Domingo, 14 de Agosto 2022

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La posverdad en Jalisco

Por: Jonathan Lomelí

La posverdad en Jalisco

La posverdad en Jalisco

Posverdad: “Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales. Los demagogos son maestros de la posverdad”.

La definición de la RAE sobre la posverdad nos ayuda a entender un poco mejor este juego de espejos en el que estamos atrapados. Por un lado, tenemos la realidad, los hechos en sí mismos, pero por el otro, hay una multiplicación de espejos que operan como filtros: la retórica oficial, el discurso político, el delirio estadístico, la conversación polarizada en redes estancada a veces en los extremos más banales del debate público.

También vivimos una crisis de figuras de autoridad ante la realidad: ¿quién miente y quién dice la verdad? ¿Un video o una imagen son pruebas irrefutables de un hecho?

En la comentocracia, en donde me incluyo, padecemos todo tipo de achaques en la actualidad: una crisis de lugares comunes, un sesgo que personaliza a veces las filias y fobias por ciertos políticos, el exceso de calificativos que, como dijo Huidobro, en vez de dar vida, matan.

Sin una brújula, ¿en quién confía el ciudadano promedio? En este ambiente de zozobra, en este desorden discursivo y de río revuelto de información, la ganancia es para los peces gordos de la política.

Pongo dos ejemplos. El arzobispo de Guadalajara, Francisco Robles, denunció que fue retenido por hombres en el Norte de Jalisco. No precisó si iban armados ni el punto exacto del retén. Tampoco denunció ante la Fiscalía estatal.

Pero la reacción del gobernador Enrique Alfaro fue tajante: no hay retenes en el Estado. Su prueba: preguntó a los alcaldes y nadie le reportó ese fenómeno cuando sabemos que los municipios son el ente de gobierno que, con plata o plomo, más fácilmente coopta el crimen organizado. “No es una realidad en el Estado”, insistió el mandatario, pero sabemos que sí es una realidad en el país.

¿Por qué Jalisco, tierra del cártel más poderoso, sería una excepción? ¿Por qué el purpurado mentiría? Hay un hecho: unos hombres retuvieron al cardenal, y hay una posverdad: eso no ocurre aquí. ¿Y las denuncias de retenes por parte del ombudsman estatal, transportistas y la iniciativa privada? Son tratadas como humo. La realidad humea, pero nadie atiende las señales ni va a fondo.

El otro ejemplo se trata de la negación sistemática de los desaparecidos. Durante semanas, el Colectivo Luz de Esperanza denunció que el estado eliminaba las cédulas de identificación que pegaban en bolardos, postes y en el tótem de Guadalajara. La autoridad lo negó hasta que el video grabado por una madre del colectivo evidenció el trabajo coordinado de la Policía del Estado para realizar esa tarea.

Ante la realidad, el gobernador recurrió a otra estrategia: minimizar. “Tampoco es nada grave”. Si hubiera habido un video del retén, la salida sería similar: ocurrió sólo una vez.

Donald Trump, con su reiterada mitomanía, refinó el arte de la posverdad en Estados Unidos. Él se fue, pero no su escuela. El demagogo aprovecha la confusión, rehúye a ahondar en las explicaciones y la justificación. Todo es producto de un ataque de sus adversarios o de intereses políticos contra su gobierno.

La posverdad o realidad alternativa también vive en Jalisco su momento de esplendor.

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