Sábado, 19 de Junio 2021

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¡Cácaro! Los intermedios municipales

Por: Diego Petersen

¡Cácaro! Los intermedios municipales

¡Cácaro! Los intermedios municipales

Seguramente los menores de 40 no tengan ni idea de qué es, o más bien qué era, un intermedio. Se trataba de un espacio de tiempo entre una película y otra (cuando en los cines se programaban dos el mismo día) o a la mitad de una película para salir a resurtirse de palomitas, refresco, ponpons o gomitas (nadie cometía la indecencia de comer apestosos nachos en el cine) o simplemente para estirar las piernas e ir al baño. En los teatros, sobre todo en los conciertos donde se programan dos o tres obras, aún se usa el famoso intermedio. Cuando el intermedio se pasaba de tiempo o arrancaba la película sin que apagaran la luz, el cine entero reclamaba al grito de ¡cácaro!

Para las ciudades los intermedios son esos extraños periodos entre la elección de un alcalde y el término del periodo de quien está al frente. Nada pasa, nada se decide, todo funciona a medias. En algún momento este periodo llegó a ser de casi seis meses, pues la elección se celebraba el primer domingo de julio y la toma de posesión era el primero de diciembre. Luego se recortó el periodo, pero también se adelantó un mes la elección, con lo que ahora son cinco meses entre que un alcalde es electo y toma posesión. Si a eso le agregamos que ahora que hay reelección los alcaldes se van de campaña, en realidad el intermedio es de entre ocho y diez meses. En síntesis, la ciudad se queda descabezada, con gobierno a medias, un cuarto del tiempo.

"En el caso de Guadalajara, en lugar de nombrar un gerente con capacidad técnica y alejado del mundo partidista, el hoy alcalde con licencia nombró a su delfín..."

Los intermedios en los gobiernos municipales nos cuestan muy caros: se reduce enormemente la capacidad de respuesta de los ayuntamientos, los trámites se paralizan, la obra pública de ralentiza, las decisiones quedan en el limbo, los cabildos dejan de sesionar, la autoridad se pierde. No es solo el alcalde/candidato el que se va a la elección, como señala la ley, es todo el gobierno el que se va de campaña.
Una de las soluciones que han encontrado los países democráticos a esta situación es tener gerentes de ciudad, esto es, personajes que se encarguen que los servicios públicos funcionen esté o no esté el alcalde y su cabildo. Sin embargo, no contábamos con la capacidad que tiene nuestra clase política para pervertir cualquier solución. En el caso de Guadalajara, en lugar de nombrar un gerente con capacidad técnica y alejado del mundo partidista, el hoy alcalde con licencia nombró a su delfín, mismo que por supuesto abandonó el cargo para irse a las campañas. Crearon más burocracia y no solucionaron nada. Pero lo mismo sucede en Zapopan, Tlajomulco y decenas de municipios gobernados por diferentes partidos donde los alcaldes están buscando votos.

¡Cácaro! Pagamos boleto completo, queremos gobierno completo. Los intermedios están resultando demasiado largos y costosos.

Diego Petersen Farah
diego.petersen@informador.com.mx

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