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Martes, 18 de Diciembre 2018

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Óscar García Manzano y el centro: un agradecimiento

Por: Juan Palomar

Óscar García Manzano y el centro: un agradecimiento

Óscar García Manzano y el centro: un agradecimiento

Hace algunos meses se murió Óscar García Manzano y Pérez Múgica. Un hombre controversial, entusiasta, pragmático y a la vez poseído por una visión. Ocupó diversos puestos públicos, pero se distinguió sobre todo por su iniciativa por renovar el centro con su proyecto “Cien Manzanas” durante el decenio de los noventa. Fue, en años, el único esfuerzo estructurado por mejorar al primer cuadro desde la peatonalización de algunas calles adyacentes a la Plaza de Santo Tomás que el arquitecto Salvador de Alba realizara en los años setenta, y que fue, por cierto un éxito que llega hasta nuestros días.

Las “cien manzanas” pretendían renovar la imagen y activar los usos de una extensa área del centro de la ciudad. Desde el principio, tal esfuerzo fue criticado y obstaculizado por diversos actores urbanos…sin ofrecer ni alternativas ni razones sólidas para oponerse a una iniciativa que, en esos años, resultaba de extrema urgencia para revivir un centro con muy graves carencias sociales, económicas y patrimoniales.

Sin embargo, García Manzano y su equipo acometieron con energía la primera de las áreas seleccionadas: el barrio de las Nueve Esquinas. Al efecto, plantearon una renovación integral de la imagen urbana como motor de una transformación barrial que, a pesar de los pesares, se dio. Al día de hoy se pueden ver todavía los resultados. Se criticó la intervención, no sin parcial razón, de escenográfica. Pero también se realizó una intensa labor social y vecinal para contar con el apoyo y la colaboración de los vecinos. La autoridad municipal, ante las oposiciones, actuó tibiamente.

El cacareado “desplazamiento” de los negocios y los habitantes del barrio ocurrió de manera mínima. Las birrierías e imprentas tradicionales siguen operando, con ventaja, hasta el día de hoy. La vendimia de pitayas y el pequeño comercio también. Para cualquier mirada desprejuiciada, el entorno general mejoró radicalmente. Las “escenografías” fueron más bien pocas, y bien miradas, se justifican parcialmente ante el deterioro general que anteriormente reinaba en la demarcación. ¿O se prefería esa decadencia, en aras de la letargia comodona?

¿Por qué se detuvo el programa? A la distancia es posible decir que el establishment urbano de la ciudad se opuso y se generó así un clima adverso a las acciones de regeneración. ¿Pero qué proponía el tal establishment a cambio? Nada. Como siempre, nada. La prueba es que, hasta el régimen municipal 2006-2008 no hubo ninguna acción de calado para renovar el centro. Se impuso la inacción mediocre, la envidia, la ortodoxia farisea. Y el deterioro continuó. Se acusó a García Manzano, sin pruebas tangibles, de aprovechar las obras en beneficio personal. Es cierto que no fue afortunado el establecimiento de su restaurante -pagado con sus propios fondos, pero sujeto a malas interpretaciones- en la zona.

Pésele a quien le pese, y a la distancia de las décadas, la iniciativa de Óscar García Manzano fue un ejemplo de que algo se podía hacer por el centro, contra viento y marea. ¿Qué otro empresario ha hecho, desde el sector privado, algo parecido? Este es un modesto homenaje, motivado por la perspectiva histórica y la mejoría del barrio de las Nueve Esquinas, para un hombre que tuvo el valor y la energía de acometer -con los bemoles que se quiera- la promoción y el mejoramiento del centro tapatío, ése que aún hoy requiere de tanto apoyo e iniciativas frescas y eficaces.

jpalomar@informador.com.mx

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