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Viernes, 15 de Noviembre 2019
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El impeachment de Trump y su impacto en México

Por: Luis Ernesto Salomón

El impeachment de Trump y su impacto en México

El impeachment de Trump y su impacto en México

Cuando la lideresa de la oposición demócrata en el Congreso de Estados Unidos decidió emprender las acciones para abrir una investigación que puede llevar al juicio político y, en su caso, a la destitución del presidente, cruzó una línea roja de la que no hay regreso.

Por primera vez, Trump ha perdido la conducción de la narrativa.

Ante lo sorpresivo del panorama, vale la pena repasar como sería el proceso legal que apenas inicia y analizar su impacto para México. Las investigaciones que están en curso deben producir requerimientos de documentos, citas para que funcionarios comparezcan ante comités de la Cámara de Representantes y se trabaja en integrar datos que permitan someter a votación una propuesta para acusar al presidente de haber violado la ley y justificar legalmente una propuesta de destitución.

Esas pesquisas están en curso y se calcula de deberán duran al menos tres o cuatro semanas, por lo menos, periodo en el que se pueden producir hechos importantes como renuncias o delaciones por parte de funcionarios inmiscuidos en los contactos con Ucrania.

Mención especial merecen en este caso los funcionarios del Departamento de Estado, del Departamento de Justicia y el papel del abogado personal de Trump, Rudy Giuliani. En caso de integrar el expediente por parte de los comités habilitados en la Cámara baja se sometería a votación la propuesta que sería sometida al Senado que se erige en tribunal del caso.

Los demócratas cuentan los votos para aprobar la propuesta, pero no los suficientes en el senado; requieren convencer a 20 republicanos, lo que ahora se ve difícil, para que procediera la destitución.

Los primeros movimientos apuntan a que los demócratas quieren darse prisa como para integrar el caso en octubre y votar en noviembre la propuesta de la Cámara de Representantes y pensar en el juicio hacia diciembre o enero. Este panorama representa un verdadero desafío para la diplomacia mexicana porque está una gran cantidad de asuntos sobre la mesa de negociaciones ante el presidente y ante el Capitolio.

El más notorio es el T-MEC, que entra en etapa de incertidumbre, dado que aunque ya se había alcanzado una suerte de primer acuerdo para su aprobación legislativa en Washington, ahora puede ser pieza de negociación. El mayor peligro es que Trump se sienta acorralado y amenace con denunciar el tratado actual como medida de presión para que los demócratas aprueben su propuesta y que los representantes decidan aplazar el tema hasta pasadas las elecciones.

Esto provocaría turbulencias financieras en México que pueden dañar la economía real. Esta posibilidad se cierne sobre las siguientes semanas, digamos, en tanto se integra la investigación, y está sujeta al curso de los acontecimientos. En ese mismo periodo los temas migratorios pueden ser usados por el presidente para agitar a sus bases electorales para que le defiendan. No olvidemos que además de los argumentos legales del caso, para los políticos estadounidenses es de vital importancia el comportamiento de la opinión pública que ahora mismo está profundamente dividida respecto a creer que Trump debe ser destituido, con una mayoría de apenas 51% según algunos estudios, pero eso puede cambiar en los siguientes días.

El uso de temas de gran impacto para distraer la atención pública es un arma que puede ser usada por Trump, y estarían asuntos de impacto para México como una escalada militar contra Irán por su repercusión en los precios del petróleo, la intensificación de la guerra comercial con China o los asuntos de seguridad en la frontera.

Aunque ahora mismo parece poco probable que la destitución proceda, el camino es impredecible y supone riesgos en la relación bilateral, que requieren, otra vez, mayor activismo y presencia en Washington para reforzar nuestras posiciones.

Hasta ahora la labor diplomática ha sido intensa, inteligente y prudente, pero se requiere extremar los cuidados y ser mucho más asertivos.

Por eso, más allá de responder a los exabruptos de Trump con respecto al uso de México para contener la migración, la cuestión es impulsar la aprobación del T-MEC y consolidar los mecanismos de cooperación en la seguridad. Parece que la hora de la mayor institucionalidad posible ha llegado, ante lo incierto del panorama.

Pelosi ha cruzado el río y las cosas nunca serán igual que antes: ni para ella, ni para la política estadounidense, ni para la relación establecida entre la administración Trump y México.

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