Martes, 09 de Marzo 2021

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La reivindicación de Tenamaztle

Por: Diego Petersen

La reivindicación de Tenamaztle

La reivindicación de Tenamaztle

El regreso de la estatua de Francisco de Tenamaztle a la plaza dedicada a los fundadores como parte de los festejos de los 479 años de Guadalajara no solo es un acto de justicia histórica, de esas que siempre llegan tarde, pero llegan, sino un reconocimiento a los pueblos originarios de esta zona que habían sido no sólo minimizados sino incluso negados. El falso orgullo del criollismo tapatío tenía en la historia itinerante de esta estatua del indio Francisco de Tenamaztle -pasó del centro al parque Alcalde, de ahí al barrio de Analco y hoy regresa a la Plaza Fundadores- su expresión más burda y racista.

De todos los personajes de la Guadalajara del siglo XVI, incluidos los fundadores Miguel de Ibarra y Doña Beatriz, ninguno tan trascendente y universal como Francisco de Tenamaztle, sin embargo, la historia lo ignoró por siglos; fuera de la guerra del Mixtón, donde aparecía como el indígena rebelde duro de roer, ni se le mencionaba. Fue el historiador Miguel León Portilla, quien en 1995 en el libro “Francisco de Tenamaztle, primer guerrillero de América, defensor de los derechos humanos” (aún circula una edición en Booket de Grupo Planeta) rescata el valor del discurso de defensa del cacique indígena quien, acusado en las cortes de España, formuló los principios de la igualdad de todo ser humano, antecedente de la declaración universal de los derechos humanos. Apoyado por Cristóbal Las Casas, quien fue su traductor, Tenamaztle fue el gran impulsor de la prohibición de esclavizar a los pueblos originarios en la corona española.

Regresar a Francisco de Tenamaztle a la Plaza Fundadores no solo es reivindicar la importancia de un gran personaje de la historia de esta región y de México, sino reconocer y reconocernos en el pasado indígena de nuestra ciudad.

A Guadalajara, la de América, la fundaron un puñado de españoles y varias familias indígenas, algunas originarias de la región otras llegadas del centro del país. No es gratuito que junto con lo que hoy es el centro histórico de la ciudad hayan crecido de inmediato los barrios de Analco, al otro lado del río San Juan de Dios, habitado por pobladores originarios y el de Mexicaltzingo, al sur del arroyo del Arenal, habitado por los indígenas del centro del país que acompañaban a las familias colonizadoras. Más al norte estaban los barrios también indígenas de Mezquitán, Atemajac y Huentitán (en los cinco barrios, las iglesias, aunque con intervenciones posteriores más o menos afortunadas, tienen una identidad que recuerda la Guadalajara original).

Regresar a Francisco de Tenamaztle a la Plaza Fundadores no solo es reivindicar la importancia de un gran personaje de la historia de esta región y de México sino reconocer y reconocernos en el pasado indígena de nuestra ciudad. Ahí, frente a Miguel de Ibarra a quien el indígena combatió y le hizo ver su suerte por años, Tenamaztle nos recuerda que del choque venimos, que esa es nuestra historia, pero que es el reconocimiento de la igualdad y la dignidad del otro, sin distinción alguna, lo que hace que  la ciudad sea la casa de todos.

diego.petersen@informador.com.mx

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