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Viernes, 20 de Julio 2018

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¡Representantes artificiosos!

Por: Xavier Toscano G. de Quevedo

¡Representantes artificiosos!

¡Representantes artificiosos!

“Cuatro actores, ocho reses —no hablo de toros bravos— y una plaza semivacía”. Seguramente éste sería el encabezado, y al mismo tiempo la crónica —no hay material loable— de uno más de los festejos mediocres, anodinos e intrascendentes realizado el pasado domingo en el Centro de nuestro país.      

¡Qué poca sustancia se vio, es más exacto decir, nula! - ¡E igualmente que escases de festejos programados! - ¿Habría más? Y es que se ha vuelto algo recurrente en todos los años de este nuevo siglo —pero hoy refirámonos únicamente a las ultimas semanas de este agónico año— el ver las alarmantes cifras negativas en la programación de festejos en los diferentes cosos del país. Los números son fríos y exactos, no permiten variaciones: dos más dos son cuatro, y uno menos uno equivale a cero. Así que, alterarlos, ni el más hábil de los prestidigitadores —y miren que estos “personajes” en la fiesta abundan— podrá hoy en día inventar lo que no ha existido.

Tratando de encontrar alguna justificación de esta alarmante realidad, podríamos pensar en la delicada, inestable y penosa situación social por la que estamos atravesando en estos momentos —es más exacto decir, en los últimos cinco años—, agregando además a este embarazoso escenario, las difíciles condiciones económicas que han hundido no solamente a muchas empresas y negocios, sino que del mismo modo viene afectando a la mayor parte de la población.

Inequívocamente está aconteciendo así, y lo aceptaremos como una potencial excusa de la abrupta reducción en el número de festejos, pero no por ello olvidaremos el gravísimo y decadente escenario actual que se vive dentro del empobrecido espectáculo taurino —deberíamos escribirlo con letras más pequeñas— en todo nuestro territorio.

Hoy es muy difícil —más bien imposible— encontrar en alguna de las plazas un espectáculo que verdaderamente colme y sacie de entusiasmo a los aficionados y demás asistentes. Y es que “todas” son tardes en las cuales la trama y el contenido están a muchos años luz de lo que son las auténticas “corridas de TOROS”. ¿No será por ello que las plazas lucen sus gradas vacías?   

Y por si fuera poco, el colmo de nuestro trágico entorno se dramatiza con la falta absoluta y total de toreros importantes en nuestro México. Ya que una legítima figura nacional es imposible encontrarla, y aunque insulsamente algunos promotores intentan vender la idea de que contamos con supuestos y maravillosos ¿toreros?,  nuestra realidad es que está más que corroborado que son simples “representantes artificiosos”, que no son aceptados por los aficionados, e igualmente ignorados por el público.  

Triunfar en la vida, y ser aceptado por las personas, no es tarea fácil, es algo que no se consigue con triquiñuelas, y mucho menos con palabrerías apócrifas. Lograr en esta dificilísima y ardua profesión convertirse en “figura” —esas que buscan y aplauden con entusiasmo los aficionados— es patrimonio exclusivo de los grandes. Cuántas historias hay de hombres y mujeres que se han esforzado y sobrepuesto a infinidad de eventualidades y tropiezos, para finalmente poder destacar y sobresalir en la vida, dando ejemplo de férrea voluntad, para finalmente alcanzar el pódium de los héroes. Así es el camino, y seguramente será más complicado para un torero; ¡Sí, hablemos de un torero, sin artificios!

Estemos atentos y no permitamos, o cuando menos no participemos durante la “elaboración” de imágenes ficticias. Los triunfos que dejan huella y queda su imagen grabada en la historia, exclusivamente se lograrán cuando los actores —léase toreros y ganaderos— dejen de cometer sus aberrantes caprichos y triquiñuelas, y se conduzcan por un camino en el que verdaderamente satisfagan a los aficionados y público, a los cuales se deben.

Empero, esto será el día que acepten que en este sorprendente y mágico mundo de la tauromaquia, solamente se valorarán los éxitos cuando esté presente en todos los ruedos su Majestad El Toro Bravo.

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