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Martes, 18 de Diciembre 2018

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- Tren mágico

Por: Jaime García Elías

- Tren mágico

- Tren mágico

Suponer que la Línea 3 del Tren Eléctrico Urbano traerá beneficios para Guadalajara (y anexas) y sus habitantes, es razonable. Aseverar, en cambio, que “cuando este periodo de obras termine -a mediados del año próximo, según las previsiones de los gobernantes-, verán (sus pobladores) una ciudad absolutamente distinta a lo que fue”, es ilusorio... Suena -dicho sea con todo respeto- a arenga de merolico.

-II-

En el arranque de las pruebas operativas de “la obra pública del sexenio”, como se le cacareó desde su anuncio, el Presidente Peña Nieto y el gobernador Sandoval Díaz se enfrascaron en una competencia de ditirambos acerca de las bondades de la misma. El primero la calificó como “un medio de transporte seguro -en el supuesto de que se subsanarán oportunamente las imperfecciones detectadas desde antes de realizarse las primeras pruebas-, eficiente, accesible en precio, sustentable y amigable con el medio ambiente”. El segundo fue más lejos: tras agradecer “a los comerciantes, a los habitantes que soportaron casi cuatro años (más lo que falta para que la Línea se inaugure) de tener la ciudad en completa transformación (…), por su paciencia y tolerancia”, auguró “la transformación (!) de la ciudad y su área metropolitana”, por obra y gracia de la obra referida.

Que la Línea 3 aliviará las actuales penurias de miles de tapatíos, es incuestionable. Que muy bien puede ser, si se diseña un esquema en que se articulen otros medios, como los autobuses e incluso los automóviles particulares, la columna vertebral de un sistema que convierta al transporte colectivo en opción para descongestionar algunas vialidades que con demasiada frecuencia se colapsan, es lo deseable…

-III-

Por desgracia, los rezagos en materia de movilidad urbana que arrastran Guadalajara y municipios conurbados, datan de décadas. Son rezagos que no se subsanarán de un día para otro.

Para modificar los actuales hábitos de los tapatíos -hijos de sus necesidades- en materia de transporte y, sobre todo, para hacer efectivo el augurio de que los habitantes de la Zona Metropolitana de Guadalajara vivirán, desde el año próximo, “una ciudad absolutamente distinta (mejor, se supone) a lo que fue”, haría falta mucho más que una obra pública realizada con varios años de retraso… y de la que aún falta ver si, en efecto, se acierta a articular debidamente con los demás sistemas que operan actualmente.

Haría falta -y poco habrá de vivir quien no esté aquí para constatarlo- la Lámpara Maravillosa de Aladino.

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