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Miércoles, 19 de Diciembre 2018

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Las dos muertes de Alberto Mario Linker

Por: Raúl Romero

Las dos muertes de Alberto Mario Linker

Las dos muertes de Alberto Mario Linker

El domingo 19 de octubre de 1958 Alberto Mario Linker disfrutaba sus primeros días como adulto. Menos de una semana antes había recibido los documentos que mostraban legalmente que había cumplido ya los 18 años y por lo tanto podía considerarse mayor de edad.

Mario, que era aficionado de Boca Juniors, había planeado ir ese domingo a ver el partido entre su equipo y Huracán, pero se despertó tarde, así que tuvo que conformarse con escuchar el partido en su radio portátil. El partido se jugó en el campo de Huracán, porque la cancha de Boca había sido clausurada algunas semanas antes debido a incidentes entre aficionados y la Policía. El partido terminó empatado 2-2.

Era uno de esos domingos perezosos, cuyo ritmo es marcado por los partidos de futbol que se juegan durante el día. Luego de escuchar el juego Boca-Huracán por la radio, Mario comió con su familia, que tenía dos motivos para celebrar: el Día de la Madre y la recuperación de su padre, que había apenas superado una enfermedad.

Después de comer, Mario tomó una siesta, que se vio interrumpida cuando un vecino lo invitó a asistir al Partido entre Vélez Sarsfield y River Plate. Aunque era seguidor de Boca, Mario era amante del futbol, y aceptó. Como iba a sentarse lejos de su vecino, que iba a estar en los palcos, llevó consigo su radio portátil.

El ambiente afuera del estadio era tenso. Había empujones, peleas, pedradas. Aunque era seguidor de Boca, Mario, que era descrito por sus amigos como una persona pacífica, decidió sentarse junto a los aficionados de River.

Vélez se imponía por 2-1 en lo que era hasta entonces un partido aburrido, cuando el portero comenzó a hacer tiempo para cuidar el resultado.

Los seguidores de River se enardecieron y comenzaron a arrojar objetos al guardameta hasta herirlo en la cara. El árbitro del encuentro decidió suspender el partido, con lo que Vélez se adjudicó automáticamente el resultado.

Lo que siguió fue la guerra. Los seguidores de River invadieron el campo y el encargado de la Policía ordenó lanzar gas a la multitud.

Ante la negativa de sus subordinados, el propio encargado lanzó una carga de gas. Cuando la muchedumbre se dispersó sólo había una persona todavía en el suelo: era Mario, ya sin vida, con su radio a lado de él. El impacto de la lata de gas le fracturó el cráneo.

Hubo encontronazos entre aficionados y la Policía. Seis oficiales resultaron heridos y hubo más de 100 arrestos.

Para el escritor y periodista Amílcar Romero, la muerte de Mario marca el inicio de la interminable espiral de violencia que ha envuelto al futbol argentino y que volvió a quedar en evidencia con los disturbios que impideron que se llevara a cabo el partido de Vuelta de la Final de la más reciente edición de la Copa Libertadores.

Cuando con ingenuidad pasmosa Mauricio Macri, actual presidente de Argentina (y ex presidente de Boca), propuso jugar la Final de Libertadores con público de Boca y River, probablemente su intención era cerrar simbólicamente el ciclo perverso que se abrió hace 60 años con la muerte de Linker. En cambio, Mario murió de nuevo. Y otra vez fue en vano.

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