Sábado, 17 de Abril 2021

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- Pies de plomo

Por: Jaime García Elías

- Pies de plomo

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A ver: una cosa es que, de conformidad con determinados criterios técnicos, las autoridades sanitarias establezcan que el semáforo epidemiológico pone en “verde” a Jalisco -al igual que otros seis estados del país-… y otra muy diferente que sus habitantes puedan volver a la antigua normalidad, despreocupados, felices de la vida, y comportarse como si el virus del COVID-19, como por arte de magia, ya hubiera desaparecido o ya no representara una amenaza real.

-II-

Que -permítase la analogía- muchos pollos hayan decidido salirse del huacal o estén en vías de hacerlo so pretexto de las vacaciones de Semana Santa, se comprende; se explica. Más aún: se vale…

El hartazgo derivado del confinamiento es natural; es comprensible. Además, un gran porcentaje de la población ha aprendido a vivir según las pautas de la llamada “nueva normalidad”: limita las salidas, usa el cubre-bocas en espacios públicos, evita hacinamientos y tumultos, respeta la “sana distancia”, concurre a lugares en que se aplican los protocolos de higiene dispuestos en todo el mundo. Sabe que el riesgo existe, pero entiende que, actuando así, viviendo así, reduce al mínimo las posibilidades de contagio.

Las autoridades, por lo demás, no han emitido ninguna señal de que la luz verde del semáforo epidemiológico equivale a decretar el proverbial “¡Viva la Pepa!”. Ha permitido, sí, el relajamiento de muchas medidas y la reanudación de muchas actividades que debieron cancelarse a raíz de la pandemia. Ha aprobado, por ejemplo, el retorno -gradual y con normas estrictas de aplicación obligatoria- a las clases presenciales en algunas escuelas, así como la reapertura de gimnasios, etc. En cambio, ha establecido limitaciones de aforos y horarios en playas, bares y restaurantes; mantiene restricciones para el uso de plazas, parques y otros espacios públicos; con la plena anuencia de las autoridades eclesiásticas, ha cancelado nuevamente las ceremonias religiosas que tradicionalmente atraían multitudes en estas fechas: ritos, procesiones, dramatizaciones y similares…

Aplica, en suma, el viejo precepto de que “es bueno el desorden… pero con orden”.

-III-

Ni las autoridades en sus medidas y recomendaciones ni los ciudadanos en sus conductas han llegado a la perfección, ciertamente. Las cifras -moderadas y en declive- de contagios, hospitalizaciones y decesos, sin embargo, sugieren que unas y otros lo han hecho, en general, bastante bien…, y -moraleja del cuento- que actuar con cautela, responsabilidad y prudencia (con pies de plomo, pues) debe ser, hasta nuevo aviso, la regla suprema de la “nueva normalidad”.

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