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Miércoles, 16 de Octubre 2019
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Guardia Nacional

Por: Luis Ernesto Salomón

Guardia Nacional

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Las fuerzas armadas han sido un respaldo fundamental para las tareas de Gobierno y en especial en los últimos 20 años ante la escalada de la delincuencia. La falta de una legislación adecuada que regule su actuación ha provocado inconformidad al interior de los institutos castrenses, junto a la natural inquietud de grupos de la sociedad civil que se alarman ante los espacios potenciales de impunidad que pueden generarse. La propuesta de crear la Guardia Nacional es una solución pertinente y urgente.

Para el Presidente López Obrador, más que para ningún otro mandatario es esencial contar con la Marina y el Ejército como respaldo, ante los enormes desafíos que representa la lucha contra la impunidad. La disputa que se ha generado en el Poder Legislativo respecto a los transitorios de la iniciativa enviada por el Ejecutivo es una muestra de la resistencia que existe a la regulación de parte de muchos intereses que se expresan indirectamente en las cámaras.

El punto central del debate está en el carácter excepcional de la participación militar en las tareas de seguridad interna. Sin duda que ni el Mandatario civil ni los uniformados pretenden que las modificaciones hagan permanente la participación militar en tareas policiales. Por eso se ha propuesto que la Guardia Nacional se consolide y tome el papel que ahora realiza el mando militar. Pero el debate se genera a partir de que no se establece en principio una fecha precisa para terminar con la participación castrense, y que todo quede en manos de la naciente Guardia Nacional.

Sin duda que el Presidente no quiere establecerse un límite de antemano para consolidar la Guardia Nacional dadas las dificultades operativas que representa la creación de un cuerpo confiable en términos profesionales y de integridad; dadas las experiencias anteriores de la Policía Federal y la Gendarmería. Sin embargo, es también peligroso dejar abierto el tema y, por tanto, es prudente establecer una fecha determinada. Tres años pareciera ser el plazo mínimo para una tarea de tal envergadura o quizá el término de la administración si las cosas se complican.

Así que es deseable que en el Senado y en la Cámara se considere que de buenas intenciones está pavimentado el camino del averno, y que resulta prudente para consolidar la consistencia constitucional que se establezcan límites precisos, pero realistas para dar los pasos para una de las tareas más importantes de la actual administración.

La realidad está alcanzando a las acciones políticas. La tragedia de Hidalgo, los trastornos de seguridad interior, las presiones de poder en las regiones son cada vez mayores y por ende el Ejército y la Marina se han convertido en un dique para contener las olas de la irregularidad y la impunidad que han venido sacudiendo a México.

La aprobación de la propuesta para crear la Guardia Nacional no es un tema de conventillo para el Presidente, sino un asunto de seguridad nacional ineludible.

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