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Jueves, 14 de Diciembre 2017

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- “Franeleros”

- “Franeleros”

- “Franeleros”

Si el Reglamento de Policía y Buen Gobierno del Municipio de Guadalajara establece (premisa mayor) que está prohibido “impedir, obstaculizar o estorbar de cualquier forma el uso de la vía pública”; si los funcionarios públicos “protestan cumplir y hacer cumplir las leyes” (premisa menor), y si es ostensible, pública, notoria y ocasionalmente hasta escandalosa la presencia de personas que de condicionar el uso de la vía pública al pago de una cuota (los nunca bien ponderados “franeleros”) han hecho su “modus vivendi”, la solución del problema (la conclusión de la premisa) cae por su propio peso: retirarlos –mediante el uso de la fuerza pública, si fuera preciso—, y sancionarlos como lo que son: infractores de la ley.

Eso, en el terreno de la teoría, es pan comido.

En el de la práctica, en cambio, para quienes cobran un salario por “hacer cumplir las leyes” (según San Lucas…) es un chayote caliente. Es ahí “donde –como dicen los elegantes— la puerca tuerce el rabo”.

-II-

Para efectos estadísticos, los “franeleros”, “cuidacarros” o “viene-viene” están clasificados en el rubro del subempleo o la informalidad. El INEGI puntualiza que, en 2015, 8.22% de la población ocupada ejercía algún subempleo, y 57.89% laboraba en la informalidad.

 De quienes a esas actividades se dedican, se ha dicho que están “en la antesala de la delincuencia”. De hecho, al haber hecho un oficio de una actividad expresamente prohibida por una norma vigente, son, cuando menos, infractores.

-III-

Las múltiples intentonas de la autoridad por erradicarlos han sido vanas. Por una parte, los “franeleros” se escudan en el argumento de que ofrecen sus servicios como lavacarros –lo cual, con bastante frecuencia, es cierto— y de que solicitan una cooperación voluntaria por cuidar los automóviles que los ciudadanos estacionan en las aceras… aunque abundan los casos –a inmediaciones de los centros de espectáculos, por ejemplo— en que tales “cooperaciones voluntarias” devienen en cuotas obligatorias, sin ninguna contraprestación a cambio, y sí la amenaza latente de dañar los vehículos cuyos propietarios no dan la propina exigida. Por la otra, las autoridades (que muchas veces se comprometen a serlo “del empleo”) les ofrecen “trabajos  estables”… con salarios notoriamente inferiores a las percepciones que ellos obtienen en la calle.

Pretender erradicarlos de cualquier manera sería, quizá, promover la delincuencia; un remedio peor que la enfermedad… De ahí que, incapaces de promover realmente el empleo, las autoridades optan por hacer lo que hacen: cerrar un ojo…

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