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Martes, 14 de Agosto 2018

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- Coaliciones

Por: Jaime García Elías

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Esa será, pues, por lo que se vislumbra, la modalidad dominante en las próximas elecciones: las coaliciones…

A partir de la premisa  del prestigio generalizado de los partidos políticos, en los que los ciudadanos ven simples agencias de colocaciones que se despedazan entre sí para arrebatarse los cargos públicos, entendidos como cómodas y generalmente bien remuneradas formas de ganarse la vida, y no, como debiera ser, como organismos que buscan el bien común a partir de un ideario pródigo en principios y valores éticos; a partir de esa premisa, decíamos, los dirigentes de partidos creyeron haber encontrado la fórmula adecuada para recuperar la credibilidad ciudadana que eventualmente tuvieron alguna vez: aliarse; designar candidatos comunes y postularlos a los cargos de elección popular, en el entendido de que, al triunfo de la causa, la sombra generosa del frondoso árbol del Presupuesto alcanzará, con creces, para cobijarlos a todos.

-II-

La fórmula de la coalición tiene propósitos eminentemente pragmáticos. Pretende, de alguna manera, desviar la atención del elector hacia la figura de los candidatos, al efecto de soslayar el historial de oportunismo, corrupción e ineficiencia que ha sido, en el ejercicio de gobierno, el común denominador de todos los partidos. Así: de todos…

Los candidatos respaldados por las coaliciones, en esas circunstancias, suelen ser personajes que en el ocasional desempeño de cargos públicos se han significado por haber cruzado el pestilente pantano de la política sin haber mancillado su plumaje. Y no necesariamente porque hayan sido prototipos de honestidad ni modelos de competencia en dichos cargos, sino simplemente porque en su historial no consta que hubieran sido protagonistas de escándalos de incompetencia, deshonestidad, corrupción o nepotismo.
-III-

Exentos, pues, hasta donde se sabe, de cola que les pisen, los candidatos de las coaliciones navegan por las campañas (o precampañas, para utilizar el tecnicismo que se les asigna en la primera etapa) con bandera de buenas personas: algo que, sin dejar de ser estimable, de ninguna manera es prenda de capacidad para desempeñar los importantes cargos para los que se postulan.

Falta, por lo tanto, pasar de los rostros y los nombres de dichos personajes, a los programas; a las propuestas de gobierno… aun en el entendido de que –como la historia demuestra con abundantes ejemplos— pocas cosas hay en esta vida, tan inconsistentes, tan efímeras, tan etéreas –puro viento al fin— y tan difíciles de transformarse en realidad, como los pregones de los merolicos… y las promesas de los políticos.
 

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