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Domingo, 18 de Noviembre 2018

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Salvador Martínez Garza, o el arte de ver el futuro

Por: Raúl Romero

Salvador Martínez Garza, o el arte de ver el futuro

Salvador Martínez Garza, o el arte de ver el futuro

Donde sea que esté, Salvador Martínez Garza seguramente sonrió el pasado viernes cuando fue anunciado de manera oficial que su empresa patrocinará por 10 años a Chivas, el equipo que amó intensamente y que presidió entre 1993 y 2002.

El empresario dedicado al ramo de lubricantes nació en Monterrey, pero llegó desde niño a Guadalajara. Arrendó el equipo rojiblanco en un periodo de dificultad y creó las “Súper Chivas”, una escuadra de estrellas que pasó a la historia a pesar de ganar sólo un título de Liga.

Para entender la revolución que significaron Martínez Garza y su Promotora Deportiva Guadalajara basta recordar un par de reacciones. “Financieramente somos muy malos. Ahora ya hasta vamos a aprender administración de empresas” dijo Juan José Gómez Álvarez, consejero del Club Guadalajara en la víspera de la firma del contrato de arrendamiento, como si la administración fuera una materia totalmente ajena a un equipo de futbol.

Rodolfo Caloca, el cartonista de EL INFORMADOR, comentó el arrendamiento del equipo dibujando una Chiva de frac y sombrero de copa con la leyenda “no lo puedo creer, no concibo aceptar: ¡Una Chiva rica!” 

La idea de un equipo de futbol como empresa y la inversión copiosa de un grupo industrial como medio para alcanzar la excelencia deportiva son dos ideas que hoy parecen elementales, pero Martínez Garza fue uno de los primeros en aplicarlas cuando tomó el mando del equipo del que se enamoró a los ocho años.

El empresario sabía mucho de negocios, pero no tanto de futbol. Cuando inicia su aventura hace lo que haría cualquier dirigente industrial: contrata a los mejores elementos que su dinero puede pagar. Llegan Alberto Coyote, Missael Espinoza, Ramón Ramírez, Claudio Suárez. Por el banquillo pasan Alberto Guerra, Osvaldo Ardiles, que venía de dirigir al Tottenham de Inglaterra, y Leo Beenhakker, que ya había triunfado con América.

La estrategia parece lógica, pero los ansiados campeonatos no llegan. Tras sólo tres años a la cabeza del Guadalajara, Martínez Garza ya da señales de fatiga. “Por supuesto que cansa, ya que uno tenía otras expectativas y finalmente los resultados positivos no se presentan”, dice en 1996.

La suerte le sonríe en el Torneo de Verano de 1997. El Guadalajara obtiene su décimo campeonato de la mano de Ricardo Ferretti, que hasta entonces sólo había dirigido a los Pumas y nunca había ganado un título. Es una Final memorable: Guadalajara le pasa por encima a Toros Neza  con un brutal 6-1 (7-2 global). Durante esa tórrida tarde de junio la visión de Martínez Garza brilla en todo su esplendor.

Por desgracia, el éxito no estaba destinado a repetirse; las Chivas de la Promotora no volverán a ganar un título. El Rebaño obtiene un subcampeonato en el Invierno de 1998, pero a las “Súper Chivas” les siguen muy pronto las “Chivas Flacas”. Ramón Ramírez y Joel Sánchez se van al América. Al Rebaño llegan Luis García, Ricardo Peláez y Carlos Hermosillo, todos con pasado azulcrema.

El reinado de Martínez Garza se cierra de manera anticlimática, devolviendo el equipo un año antes de lo previsto ante la insistencia de un nuevo e intrépido dueño que promete su propia versión de las Súper Chivas, con las mejores guasanas del mundo incluidas.

Aunque el balance de la gestión de Martínez Garza no es del todo positivo, sus innovaciones no pasaron desapercibidas. Los equipos del Norte tomaron nota de sus aciertos y fallas e implementaron una estrategia similar, usando como respaldo el imponente poder económico de sus empresas. El presente y el futuro del futbol mexicano se parecen mucho al proyecto de Martínez Garza, quien falleció en 2015.

No es una casualidad que Santiago Martínez de la Torre, hijo de Martínez Garza, haya sido en algún momento presidente de Tigres. Tampoco es casual que Ricardo Ferretti, el técnico que ganó el único título de la era de la Promotora, sea el artífice de la gran década de los felinos.

Según un proverbio, nadie es profeta en su tierra. Tal vez por eso fueron otros los que acabaron dando uso a la hoja de ruta de Martínez Garza, quien, donde sea que esté, tal vez se complace ante su simbólico regreso a las Chivas y sonríe al pensar en otro refrán, mucho más pambolero: el futbol da revanchas.

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