Sábado, 20 de Abril 2024

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3. La arquitectura de una estafa

Por: Jonathan Lomelí

3. La arquitectura de una estafa

3. La arquitectura de una estafa

Imaginen que deben derribar un viejo edificio. ¿Por dónde empezarían? Sería absurdo romper las ventanas o desmontar las puertas y esperar que caiga. Hay que estudiar su soporte estructural para identificar las columnas y muros de carga que lo sostienen. Y luego dinamitarlos.  

La arquitectura criminal diseñada en Jalisco para defraudar a norteamericanos con tiempos compartidos en Puerto Vallarta es ese edificio. Sólo hay que identificar su soporte principal. Es fácil: los bancos. 

A través del sistema bancario mexicano han pasado los más de 40 millones de dólares de más de 600 norteamericanos estafados, según cifras del Departamento del Tesoro de Estados Unidos. 

Todas las tarifas, comisiones y recargos que inventan los criminales para engañar a las víctimas son depositados en cuentas de bancos en México. 

Para abrir cada cuenta de una persona física, el estafador presentó al banco una identificación oficial, un comprobante de domicilio y hubo una firma de contrato. En el caso de las personas morales o empresas, se proporcionó el nombre de la compañía con registro oficial ante la Secretaría de Economía (SE), un domicilio y un teléfono. 

El Departamento del Tesoro identificó 19 de estas empresas fachada -la mayoría constituidas legalmente en Guadalajara y Vallarta- que entregaron dinero al Cártel Nueva Generación producto de los timos. Estas empresas abren y manejan cuentas bancarias e incluso tienen su propia página web. 

Por ejemplo, a una víctima le pidieron depositar en agosto del año pasado una cantidad para liberar su pago. Le proporcionaron la cuenta de un banco en México a nombre de la inmobiliaria American Inversion Deals SA de CV. 

Según el Registro Público de Comercio de la SE, esta compañía fue creada en Guadalajara en 2021. Los socios fundadores son dos jóvenes -me reservo sus nombres-, un varón de 33 años y una joven de 24. Su dirección corresponde a un conjunto habitacional del Infonavit en el Oriente de la ciudad. 

¿Por qué los bancos abren cuentas sin verificar a estos individuos y empresas fachada que proporcionan nombres y domicilios falsos? Si para otorgar una hipoteca o un crédito agotan la debida diligencia, ¿por qué no hacen lo mismo al firmar un contrato de apertura de cuenta? La más elemental investigación descubriría la dudosa legitimidad de estos cuentahabientes y sus recursos de procedencia ilícita. 

Por otro lado, si la autoridad local o federal, en la persecución del delito de fraude o delincuencia organizada, sigue la pista al dinero, podría dar sin dificultad con los estafadores. 

Porque sin los bancos no hay dinero y sin dinero no hay fraude. Si los criminales no pueden cobrar, se acaba el negocio. 

jonathan.lomeli@informador.com.mx

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