Sábado, 19 de Septiembre 2020
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Brutalidad policiaca en Jalisco

Por: Rubén Martín

Brutalidad policiaca en Jalisco

Brutalidad policiaca en Jalisco

No han pasado dos meses desde que se diera a conocer el asesinato de Giovanni López Ramírez por parte de policías municipales de Ixtlahuacán de los Membrillos, cuando esta semana se han confirmado al menos otros tres abusos policíacos más. 

En otro caso extremo de brutalidad, policías de Tlajomulco de Zúñiga asesinaron de un disparo a un joven la madrugada del jueves 30 de julio. La familia asegura que la víctima incluso estaba esposada, por lo que no representaba ningún peligro para los uniformados. Los policías investigados, quienes fueron puestos a disposición del agente ministerial, son Saulo N., Cristhian David N., Yahida N. y Edith N. 

En tanto policías de Guadalajara fueron grabados en video y denunciados en redes sociales mientras cometían abusos a detenidos. En Miravalle un policía municipal fue filmado mientras da un cachazo a un detenido ya sometido en el piso, al tiempo que le pisa el cuello. El otro caso ocurrió en Huentitán el Bajo, cuando tres policías detienen con fuerza a una persona al tiempo que uno de los uniformados cachetea y golpea en el cuello al detenido.

La difusión pública de estos casos ameritó la respuesta del presidente municipal tapatío, Ismael del Toro, quien anunció la separación del cargo de los policías involucrados mientras se investigan los abusos cometidos.

Al mismo tiempo informó de los elementos que han cometido abusos: “En lo que llevamos de mi administración, 2019 y 2020 hay investigaciones; en el ejercicio de 2019, 15 investigaciones contra policías por señalamientos de algún acto de abuso de autoridad, y este 2020, 18 elementos que han sido señalados por abuso de autoridad y están por dictar sentencia todavía a dos de ellos. Dos ahorita están separados de sus cargos en lo que está integrándose la carpeta de investigación”, informó Del Toro. No son datos alentadores, pues en lo que va de este año se han reportado más abusos policíacos que todo el año pasado. 

Además de conocerse los casos señalados, esta misma semana se anunció que la Policía del Estado tomó control de las policías municipales de Jalostotitlán y Poncitlán para revisión de las corporaciones respectivas y luego de la denuncia de “abusos, excesos y sospechas que hay sobre el comportamiento de los elementos”, según comunicado de la Secretaría de Seguridad del Estado. Vale la pena recordar que apenas el 31 de mayo pasado fue asesinado Oswaldo García Vallejo, comisario de la Policía de Jalostotitlán.

En tanto, sobre la Policía de Poncitlán, abundan las denuncias de abusos policiales tanto en la cabecera municipal como en localidades como San Pedro Itzicán, en junio del año pasado, y contra pobladores de Mezcala, desalojados del malecón de manera violenta el año pasado. Pero incluso hay evidencias de que policías municipales llegaron a torturar detenidos en los separos policiales, según Manuel Jacobo, periodista del semanario Laguna, que se edita en la ribera del lago de Chapala. 

A estos abusos que son cotidianos, sistemáticos y estructurales, se añaden denuncias recientes de que policías municipales participan en la desaparición de personas. Familiares de personas desaparecidas de Chapala, El Salto e Ixtlahuacán de los Membrillos han señalado a policías municipales de ser responsables de la desaparición de personas.

A estas denuncias de semanas anteriores se suma la denuncia de los familiares de Brayan Eduardo Medina Carrillo, de 18 años, y de Daniel Rodríguez Sandoval, de 16 años, desaparecidos el 18 de julio en Teocaltiche. “Los familiares tienen datos de que policías municipales de Teocaltiche pudieran estar involucrados en la desaparición de Brayan y Daniel, dijo María de los Ángeles Carrillo, mamá del primero de ellos” (Ignacio Pérez Vega, Crónica Jalisco, 2 agosto 2020).

Los casos reseñados aquí, apenas una parte del universo de casos de brutalidad policíaca que ocurren en Jalisco, son graves y preocupantes y deberían merecer una investigación firme para terminar con estos abusos. En tanto la Comisión Estatal de Derechos Humanos debería hacer una investigación y en su caso una recomendación o informe especial para dar cuenta de estas conductas sistemáticas de brutalidad y abusos policíacos. 

Se les debe poner fin y junto con ello replantear otros modelos de seguridad comunitaria. Incluso pensar en la “refundación” de las policías, como se ha planteado en varias ciudades de Estados Unidos, a raíz de las protestas por el asesinato de George Floyd, a quien un policía blanco aplastó con su rodilla el cuello hasta que dejó de respirar. Nunca más una rodilla en ningún cuello de ninguna persona.

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