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Miércoles, 18 de Julio 2018

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- Nuevo arzobispo

Por: Jaime García Elías

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Para eludir la maldición evangélica (“¡Hay de quien escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí!: más le valdría que le ataran al cuello una piedra de molino y lo hundieran en lo profundo del mar”), la Iglesia ha intentado, en la medida de lo posible, lavar en casa la ropa sucia.

Esa actitud no siempre ha dado los resultados apetecidos; de hecho, ha llegado a serle contraproducente. Ejemplos de ello han sido las acusaciones de abusos sexuales por parte de religiosos. A pesar de que el papa Benedicto XVI utilizó la expresión “Cero tolerancia” al aleccionar a los obispos a facilitar la intervención de las autoridades judiciales –es decir, a tratar como propias de delincuentes y no sólo de pecadores esas conductas— en los casos de que tuvieran conocimiento, su mandato, en la práctica, cayó en el vacío. En México, donde hubo varias denuncias en ese sentido, se trasladó a los clérigos acusados a otras diócesis..., pero nunca se dio el caso –según las declaraciones de las víctimas— de un proceso penal que llegara hasta sus últimas consecuencias.

-II-

Esos episodios, que se hicieron del dominio público en la medida en que muchos medios de comunicación, serios, creíbles, los documentaron, constituyeron una losa que el ahora virtual arzobispo emérito de México, Norberto Rivera Carrera, nunca consiguió quitarse de las espaldas –sólo él sabe si tampoco de la conciencia…— y deterioró la autoridad moral que tradicionalmente se otorga, en un país predominantemente católico, como México, a un jerarca eclesiástico de su rango. La discreción con que Rivera Carrera quiso manejar esos asuntos, fue, quizá, tanto o más escandalosa que el desenlace que los mismos hubieran tenido si se les hubiera dado el cauce que el Papa –en el discurso, al menos— pretendía.

-III-

Que el actual Papa, Francisco, almacenaba en su augusto pecho algunos buenos motivos de reproche para los obispos mexicanos, trascendió en su discurso de mayo del año pasado en la Catedral de México. La frase que intercaló en el texto (“Si tienen que pelearse, peléense, pero como hombres; díganselo en la cara, como hombres de Dios, que después van a rezar juntos”), fue un reproche muy notorio y muy significativo.

La designación de Carlos Aguiar Retes como nuevo Arzobispo Primado de México, por la preponderancia que éste tiene en la jerarquía eclesiástica, implica, para la Iglesia, la esperanza de recuperar algo de lo mucho que perdió en los últimos años.

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