Lunes, 25 de Enero 2021

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- Pruebas de fuego

Por: Jaime García Elías

-  Pruebas de fuego

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Impactos sociales de la pandemia: mientras en la Ciudad de México se difunde a los cuatro vientos la decisión de cerrar las puertas de la Basílica de Guadalupe en las fechas en que tradicionalmente es mayor la afluencia de peregrinos, en Guadalajara se anuncia la reapertura del Estadio de las Chivas para el “Clásico” Guadalajara-América de la primera fecha de la “Liguilla”…

En ambos casos, hubo reacciones. Lo más curioso es el aparente consenso aprobatorio para el cierre de la basílica… y reprobatorio para la apertura del estadio: indicio -es mera hipótesis- de que el común de la gente ha asumido la pertinencia de las restricciones sugeridas por las autoridades sanitarias y secundadas por las civiles, al efecto de reducir los contagios y sus consecuencias, ocasionalmente funestas.

-II-

El acatamiento de los fieles a la decisión de cerrar la Basílica de Guadalupe en las fechas más cercanas al 12 de diciembre, aún está por verse. Si ya hubo aglomeraciones en torno a la iglesia de San Hipólito, en la capital, en ocasión de la fiesta de San Judas Tadeo, el pasado 28 de octubre, hay justificados temores de que la religiosidad -el guadalupanismo, para decirlo en mexicano- de millones de personas genere multitudes desafiantes de las limitaciones dispuestas por las autoridades civiles y eclesiásticas.

En el caso del estadio de las “Chivas”, las medidas que se han tomado para permitir el acceso de solo cinco mil 800 aficionados en un coso con capacidad para más de 46 mil, garantiza, prácticamente, un aforo limitado -el 12% de la capacidad del inmueble- y facilitará tanto el respeto de los protocolos que ya forman parte de la “nueva normalidad”, en el acceso, el ingreso, la ubicación y la conducta de los espectadores y el desahogo del estadio, como la supervisión de que tales medidas se cumplan estrictamente.

-III-

Vaya: la celebración del 12 de diciembre y el “Clásico” Guadalajara-América, por el interés y el entusiasmo que suscitan, serán pruebas de fuego. Denotan, por una parte, la prudencia que ha habido por parte de las autoridades: en un caso, para disponer, a contrapelo de la tradición, el cierre de la basílica; en otro, para permitir la apertura parcial del estadio.

Falta la otra parte: la sensatez y disciplina de los peregrinos -en un caso- y los aficionados -en el otro- para asumir que tanto la prohibición, allá, como las limitaciones, acá, son, si bien se ve, cuestiones de vida o muerte.

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