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Miércoles, 18 de Septiembre 2019
Ideas |

- Trogloditas

Por: Jaime García Elías

- Trogloditas

- Trogloditas

Hay consenso: utilizar la violencia para protestar contra la violencia, es irracional; es absurdo; es propio de trogloditas; desacredita, por tanto, la protesta. (Lo dijo muy bien Víctor Hugo en El 93: “El derecho que triunfa no necesita ser violento”).

-II-

Sobre los hechos que motivaron las marchas del viernes pasado en la Ciudad de México, hay versiones confusas; contradictorias, incluso. No se tiene la certeza de que, en efecto, una joven hubiera sido violada por cuatro policías, o si dicha versión fue un infundio. En lo que el asunto se aclara, se judicializa y eventualmente concluye con sanciones a los culpables, es incuestionable que la violencia que impera en México no distingue rangos ni discrimina géneros (o, mejor dicho, sexos). Lo mismo hay hombres que mujeres entre las víctimas… Que la intrafamiliar es una de sus variantes más lamentables, es incuestionable. Que la capacidad de la autoridad para prevenir o reducir los niveles que ese fenómeno ha alcanzado en los últimos tiempos es limitada, ídem.

Modificar los actuales patrones de conducta, por medio de la educación, es una empresa en la que deben participar todos los sectores de la sociedad; no sólo las autoridades civiles… ni mucho menos sólo las corporaciones policiacas. Puesto que se trata de revertir inercias históricas -que datan, quizá, de siglos-, los frutos difícilmente se verán en el corto plazo.

-III-

Es improbable que realizar marchas de protesta tenga alguna utilidad práctica. Se explica, sin embargo, el empleo de ese recurso: aunque es una manifestación de impotencia, ciertamente, quizá contribuya a concientizar e involucrar en el tema a los indiferentes…

Ahora bien: si la causa que motiva la protesta es justa -como lo es-, y si la ley otorga a los ciudadanos el derecho de “hacer una petición, o presentar una protesta por algún acto a una autoridad” (Artículo 9º. de la Constitución), la manifestación es legítima… a condición, como la misma norma establece, de que las injurias, la violencia o las amenazas -no sólo en contra de la autoridad sino de terceros- no sean utilizadas por los ciudadanos “para intimidarla u obligarla a resolver en el sentido que se desea”.

Vandalizar comercios, bancos o monumentos -el Ángel de la Independencia-; destruir una estación del Metrobús, incendiar una estación de policía o agredir a personas (hubo varios policías y particulares lesionados), desacredita no sólo a los manifestantes, sino también a sus causas…, por legítimas que sean.

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