Viernes, 14 de Mayo 2021

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Saldos de la guerra en Jalisco

Por: Rubén Martín

Saldos de la guerra en Jalisco

Saldos de la guerra en Jalisco

Ni el cambio de autoridades tanto federales como locales hace un año, ni la constitución de nuevas fuerzas de seguridad o estrategias distintas ha podido contener la guerra en Jalisco. Por el contrario, 2019 es el peor año de la historia reciente del estado en las distintas formas de violencia organizada: asesinatos violentos, desapariciones y feminicidios.

En homicidios intencionales, el año que está a punto de irse, terminará con más de dos mil 500 asesinatos violentos, casi dos terceras partes de ellos por armas de fuego. Los homicidios cometidos en este año superan más de dos a uno lo que se cometieron hace diez años.

La violencia hacia las mujeres y el número de feminicidios también terminarán al alza en 2019 con casos tan terribles como el asesinato de Vanesa Gaytán Ochoa, en abril pasado, cometido por su pareja justo afuera de Casa Jalisco. Por este caso y otros feminicidios, la Comisión Estatal de Derechos Humanos ha emitido una recomendación en la que llama a la autoridad estatal a brindar más protección a las mujeres que han denunciado violencia y crear una estrategia metropolitana para las mujeres con órdenes y medidas de protección a través de “Pulsos de Vida”.

Todas las aristas de la violencia organizada que se expresan en Jalisco son preocupantes, pero ninguna tan dolorosa como la desaparición de personas, que lamentablemente sigue al alza en Jalisco. Según el Sistema de Información Sobre Víctimas de Desaparición, hasta el 30 de noviembre pasado hay ocho mil 601 personas desaparecidas o no localizadas, según la distinción que hace el Gobierno de Jalisco con la que las familias organizadas están en desacuerdo.

Pero la cifra es mayor, según la información oficial que ha solicitado el Centro de Justicia para la Paz y el Desarrollo, A.C. (Cepad), que reporta más de nueve mil desaparecidos en Jalisco, lo que sitúa a la Entidad entre los dos o tres estados con más casos de todo el país.

Un aspecto relacionado con la crisis de desaparición de personas en Jalisco es la multiplicación de las fosas clandestinas en todo el Estado. En este año asistimos a un fenómeno en ascenso que fue la multiplicación de fosas en colonias dentro del área metropolitana de Guadalajara, no en zonas periféricas como ocurría anteriormente. Pero no sólo son centros de enterramiento clandestino. La detección y ubicación de varias fincas con personas desaparecidas y fosas clandestinas reveló la existencia de verdaderos centros de exterminio en barrios populares de la ciudad. Muchas veces los vecinos de un barrio hacían su vida cotidiana sin imaginar que a un lado se desaparecía y asesinaba a personas.

Ha sido un año terrible y peor aún la respuesta de las autoridades a esta desgracia. Antes que asumir su responsabilidad, el Gobierno del Estado ha impuesta una política que parece justificar esta violencia, por un lado criminalizando doblemente a las víctimas y con el discurso de que “se matan entre ellos”. Este discurso parece mandar el mensaje que los que desaparecen o mueren en esta violencia exponencial y absurda no importan, que son cuerpos o personas desechables.

Esto es lo peor de esta violencia organizada que padecemos en Jalisco, una postura política que parece desechar o prescindir de ciertas personas. Un análisis más detallado de los desaparecidos y asesinados podría indicar que no se trata de un violencia generalizada a toda la sociedad; esta violencia se centra especialmente en los más jóvenes (hombres y mujeres) y en los más pobres. Es una guerra contra los jóvenes y los pobres y los gobiernos, en lugar de detenerla, están administrando esta guerra por negligencia o por conveniencia. 

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