Viernes, 16 de Abril 2021

LO ÚLTIMO DE Ideas

Ideas |

Entre que son peras y son manzanas

Por: Argelia García F.

Entre que son peras y son manzanas

Entre que son peras y son manzanas

Por mucho tiempo se ha comentado entre artistas, empresarios y gestores la participación del público en relación a la oferta y la demanda. Glenn Gould decía que “en arte no debe existir el concepto de demanda, sino sólo un concepto de oferta, o cuando menos el artista no debe tener en cuenta la demanda del público”. Pero en esta ciudad donde -entre comensales- uno de ellos sentenció que “no hay nada que ver” en la comarca, yo me pregunto qué es lo que quiere o necesita ver este tipo de público que afirma que en Guadalajara no hay oferta artística y sin embargo visitan con orgullo grandes teatros y museos alrededor del mundo.

En la ciudad se han invertido capitales millonarios para la construcción de infraestructura cultural que sirve, hay que decirlo, a las apuestas internacionales dejando sin capital económico a los proyectos locales. Hemos visto desfilar un sinfín de compañías, orquestas y exposiciones de dudosa procedencia que cuando son traídos por instituciones públicas -al más puro estilo del dedazo-, se nos revelan como las máximas ofertas culturales del mundo actual. No es verdad, no lo son, por años nos han vendido/impuesto espejitos -muchos de ellos bastante mal pulidos- que engañan, mal educan y preservan la idea de un espectáculo que empobrece el quehacer del artista local que necesita los mismos medios pero no puede hacerlo con las mismas facilidades.

Ahí es donde por décadas se ha exacerbado una ruptura entre la creación (local), el público atento, curioso, dispuesto y el artista. Es obvio que en esta época de la inmediatez muchas veces resulte más cómodo sentarse a ver una serie y dejar que corran los meses, los años sin ir a escuchar un concierto en vivo. Todo está a la mano, incluidas las más grandes obras montadas por la humanidad. Todo está en YouTube, Vimeo, en transmisiones. Pero la experiencia de retratarse ante la propia realidad resulta para este público tapatío cada vez más ajena.

Se culpa a los medios por no explicar lo qué sucede con claridad, se culpa a los artistas por no entender la inmediatez, la falta de paciencia de un público que no se va a sentar tres horas a ver un espectáculo, se culpa por supuesto a la autoridad porque al parecer le conviene poco un público atento a ese pin-poneo emocional, psicológico e intelectual.

Yo no tengo claro cómo hacer para llevar a mi comensal al teatro, para convencerlo de qué hay un montón de cosas bien hechas, serias, tan serias como si las viera en cualquier otro punto del planeta. Pero sí tengo claro que las autoridades deberían estar igual de preocupadas que yo de que la percepción es que no se hace nada, o se hace muy poco y de lo poco es todo de nivel medio. Deberían estar, con todo y el recorte -que no olvidamos- ingeniándoselas para ver (de entrada) a los artistas serios que necesitan presentarse en cualquier foro, sala, libro. 

Deberíamos estar todos muy preocupados, de ver cómo ha ido muriendo lento el capital artístico. No se muere de golpe, van cerrando espacios, se van dedicando los artistas a otros menesteres. La infraestructura está ahí, la capital cultural que dicen que somos parece ser sólo la embajada de ciertos grandes artistas pero en su mayoría son medianos arreglos (millonarios) que “entretienen”.

No hay poco que ver, es necesario ejercitar y poner la mirada expectante a lo que por naturaleza nos toca: vernos al espejo y juzgar con la compra de un boleto por tal o cual otra apuesta que nos haga sentir reflejados, vivos.

Entre que son peras y son manzanas, necesitamos comunicarnos mejor y proclamar por todo lo alto lo que sí se hace en Guadalajara, en Jalisco. Y bueno, quisiéramos saber también quién se va a quedar el despacho de la Secretaría de Cultura. Porque al parecer -como bien dijo Doñán al respecto- estábamos mejor cuando estábamos peor.

argeliagf@informador.com.mx • @argelinapanyvina

Temas

Lee También