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Lunes, 10 de Diciembre 2018

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Los barrios como clave genética

Por: Juan Palomar

Los barrios como clave genética

Los barrios como clave genética

El medio urbano está, por naturaleza, sujeto a múltiples desgastes. Factores climáticos, uso normal o extraordinario de sus componentes, acción del mismo paso del tiempo. Es entonces natural que una continua labor de manutención, una larga serie de cuidados, sean necesarios para mantener las condiciones de habitabilidad de los entornos citadinos. Desde los más sencillos hasta los de mayor calado.

Los contextos barriales han sido, a través del tiempo, un ejemplo de la multitud de medidas necesarias para el transcurso ordenado y razonable de la vida cotidiana. Arreglos y mantenimientos de cada habitación, cuidados de sus condiciones fisonómicas, limpieza y arreglo de las banquetas, procuración de un arbolado adecuado. Lo anterior, llevado a cabo por los particulares, que así dan continuidad a las sanas costumbres que avanzan generación tras generación, instaurando y renovando un sentido de comunidad, de pertenencia a un grupo humano que se afana en conservar la pertinencia de sus contextos vitales.

Por otro lado, corresponden al Ayuntamiento las labores generales del mantenimiento de calles, recolección de basura, alumbrado, cuidados forestales y otros. Es una tarea que no termina, que con altas y bajas ha logrado durar a través de las administraciones, que supone un esfuerzo -al final colectivo- que garantiza la buena marcha de la ciudad. La adecuada confluencia de los trabajos particulares e institucionales da como resultado entornos urbanos capaces de sustentar adecuadamente el devenir de las comunidades.

Lo anterior se aplica, como se mencionó, a la vida barrial. A entornos citadinos poseedores de una identidad, de una condición compacta y reconocible, a los grupos humanos que allí se integran y, de manera consciente, mantienen con sus modos de vida uno de los muchos enclaves que conforman el medio urbano. Por oposición, está el crecimiento de los tejidos citadinos que carecen de los medios mínimos para asumirse como una comunidad integrada y funcional. El descontrolado crecimiento de la ciudad ha dado pie a numerosos ejemplos de ello. La dispersión urbana, por desgracia tan frecuente, conlleva el deterioro general del territorio, el encarecimiento y la dificultad en la provisión de servicios, los graves problemas de movilidad, entre otros factores. Quizás el más importante de ellos, y al mismo tiempo su raíz, es la ausencia de un sentido de comunidad y arraigo que pueda vertebrar la vida de cada grupo humano de esta manera asentado.

La vida barrial, como se puede comprobar en multitud de ejemplos, es una centenaria vía para una mejor organización urbana, para un más pleno desarrollo de los habitantes. Es necesario revisar su estructura y sus características para impulsar su instauración, acorde con los requerimientos actuales y futuros, en los numerosos tejidos urbanos que aún carecen de los códigos vitales para lograr una adecuada integración, un arraigo y una conciencia de sus propias posibilidades y derechos.

jpalomar@informador.com.mx

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