el avión, dándonos el avión. Y no solo desde Facebook, sino desde Google y otras redes. Nosotros —o sea nuestra información—, como mercancía.

Me encuentro un poco después de su publicación en el diario El País en su sección tecnológica, un texto de Joseba Elola (https://goo.gl/Hc85Wc) sugerentemente titulado “Rebelión en las redes sociales”. Comienza platicando ni más ni menos sobre Sean Parker, fundador de Napster (la primera plataforma para compartir música afectando de forma dramática a las disqueras) y el primer director de Facebook. Igual cómo McNamee, también se arrepiente. Pero aquí el tema es el conocidísimo like. Y cómo descarga dopamina, y con ello el efecto de tenernos pegados a la plataforma. Y lo hicieron sabiéndolo. Para tener más posibilidades de vendernos el avión a nuestra medida. Yo que me la doy de recomendar libros para no ser engañados (https://goo.gl/mYp6gP), no me había dado cuenta ni de lejos de eso tan sutil. En otras palabras: convirtieron a las redes sociales en drogas. Con un conocimiento del funcionamiento de nuestra mente y sus vulnerabilidades al nivel de lo tenebroso.

Me recuerdo cuando por ejemplo descubrí twitter. Me quedé lo más asombrado. Vi ahí una oportunidad de algo muy relevante. Fue la horizontalidad total de medios y personas. La creación de las redes profetizadas, por ejemplo por Castells en sus libros ahora de culto. Ya todo mundo podía tener voz. Con una modificación brutal en la creación de la opinión pública. De arriba para abajo y de abajo para arriba al igual. Todos conectados. Aprendiendo unos de los otros. Debatiendo. Conociéndonos. Incrementando exponencialmente nuestras relaciones sociales. Y así funcionaron las redes. Por algún tiempo.

Pero ahora, con el uso descarado de nuestros datos para darlos una sopa de nuestro propio chocolate está pasando lo contrario. Esas plataformas que antes nos abrieron ahora nos están cerrando, incluso separando. Nuestros prejuicios son confirmados, no cuestionados, para estar ahí y vendernos el avión. Y si a eso agregamos las noticias falsas, malas vibras y demás manipulaciones —y más las políticas—, bueno.

¿Qué hacer? Algunos proponen atacar el problema desde la ley mediante mecanismos anti monopólicos. Otros, abandonarlas. ¿Manejarlas diferente? No tengo ni idea. Son preguntas en extremo complejas. Es como llegar a una biblioteca y nomás pisando la entrada, el bibliotecario te entrega el libro que él cree más te va a gustar. Y ese lo tienes que leer. ¿Como lograr ir a la biblioteca y nos dejen buscar el libro que necesitamos y no el libro que el bibliotecario cree nos va a gustar más?

Esa es la pregunta.

sergio@aguirre-consultores.com.mx / @seraguirre)

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