Jueves, 28 de Mayo 2020
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Hipotecados

Por: Rubén Martín

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Con su charla entretenida, Arnulfo Villaseñor Saavedra solía presumir que cuando fue presidente municipal de Guadalajara, de 1979 a 1982, su gobierno había construido la Avenida Lázaro Cárdenas sin ayuda estatal o federal, sólo con recursos municipales y sin contratar un solo peso de deuda pública. 40 años después de construida esa obra, se puede dar fe todavía de su enorme utilidad para la movilidad de la Zona Metropolitana de Guadalajara. 

No me imagino ahora a ningún gobierno emprender una obra semejante sin endeudarnos para realizarla. Las deudas de municipios y estados prácticamente no existían en tiempos de Villaseñor Saavedra, y la obra pública y el mantenimiento de los servicios públicos se sufragaba con el presupuesto corriente. 

Recuerdo la anécdota que contaba repetidamente Villaseñor Saavedra ahora que los diputados locales están discutiendo en estos momentos una nueva deuda que quieren endosarnos a los jaliscienses para los próximos 30 años. Una de las contrataciones de deuda más opacas de las que se tenga memoria. 

Creo que no es por coincidencia que el periodo de endeudamiento de estados y municipios llegó la aplicación de las políticas radicales de libre mercado, privatizaciones y financiación de la economía. La doctrina neoliberal impuso la política económica de menor estado, entregar áreas enteras de los servicios públicos a las corporaciones privadas y el endeudamiento público como formas de gobierno.

El crédito fácil que los bancos entregan a las entidades de gobierno se debe a que el pago de esa deuda está garantizado por los impuestos de todos los ciudadanos.

Las deudas públicas fueron inauguradas por los gobiernos priistas a fines de la década de 1980, pero fueron sin duda los gobiernos panistas quienes las impusieron como forma de gobierno, práctica que llegó para quedarse y aplicarse por gobiernos de todos los partidos, como ahora se atestigua con esta mega deuda impulsada por el gobierno de Enrique Alfaro Ramírez, sin importar que se falte a la promesa de campaña de jamás contratar deuda.

De este modo, los pasados cinco gobernadores han hipotecado el futuro de los jaliscienses cargándonos de deudas innecesarias, si se gobernara para el bien común. 

Es importante recordar que el periodo de aumento constante de la deuda estatal coincide justamente con un incremento constante y significativo de las finanzas públicas estatales impulsadas primero por la reforma de federalismo hacendario impulsada por el presidente Ernesto Zedillo Ponce en 1995 y por más de una década de aumento sustancial de los precios de petróleo, cuya parte proporcional de excedente llegaba a Jalisco como presupuesto extraordinario. 

Pese a ese aumento constante de las finanzas públicas, los gobiernos panistas de Francisco Ramírez Acuña, Emilio González Márquez y el priista de Aristóteles Sandoval siguieron contratando deuda bajo cualquier pretexto. En el caso de Emilio González destaca la absurda deuda para financiar los juegos Panamericanos y otra para tapar el boquete abierto por el despilfarro presupuestal (subsidios a diestra y siniestra) y deuda que terminó gastada en cambiar luminarias o pintar fachadas de alcaldías. Aristóteles Sandoval endeudó al municipio para “arreglar” la glorieta Minerva y para pavimentar avenidas.

Pero la actual deuda que casi con seguridad aprobaron ayer los diputados es una de las contrataciones de deuda más absurdas y opacas. Primero hicieron reasignaciones presupuestales bastante extrañas, se dijo que la federación recortó presupuesto para el estado (la diputada morenista Laura Imelda Pérez lo desmiente) y luego se solicitan seis mil 200 millones de pesos (MDP) sin tener una idea precisa de dónde serán utilizados estos recursos. 

Lo que sigue es que en las próximas tres décadas pagaremos cerca de 90 mil MDP (unos tres mil MDP anuales) por el costo de una deuda pública que ahora es de cerca de 30 mil MDP.  Así de irresponsable es nuestra clase política que nos ha endeudado tanto, que nos ha hipotecado el futuro. 

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