Martes, 04 de Agosto 2020
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La otra vacuna o el germen de la desconfianza

Por: Diego Petersen

La otra vacuna o el germen de la desconfianza

La otra vacuna o el germen de la desconfianza

Una epidemia llamada coronavirus se convirtió en tragicomedia gracias al manejo político que se ha hecho de ella en nuestro país. Felicitémonos, lo que era un problema de salud lo hemos convertido en un tema ideológico y contra ello no hay medicina ni medidas de prevención que sirvan. Sin duda esta absurda e irresponsable decisión de politizar un tema de salud tiene en López Obrador a su actor principal, pero tanto el subsecretario López-Gatell como los gobernadores han actuado encantados sus roles secundarios convencidos de que podrían obtener alguna ventaja política de este juego.

El gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, ha sido uno de los actores que más ha jugado a contradecir al gobierno federal. En muchos casos tiene razón: no es difícil estar en desacuerdo con una política de salud que se basa en entretener con ruedas de prensa y practicar el arte de la amnesia selectiva todos los días, pero, igual que sus contrapartes, lo ha hecho pensando en cómo posicionarse políticamente, no en cómo dar información útil y una comunicación eficiente que genere confianza en los ciudadanos. 

De tanto contradecirse los unos a los otros nos inocularon el germen de la desconfianza

El botón de emergencia -popularmente conocido como botón rojo o botón de pánico- que inventó Alfaro se anunció con bombo y platillo como la alternativa al semáforo federal argumentando la irresponsabilidad de las autoridades nacionales de salud. Sin embargo, cuando desde la Ciudad de México pusieron a Jalisco en rojo por el crecimiento de la epidemia, lo que implica la restricción de toda actividad económica no esencial, el gobierno y los actores económicos, empresarios y sindicatos, pusieron el grito en el cielo, y el gobierno de Jalisco autorizó en los hechos desobedecer la política nacional. 

En la práctica ya no tenemos política de salud para enfrentar la epidemia. Cada ciudadano hace lo que cree conveniente, quien quiere abrir su negocio lo abre, quien quiere salir a la calle sale y quien desea andar sin tapabocas también. Cuando el gobernador de Jalisco quiera apretar el botón de emergencia nadie le va a hacer caso. Creo que él lo sabe y nunca apretará ese famoso botón rojo, pues el riesgo de que los ciudadanos desobedezcan es altísimo. 

No es gratuito. De tanto contradecirse los unos a los otros nos inocularon el germen de la desconfianza. Felicidades, lo lograron: el bombardeo de comunicación y la polarización política en la manejo de la pandemia ha sido tal que los ciudadanos hemos quedado vacunados contra cualquier decisión que venga de las autoridades, por coherente que esta sea.

(diego.petersen@informador.com.mx)

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