A poco más de una semana de iniciadas las campañas para la elección presidencial y la de gobernadores, y en espera de que a fin de mes inicien las de los que aspiran a alguna alcaldía o diputación local, las autoridades electorales en Jalisco mantienen sin cambio su diagnóstico y aseguran no tener detectadas zonas de riesgo por la inseguridad provocada por la delincuencia organizada.Ese mismo panorama observan las dirigencias de los partidos políticos, y seguramente los candidatos en contienda en la Entidad, que nada dicen del asunto.Esa es, sin duda, una buena noticia. Más si consideramos que es Jalisco el asiento del cártel del narcotráfico considerado por el propio Gobierno mexicano y el estadounidense el más poderoso del país y el de mayor crecimiento.De este tema, sin embargo, les cuesta trabajo hablar. Sólo lo hacen cuando los medios los cuestionan públicamente.Niegan que haya zonas de alto riesgo, pese a que finales del año pasado, ya mataron a un diputado perredista, y a dos precandidatos en la zona costa de la Entidad. Lo que no descartan ni confirman es si esta aparente calma significa también que los grupos de la delincuencia organizada no están tratando de incidir en las campañas electorales e incluso en la designación de candidatos. La amenaza y el riesgo, pues, de que afloren nuevas historias de narco-política está latente. Hablar de este tema se hizo obligado, primero por la propuesta que en diciembre pasado hizo del candidato de la coalición Juntos Haremos Historia, de Morena-PT-PES, Andrés Manuel López Obrador, de analizar la posibilidad de darle amnistía o perdón a los líderes del narco, para pacificar al país. El asunto revivió hace unos días con toda la polémica que desató hace unos días el obispo de Chilpancingo, que se reunió en la montaña guerrerense con los capos que controlan esa violenta zona para pactar por unas campañas electorales sin violencia contra los candidatos, y que por cierto respaldó el propio AMLO.Aunque los actores del proceso electoral en Jalisco insisten que aquí no hay indicios de condiciones críticas como las de Guerrero, voceros de la Iglesia en Jalisco matizan y aceptan que hay reportes de párrocos de distintas zonas de la Entidad que advierten de zonas con fuerte presencia de la delincuencia organizada.Queda claro, pues, que ante el contexto de la grave crisis de seguridad pública que se registra en Jalisco, atribuida por las propias autoridades a la disputa de los cárteles de la droga por el control de distintos territorios en la Entidad, incluida el Área Metropolitana de Guadalajara, lo peor que nos puede pasar es que se quiera evadir esta amenaza. La indiferencia y el silencio es lo que más desean los capos, para infiltrar futuros gobiernos en beneficio de sus intereses.