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Jueves, 18 de Octubre 2018

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Sobre los salarios

Por: Luis Ernesto Salomón

Sobre los salarios

Sobre los salarios

La política salarial de México se ha convertido en un tema de debate público dentro y fuera del país.

La presión externa ha crecido para que las autoridades tomen medidas ante el rezago de los salarios mínimos, y la agenda electoral ha recogido la inconformidad laboral de muchos sectores.

Ante eso vale la pena recordar que los salarios bajos ha sido un componente constante en la política económica a partir de los años sesenta del siglo pasado. Los episodios inflacionarios distorsionaron el poder adquisitivo y a partir de fines de los noventa se ha registrado un estancamiento del salario mínimo que ha perdido no solamente su valor, sino que cada vez menos personas realmente lo reciben.

El control clientelar de las organizaciones sindicales fue factor importante para controlar la inflación y el establecimiento de topes a los incrementos salariales funcionó durante alguno tiempo como mecanismo de contención de la inflación.

La apertura comercial produjo un intercambio enorme en el mercado global, e interconectó a las empresas, aumentó en muchos sectores la productividad, mientras que en otros el efecto fue devastador, produciendo una transformación económica de tal calado que México es la economía 14 del mundo, una potencia exportadora, pero al mismo tiempo carece de un mercado interno robusto, en parte por la poca capacidad de compra de sus habitantes.

Ante esto se ha plantado un aumento al salario mínimo por parte de la propia organización patronal, y las organizaciones sindicales de Canadá y Estados Unidos presionan a sus gobiernos para que el tema sea discutido en las negociaciones del TLCAN.

Y aunque los salarios no son un tema esencialmente comercial, sí constituyen un factor esencial en el conjunto de tres economías fuertemente integradas.

Por eso se plantea formalmente la necesidad de establecer medidas para conseguir que los salarios reales que perciben los trabajadores mexicanos se acerquen con el paso del tiempo con los de sus colegas del Norte.

La brecha es enorme dado que según estudios el salario promedio por hora en la industria manufacturera en México es de 2.9 dólares la hora en comparación con los 26 dólares que se pagan en Estados Unidos. La cuestión no es un tema que se puede resolver por decreto, ya que los salarios dependen en gran parte de acuerdos contractuales, que casi todos están por encima del mínimo.

Sin embargo, mucho se puede hacer en los sectores vinculados al sector externo para establecer medidas que tiendan al equilibrio. Y las autoridades también tienen espacio para establecer incentivos para evitar la simulación del pago de salarios mínimos que se complementan con propinas y otros ingresos no declarados.

Más aun, en la economía informal, en donde los salarios no son conocidos ni forman parte de las estadísticas, está gran parte de la solución, ya que la incorporación a la formalidad supondría un crecimiento real de la masa salarial efectiva.

El tema también es parte de la agenda política de los candidatos a la presidencia y seguramente se convertirá en un asunto de contraste en su momento.

Lo que es cierto es que cualquier medida para fortalecer los salarios reales será positiva y que el reto de aumentar los ingresos sin provocar inflación es quizá la mayor dificultad.

Pero lo importante es que quizá por primera vez en muchos años un tema estructural para el bienestar, se está planteando con profundidad suficiente como para esperar propuestas imaginativas en los próximos meses, tanto de parte de las autoridades en las negociaciones, como de los actores políticos de cara a los comicios.

De la forma como se plantee una solución con responsabilidad va a depender en gran medida la posibilidad de hacer crecer la economía. Habrá que estar atentos a este tema esencial.

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