Miércoles, 29 de Enero 2020
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López Obrador, el administrador de esperanzas

Por: Diego Petersen

López Obrador, el administrador de esperanzas

López Obrador, el administrador de esperanzas

Si en algo es experto el presidente de la república es en repartir esperanzas. A todos les promete y con todos se compromete. No hay problema que no se vaya a arreglar en el corto plazo, ni situación sin solución. Los ahorros, eso que él llama ahorros, se reparten una y otra vez. El problema es que son los mismos recursos, muchos de ellos inexistentes. Dicen sus críticos que López Obrador tiene lógica de abarrotero, mientras haya dinero en la caja lo demás es lo de menos, y en cierto sentido tienen razón. Dicen que no entiende de economía, y a lo mejor es cierto que esa no es su experticia. Pero el tema es más profundo, lo que administra el presidente no son recursos, son esperanzas y una idea de futuro compartido y eso lo hace mejor que nadie.

El caso que más claramente muestra esta visión es el del avión presidencial. Con esos ahorros y esa venta se iban a hacer muchas cosas. La venta no ha llegado, los ahorros son en cualquier caso mucho menores a los esperados, pero el avión fue el símbolo de batalla contra la ostentación del pasado en el primer año de gobierno. Si alguien pregunta dónde está ese capital no busque en Hacienda, se transformó en capital político, ese que es indispensable para generar un cambio y mover esperanzas.

El problema viene cuando “los ahorros” son a costa de las instituciones o peor aún de la salud de las personas. El presidente presume que gracias a las grandes negociaciones de Manuel Bartlett al frente de la CFE el Estado se ahorró 4 mil 500 millones de pesos en contratos leoninos, pero las utilidades de la empresa cayeron 71 por ciento y sus costos de operación aumentaron 32 por ciento solo este año. Hay que ver qué sucede al final del sexenio, pero pueden ser los 4 mil 500 millones más caros de la historia. Las compras consolidadas en el sector salud son otro caso similar. Se presume un ahorro de 5 mil millones de pesos al bajar los precios a los que el gobierno compra los medicamentos. Sin dudar que existían sobreprecios en la venta de medicinas, antes se compraba medicamento puesto en sitio, no en una bodega. Falta ver cuánto nos costará a los mexicanos la distribución o, peor aún, la falta de medicamentos administrados en tiempo y forma. Dicho de otra manera, una parte del ahorro lo pagarán las instituciones que tendrán que distribuir los medicamentos; otra los mexicanos que pagarán la falta de medicamentos con su dinero o en el peor de los casos con su salud.

Aunque suene paradójico, los famosos ahorros nos pueden salir carísimos. Mientras el presidente los convierta en capital político estará feliz y los seguirá presumiendo. Cuando se conviertan en escasez y reclamos… ya buscaremos algún culpable.

(diego.petersen@informador.com.mx)

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