Domingo, 26 de Junio 2022

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Diluvio desperdiciado

Por: Rubén Martín

Diluvio desperdiciado

Diluvio desperdiciado

Cada lluvia fuerte que cae sobre la zona metropolitana de Guadalajara y que trastorna los movimientos y servicios de la urbe es calificada usualmente de extraordinaria. Pues la poderosa tormenta que abatió la ciudad el pasado lunes 13 de junio verdaderamente lo fue. No es exagerado calificarla de extraordinaria o histórica. La Comisión Nacional del Agua (Conagua) califica como lluvia a una precipitación de 25 milímetros (mm) por metro cuadrado, de 25 a 75 mm es considerada una lluvia fuerte y arriba de 75 mm se considera una lluvia extraordinaria. 

La noche del lunes cayeron en el centro y en el oriente de Guadalajara 158 milímetros de agua por metro cuadrado, es decir el doble de lo que la Conagua considera una tormenta extraordinaria. Fue un verdadero diluvio que dejó severas afectaciones como inundaciones, casas anegadas, autos varados y un trastorno de movilidad a cientos de miles de tapatíos. 

La precipitación de la tormenta del lunes, 158 mm, significan 158 litros de agua por cada metro. Para darnos una idea del agua que cayó en la tormenta extraordinaria del lunes, y del destino que tuvo ese recurso, lo convertiremos a garrafones. Por cada metro cuadrado cayeron 6.3 garrafones de lluvia; en una casa de 100 metros cuadrados “cayeron” del cielo 630 garrafones de lluvia. En el parque Agua Azul, que tiene una extensión de 160,000 metros cuadrados “cayeron” un millón ocho mil garrafones de lluvia. El ciclo del clima y la lluvia se conjugó el pasado lunes para producir una gran tormenta que descargó una cantidad de agua extraordinaria en la ciudad. 

Desde hace dos décadas que ha quedado patente que el crecimiento desordenado de la ciudad ha creado un sistema urbano en crisis, cada tormenta extraordinaria suele verse como un riesgo y las críticas o propuestas de soluciones apuntan hacia una infraestructura de drenajes y colectores insuficientes. Pero es un enfoque equivocado, como dicen los expertos, y concuerdo. 

Los gobiernos de todos los partidos asumen una política del manejo de agua de lluvia como un problema que genera inundaciones y afectaciones al funcionamiento del sistema urbano, pero no lo ven como una oportunidad de captar y utilizar la abundante agua que se genera en un temporal.

Los gobiernos, sea por ignorancia o incompetencia, privilegian a seguir creciendo e invirtiendo en un sistema de drenajes y colectores que presumiblemente pueda captar y desalojar los millones de litros de agua que caen en cada temporal.

Como se sabe, la abundante agua que cae sobre Guadalajara con cada lluvia y más con tormentas extraordinarias como la del lunes pasado, corre por la calles y avenidas de la ciudad, se recauda en las alcantarillas y colectores donde se mezcla con las aguas sucias que producimos los habitantes de cada hogar metropolitano. Y posteriormente termina en el río Santiago como agua sucia o contaminada. 

Este desperdicio de agua ocurre en toda la zona metropolitana de Guadalajara, salvo en muy pocas colonias o fraccionamientos, como Chapalita o Arcos de Guadalupe donde el agua de lluvia se infiltra a los mantos freáticos. 

El sentido común nos dice que lo más sensato para una ciudad que apuesta por traer agua desde el lago de Chapala o desde megaproyectos como la presa El Zapotillo, es tratar de retener y reutilizar al agua que cae sobre su propio suelo, como ocurrió con la tormenta extraordinaria del lunes pasado. 

¿No sería sensato que los millones de garrafones de lluvia que cayeron en la ciudad por la extraordinaria tormenta del lunes pasado se infiltraran a los mantos freáticos de la ciudad y luego salieran en pozos para uso doméstico o se reutilizaran para regar camellones, parques o espacios públicos? 

El agua que cayó el lunes pasado equivale a un tercio del agua que consume la metrópoli en un día, me explicó el experto en estos temas Arturo Gleason. Por su parte, los expertos Josué Sánchez Tapetillo y Luis Valdivia declararon a Mural que la construcción de colectores no es la solución, sino sistemas de captación e infiltración del agua como depósitos o vasos reguladores del agua. 

Pero la política de manejo del agua de lluvia de las autoridades de Guadalajara y Jalisco se empeña en seguir construyendo colectores, que implica desperdiciar el agua que se precipita en cada temporal en la ciudad y luego proponen abastecer a la población de la metrópoli con trasvases u obras hidráulicas que implican expoliar el agua de otras cuencas para solucionar la demanda de los tapatíos. Es una política insostenible y depredadora de los recursos y necesidades de otros pueblos y comunidades.

En Tokio, Japón, resolvieron esta contradicción apostando a la captación de aguas de lluvia. Diseñaron una obra hidráulica que no solo contribuyó a reducir las inundaciones en la zona metropolitana nipona, sino que se reutilizó el agua de lluvia para las necesidades hídricas de la población. Construyeron el tanque de regulación del Canal Subterráneo de Descarga de la Zona Exterior Metropolitana de Tokio, conocido como G-Cans, un espacio subterráneo de 177 metros de longitud, 78 de anchura y 18 de altura soportado por 59 columnas de cemento de 500 toneladas cada una. Este megatanque capta las aguas de lluvia previniendo inundaciones y posteriormente descarga el líquido de lluvia captado al río Edo. 

¿No sería lo más sensato en Guadalajara captar el diluvio que cayó el lunes pasado para infiltrarlo y descargarlo, sin contaminar en las aguas sucias del drenaje, en el río Santiago? Es lo más sensato, pero lamentablemente las autoridades piensan antes en los contratos, los negocios, el financiamiento de campañas antes que soluciones de largo plazo para los habitantes de la metrópoli. Como otros problemas de la metrópoli, como el manejo de la basura, el manejo del agua es visto como otro negocio de la clase política. 

rubenmartinmartin@gmail.com
 

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