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Martes, 11 de Diciembre 2018
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Bien está lo que bien acaba

Por: María Palomar

Bien está lo que bien acaba

Bien está lo que bien acaba

El jueves pasado, 15 de enero, una señora llamada Ophélie Gaillard salía de su casa, a eso de las 6 y media de la tarde, en un barrio de París, cuando se le acercó un hombre con un cuchillo en la mano, le arrebató el estuche grande que llevaba y su celular, y salió corriendo. Hasta aquí, una escena que desafortunadamente nada tiene de raro por las calles de  las ciudades de todo el mundo.

Lo fuera de lo común del caso es que la señora Gaillard es una de las violonchelistas más importantes de su generación (se pueden oír muchas interpretaciones suyas en Youtube) y que lo que el ratero se llevó cuando ella salía para ir a un ensayo fue un chelo del siglo XVIII, concretamente uno fabricado en 1737 en Udine, Italia, por un célebre laudero, Francesco Goffriller, y que vale más de un millón de euros. El chelo no era propiedad de la señora Gaillard, sino que lo tenía prestado por el banco CIC, dueño del instrumento. Es ésa una forma inteligente de mecenazgo por parte de instituciones ricas que adquieren instrumentos históricos con cualidades notables y los prestan a solistas de primera línea que por lo general no podrían adquirirlos de otra manera. Junto con el chelo iba también su arco, que ése sí era de su propiedad, hecho en París por Jean-Marie Persoit en el primer cuarto del siglo XIX. La chelista llevaba años tocando ese instrumento, que califica de irremplazable y que dice que tiene un sonido y una calidad únicos.

Tras denunciar el robo a la policía, la pobre señora Gaillard, atrapada en una pesadilla, puso en línea una petición de auxilio y fotografías del instrumento. En la prensa se comentó que un robo así pudo haber sido hecho por encargo, porque el chelo es una pieza conocida y catalogada, que difícilmente puede irse a vender o a empeñar en cualquier parte. Un objeto robado de tal importancia requiere de circuitos especiales para cambiar de manos. O simplemente el ladrón no iba tras el chelo y no tuvo ni idea de lo que se estaba llevando.

Pasó el viernes, y el sábado en la mañana Ophélie Gaillard recibió una llamada anónima que le avisaba que lo que andaba buscando estaba frente a su domicilio. Bajó a la calle y vio un coche con un vidrio roto. En el asiento de atrás estaba el chelo. La policía confirmó que se trataba del instrumento robado, y la chelista dijo que lo devolvieron en perfecto estado. No duda de calificar el hecho como milagroso. Ahora todo mundo se pregunta si será gracias a un ladrón con escrúpulos o a un bienhechor anónimo.

Ophélie Gaillard se formó como música en el Conservatorio Nacional Superior de París, donde tuvo tres primeros premios; también ha ganado concursos y grabado muchos discos. Es especialista en música antigua y formó junto a su hermana Héloïse, flautista, y la clavecinista Violaine Cochard el conjunto Amarillis.

YR

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