Martes, 21 de Abril 2026

La violencia no es espectáculo: FICG debate los límites éticos del true crime

Destacan que el documental latinoamericano, a diferencia del true crime clásico, no individualiza el problema, sino que lo aborda como un problema sistémico

Por: Nancy Andrade Jáuregui

En el Festival Internacional de Cine en Guadalajara se abordaron los desafíos de la industria para contar historias del crimen sin romantizarlo. EL INFORMADOR/J. Acosta

En el Festival Internacional de Cine en Guadalajara se abordaron los desafíos de la industria para contar historias del crimen sin romantizarlo. EL INFORMADOR/J. Acosta

En el marco de la 41.ª edición del Festival Internacional de Cine en Guadalajara (FICG), este martes se realizó la "Master Class: True Crime y narcoviolencia: desafíos y oportunidades narrativos para la industria", encabezada por el director de fotografía de cine y productor cinematográfico, Everardo González; la productora Inna Payan y la doctora, estratega de narrativa y acompañamiento de Nebula Fund, Juliana Martínez, bajo la moderación de José Nacif.

Durante la conferencia, Juliana Martínez enfatizó la trampa de convertir narrativas sobre la violencia y los feminicidios en contenidos "sexys" o incluso llegar a erotizarlas a través de los encuadres, la forma en que relatan las escenas y cómo se muestran o no los cuerpos victimizados.

"Eso lo que hace es hacer la violencia sexy, hace que mientras estamos viendo la violencia, nos sintamos a gusto, ¿no? Casi que podemos comer palomitas. Y pues yo sí creo que hay ahí, o sea, que siempre hay una relación entre la ética y la forma, y pues yo creo que eso hay que pensarlo como muy profundamente: ¿cómo qué debo y qué no debo mostrar? O si todo se debe contar o lo que se pueda contar”.

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Lo anterior se menciona en un contexto latinoamericano donde en ocasiones se ha llegado a representar en producciones audiovisuales la figura del o la criminal como una persona con un gran poder económico, que visiblemente se muestra a través de lo material.

"El narco es el personaje sexy, ¿no? Pues con todos sus carros y sus tigres y sus señoras, señoritas usualmente. Entonces yo creo que conectando esto con una manera de no contar estas historias que necesitan ser contadas, sobre todo en una región como Latinoamérica, en un país como México, como Colombia, que están profundamente marcadas por la violencia, es no caer en esas trampas" detalló Juliana Martínez.

Para Martínez es importante aclarar que el documental latinoamericano, a diferencia del true crime clásico, no individualiza el problema criminal, sino que lo aborda como un problema sistémico.

Es decir, en lugar de centrarse en el individuo agresor, se enfoca en los sistemas que provocan la violencia, como la corrupción institucional, hasta llegar al punto de entender que el victimario también es esa víctima por el sistema que lo rodea.

En lugar de centrarse en el individuo agresor, el documental latinoamericano se enfoca en los sistemas que provocan la violencia, como la corrupción institucional. EL INFORMADOR/J. Acosta
En lugar de centrarse en el individuo agresor, el documental latinoamericano se enfoca en los sistemas que provocan la violencia, como la corrupción institucional. EL INFORMADOR/J. Acosta

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En ese sentido, Everardo González compartió que la narrativa del true crime se construye partiendo de la premisa de que el sistema, aunque falle, es reparable, es decir, se confía en las instituciones.

"En cambio, nuestros documentales son muy perturbadores porque no te invitan a eso, ¿no? Lo que te generan es una sensación de zozobra porque el mal está en tu vecino también, que nuestros monstruos no son mentes criminales individuales, mayoritariamente, claro que las hay (...) no, nuestros criminales son ex policías, ex miembros de las fuerzas del orden público, que corrompen a otros organismos del orden público, que a su vez corrompen a los ministerios, a los jueces, a los gobernadores, es decir, se vuelve un problema de lo que Janatar antes decía, el mal sistémico".

Mientras que Inna Payan consideró importante preguntarse: "¿Qué pasa con las historias anónimas que son importantes y que no se están viendo?" en el sentido de las narrativas existentes como "La Mataviejitas" o "Las Poquianchis", que suelen tomar el foco de la atención del público de una manera más mediática.

"Entonces digo que un poco en la ley del mercado dice, 'Hay que hacer estas historias que son importantes, pero que además el público ya las reconoce y las quiere ver'. Pero ¿qué pasa con las otras historias anónimas que son muy importantes y que nos están viendo? Y ahí es donde tenemos ese conflicto como productores, ¿no?

“Como hacedores de temas audiovisuales, de cómo poder hacer las cosas que uno quiere hacer, las que uno quiere decir y no depender de que la plataforma te las compre, ¿no? Ya después, si te la compra, qué felicidad, pero yo creo que cuando uno está haciendo este tipo de trabajos, no tienes que estar solamente pensando en quién te lo va a comprar y por eso vas a hacer tal cosa".

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Payan adelantó que actualmente trabaja en un documental sobre los feminicidios, donde su búsqueda principal es proteger a la víctima, encontrar su voz y contar la historia desde otra perspectiva, no desde el sistema ni culpabilizando a la víctima.

"Nos importa recuperar las voces de las personas que ya no están. Y ese ha sido como trabajo, digamos, de los últimos meses de entender cómo poder contarlo desde la vida, ¿no? Y hacer también un homenaje y esa también es una forma restaurativa, digamos, el sistema está paralizado, la gente ya no confía, no hay para dónde hacerse.

Entonces, quizás este tipo de cosas, así como los libros y este tipo de documentales, se convierten en la memoria y en una memoria que recupera, que recupera las voces que ya no fueron", detalló la productora.

Cabe destacar que Everardo González e Inna Payan trabajaron juntos en el documental "La libertad del diablo" en dirección y producción respectivamente, el cual obtuvo el premio Fénix al Mejor Largometraje Documental en 2017, así como los de Mejor Fotografía Documental y Mejor Música Original, entre otros reconocimientos que incluyen el Ariel a Mejor Largometraje Documental en 2018.

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